MIÉRCOLES, 27 DE JUNIO DE 2007
El museo de economía

¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé



El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


Más artículos...
Manuel Suárez Mier
• El misterio chileno

Arturo Damm
• Capitalismo de compadres (II)

Asael Polo Hernández
• ¿Liquidar o estabilizar?

Arturo Damm
• Capitalismo de compadres (I)

Ricardo Valenzuela
• Mexicanos, ustedes no merecen ser libres

Arturo Damm
• Capitalismos

Isaac Katz
• Viejos pobres (I)


Pulsaciones...
• De la amnistía a la legalización

• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Manuel Suárez Mier







“La idea de un museo que enseñe a los jóvenes cómo funciona la economía merece el mayor encomio, sobre todo en un país donde la cultura financiera es tan baja y en el que hay una aberrante y difundida creencia en soluciones mágicas a los problemas económicos.”


En mi reciente visita a México tuve la oportunidad de visitar el Museo Interactivo de Economía (MIDE) que bajo el patrocinio del Banco de México se ubica en el esplendoroso ex-convento de Betlemitas, bellamente restaurado para lucir la grandeza arquitectónica mexicana del siglo XVIII.

 

La idea de un museo que enseñe a los jóvenes cómo funciona la economía merece el mayor encomio, sobre todo en un país donde la cultura financiera es tan baja y en el que hay una aberrante y difundida creencia en soluciones mágicas a los problemas económicos.

 

El Museo me sorprendió gratamente pues está genialmente diseñado para permitirles a sus visitantes compenetrarse con los más diversos fenómenos económicos de manera sumamente atractiva, no sólo fácilmente entendible sino muy divertida, que es la mejor forma de enseñar.

 

Por ejemplo, tiene un tablero en el que se explica cómo se mide la inflación, cuantos productos se adquieren cada mes y en que ubicaciones, así como los ponderadores –la proporción que representan en el gasto de los consumidor- que se usan para cada producto.

 

De pronto, un fenómeno difícil de explicar, se vuelve un juego en el que cada visitante le informa a una computadora cuánto gasta al mes en comida, libros, entretenimiento, etc., y dónde realiza sus compras, y así obtiene su tasa individual de inflación.

 

Otra parte del Museo explica al visitante las poco intuitivas virtudes del comercio y el principio de la ventaja comparativa, desarrollado inicialmente por David Ricardo, mostrando gráficamente cómo al país le conviene especializarse en lo que produce mejor e importar lo demás.

 

En una nación como la nuestra, en la que los conceptos mercantilistas –las exportaciones son buenas y las importaciones malas porque extinguen fuentes de trabajo, y sandeces por el estilo- están tan arraigados, persuadir a los jóvenes de las virtudes del libre comercio en forma tangible y convincente tiene enormes virtudes ciudadanas y sociales.

 

El elusivo concepto del interés compuesto y cómo el crecimiento acelerado y sostenido de un país es la clave para alcanzar una mejor situación económica para sus habitantes y para abrir oportunidades a los más pobres, es mostrada en el Museo con claras comparaciones internacionales que permiten apreciar a simple vista cómo países como Irlanda avanzan mucho más rápido que México.

 

En adición al Museo Interactivo, está en exhibición parte de la magnífica colección numismática del Banco de México mostrada de forma que realza la belleza de las extraordinarias piezas que la componen, empezando por el grano de cacao que utilizaban como moneda los aztecas.

 

Merecen un aplauso por esta iniciativa Miguel Mancera, director del Banco entre 1982 y 1997, quien adquirió Betlemitas en una condición deplorable e inició su restauración, y su actual gobernador, Guillermo Ortiz, que terminó su rehabilitación, concibió la idea del Museo y consiguió aportaciones generosas de instituciones financieras privadas para financiarlo.

 

¡Enhorabuena! Ahora hay que llenarlo de visitantes.

 

• Cultura económica

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus