MARTES, 26 DE JUNIO DE 2007
Las ONGs

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“No dudo que haya algunas ONGs con méritos para merecer halagos, pero no comparto esa visión acrítica de grupos que, las más de las veces se han constituido en la sombra, que no exhiben la menor transparencia en sus finanzas ni en la forma en que están organizadas, y que ocultan su membresía y dirigencia.”


Otro aspecto que resultó revelador en el seminario del Wilson Center celebrado el viernes pasado en Washington, alrededor del tema del futuro de la democracia en México, fue la presentación que hizo Mariclaire Acosta con el título La Naturaleza en Evolución de las Organizaciones de la Sociedad Civil.

 

Conozco a Mariclaire hace décadas y que me consta su dedicación incansable a la defensa de los derechos humanos, de lo que ha hecho la causa central de su vida profesional. La he visto en innumerables foros defendiendo con pasión su visión de este tema.

 

Por ello no me extrañó la defensa a ultranza que hizo de las organizaciones no gubernamentales, las famosas ONGs, que según ella son las responsables de haber traído la democracia a México. Se lamentó del reducido número que tienen en nuestro país en comparación con el que alcanzan en otros.

 

No dudo que haya algunas ONGs con méritos para merecer los halagos propinados por Acosta, pero no comparto esa visión acrítica de grupos que, las más de las veces se han constituido en la sombra, que no exhiben la menor transparencia en sus finanzas ni en la forma en que están organizadas, y que ocultan su membresía y dirigencia.

 

Cuando expresé esta preocupación sobre la naturaleza poco transparente y democrática de muchas ONGs, Acosta reconoció que ese era el caso, pero lo justificó al afirmar que frecuentemente ello se debía a su origen clandestino, algo que por lo visto agranda su prestigio.

 

Acosta cantó las loas de los movimientos de izquierda y de la Teología de la Liberación que, con obispos como Sergio Méndez Arceo y Samuel Ruiz, crearon ONGs que promovieron la democracia en México y fueron grandes defensores de los derechos humanos.

 

A mi juicio, los curas de esa persuasión ideológica y los movimientos políticos por ellos alentados, no tienen nada de democráticos, salvo que definamos este término como lo utilizaba la República Democrática Alemana o lo sigue usando la República Democrática y Popular de Corea.

 

Lo que promueven buena parte de estas ONGs de izquierda dogmática, es el autoritarismo implícito en “usos y costumbres,” que condona hábitos ancestrales, la mayor de las veces aberrantes, y que son la antítesis de la democracia y de un código liberal e igualitario de respeto universal a los derechos humanos.

 

Me temo que esta visión del mundo, que resiste cambios que mucho han beneficiado a la humanidad como la globalización, y defiende reliquias de la antidemocracia como la posesión estatal y el manejo gubernamental de empresas, que tangiblemente perjudican a la sociedad, es obsoleta y causa graves daños a las causas que dice defender.

 

Es increíble cómo en nombre de la democracia y de los derechos humanos, estas ONGs defienden una visión de la historia que ha victimado a millones de seres humanos y hacen héroes de villanos, como Stalin, Mao y Fidel Castro.


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