JUEVES, 21 DE JUNIO DE 2007
¿Deuda social?

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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Arturo Damm







“La ayuda gubernamental debe usarse para potenciar el trabajo personal, lo cual no depende, no digamos exclusivamente, ni siquiera principalmente, de la ayuda gubernamental, que debe ser meramente subsidiaria. Insisto: si la superación de la pobreza dependiera exclusiva o principalmente de la ayuda gubernamental, la pobreza en México hubiera desparecido hace décadas.”


El 16 de agosto pasado, en pleno conflicto postelectoral, Calderón le señaló a los lopezobradoristas que desde el gobierno los iba a "rebasar por la izquierda" y a corregir las "terribles desigualdades" que hay en el país. En su momento señalé, uno, que el problema no es la desigualdad, es decir, la diferencia de ingresos entre ricos y pobres, sino la pobreza, entendida como la incapacidad de la gente para, por medio de un trabajo productivo, generar un ingreso suficiente. En segundo término apunté que el camino por la izquierda, que es el de la redistribución, es decir, el del gobierno quitándole a unos y dándole a otros, en el mejor de los casos alivia las peores consecuencias de la pobreza, pero sin erradicar sus causas, siendo un buen ejemplo de ello los millones de mexicanos (entre 40 y 50, según se mida) que, después de doce sexenios de redistribución, de Cárdenas a Fox, sobreviven en la pobreza. Por último apunté que el camino a seguir no es el de la derecha, sino el del liberalismo, sobre todo económico, basado en la libertad individual para trabajar, invertir, emprender, ahorrar, comerciar y consumir, y en la propiedad privada sobre los ingresos, el patrimonio y los medios de producción, libertad y propiedad que en México dejan mucho que desear, y sin las cuales no hay progreso económico que valga.

 

El pasado lunes, en Totonacapan, Veracruz, Calderón dijo que “ha llegado el momento de pagar la enorme deuda social con los mexicanos que menos tienen”, afirmación poco afortunada si lo que se busca es que los pobres sean capaces de satisfacer sus necesidades, comenzando por las básicas, no a partir de lo que, por obra y gracia de la redistribución, reciban de manos del gobierno, sino a partir del trabajo productivo que sean capaces de realizar. Y digo que la afirmación es poco afortunada, tanto por el sustantivo  - deuda -, como por el adjetivo – social –,  ya que, puesto el segundo después del primero, da la idea de que los ricos le deben algo a los pobres, débito que se liquida en la medida en la que el gobierno le quita a los primeros para darle a los segundos, lo cual, por más que les pese a los redistribuidores, no deja de ser un robo con todas las de la ley. Deuda social, ¡por favor! Pobreza, simple y llanamente.

 

Por si quedara duda de las pretensiones redistributivas de su gobierno, Calderón señaló que “tenemos que hacer un enorme esfuerzo (…), particularmente quienes más puedan aportar, para hacerlo en favor de los que menos tienen”, lo cual está muy bien, siempre y cuando esa aportación sea voluntaria, verdaderamente altruista, no impuesta por medio de los impuestos, que por algo se llaman así, impuestos, mismos que degeneran en un robo con todas las de la ley cuando el gobierno le quita a unos para darle a otros, tal y como lo vienen haciendo los gobiernos mexicanos, primero los del PRI, y luego los del PAN, desde los tiempos de Lázaro Cárdenas, con resultados que dejan mucho que desear. ¿A usted, lector, no le suena conocido el discurso pronunciado anteayer por Calderón en Totonacapan? Lo mismo, en esencia, dijeron Fox, Zedillo, Salinas de Gortari y demás expresidentes.

 

Calderón tiene claro que es el trabajo personal, y no la ayuda gubernamental, la causa verdaderamente eficiente de la superación de la pobreza, y a las pruebas me remito: “Estoy aquí – dijo el presidente -, para reafirmar mi compromiso con el Totonacapan, vengo a sumar, a sumar esfuerzos con el Gobierno (sic) estatal, con los Gobiernos (sic) municipales, sin distingo de partidos políticos, para que ustedes y sus familias mejoren sus condiciones de vida y puedan progresar con la dignidad de su trabajo”. En todo caso la ayuda gubernamental debe usarse para potenciar el trabajo personal, lo cual no depende, no digamos exclusivamente, ni siquiera principalmente, de la ayuda gubernamental, que debe ser meramente subsidiaria. Insisto: si la superación de la pobreza dependiera exclusiva o principalmente de la ayuda gubernamental, la pobreza en México hubiera desparecido hace décadas. El discurso de Calderón es muestra de que sigue presente, discurso con el cual, por aquello de la deuda social, y que aporten más los que más tienen, no deja de hacerle un guiño a la izquierda, lo cual es lógico: hoy todos los gobiernos, en la medida en la que redistribuyen, son de izquierda.

• Populismo

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