LUNES, 2 DE JULIO DE 2007
La CETU y el empleo: algunos números

El PIB en todo 2019 se contrajo -0.1%. Dado que la política económica de este gobierno no cambiará, ¿cuál es su pronóstico para 2020?
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“Donde se demuestra cómo es que la CETU no sólo no lastima el empleo sino que de hecho lo impulsa y mejora su calidad. Hecha la demostración, el lector entenderá entonces que el argumento de que el nuevo impuesto "perjudica el empleo" es más bien un señuelo usado por algunos para defender otro tipo de intereses afectados por la CETU.”


Ya se ha dicho que la propuesta de la Contribución Empresarial a Tasa Única (CETU) como impuesto de control del ISR para las empresas NO perjudica al empleo, por tres mecanismos: 1. El crédito al salario, 2. El subsidio al empleo y 3. La acreditación que harán las empresas, en este impuesto, del Impuesto Sobre la Renta de terceros (asalariados), enterado y retenido.

 

Aún así hay quien asegura que la CETU perjudica al empleo, porque esto no es suficiente para compensar el hecho de que el total de los salarios pagados no es deducible en la CETU, a diferencia de lo que sucede en el ISR.

 

Veamos el caso de una empresa más o menos típica que hoy día cumple con su ISR sin recurrir a estrategias agresivas de planeación fiscal.

 

Los datos de nuestra empresa típica serían los siguientes: Respecto de  sus ingresos menos gastos de operación (que equivalen a100) tiene una erogación en salarios de 55, deprecia activos por el equivalente a 15 y paga intereses por 5. A su vez, realizó inversiones –nuevas y reposición de activos- por 34.

 

Con estos datos, ¿cuáles serían sus cálculos de ISR a pagar y de CETU a pagar, para determinar cómo le afecta la contribución de control? Es decir, si tendría que pagar más que ahora -porque la CETU le resulta mayor que el ISR– o, por el contrario, NO le afecta el nuevo impuesto de control aun cuando el monto de salarios que paga sea considerable.

 

Su ISR a pagar sería de 7, dado que: 100 menos 55 menos 15 menos 5 nos da una base gravable para el ISR de 25, respecto de la cual se aplica una tasa de ISR de 28 por ciento; a su vez tendría impuestos sobre la renta retenidos a terceros (asalariados) y enterados por 7.315, calculados a la tasa promedio de los salarios en México: 13.3 por ciento.

 

El cálculo de la CETU que le correspondería sería el siguiente: 100 menos 34 (inversiones), nos da una base gravable de 66 a la que se aplica la tasa de 19 por ciento del CETU, lo que nos da 12.54, cifra a la que se deben restar: el ISR propio pagado (7) y el ISR de terceros retenido y enterado (7.315), lo que nos deja con el siguiente resultado negativo: 12.54 menos 14.315, igual a MENOS 1.175, es decir, en mayúsculas para que no quede duda: NO PAGA UN CENTAVO DE CETU.

 

No es un ejemplo trucado ni mucho menos, ya que una empresa que paga en salarios el equivalente al 55  por ciento del total de sus ingresos brutos menos gastos de operación es bastante intensiva en mano de obra.

 

Lo que sucede, sospecho, es que la conseja de que la CETU afecta al empleo ha sido difundida por los estrategas fiscales de otro tipo de empresas, generalmente grandes corporaciones que aplican una planeación fiscal que aprovecha al máximo la erosión de la base gravable del ISR, por ejemplo en materia de deducibilidad de intereses a pagar por deudas, combinada con el mecanismo de consolidación fiscal.

 

Considérese, por ejemplo, una empresa que forma parte de un grupo y que juega el papel de disminuir a su mínima expresión la base gravable sobre la cual el grupo tributa ISR, a través de un apalancamiento exorbitante.

 

En este otro ejemplo, bajemos el pago de salarios a ser sólo el 25 por ciento de los ingresos brutos menos gastos de operación, pero elevemos el pago de intereses a 80 por ciento de los ingresos menos gastos de operación (hay varios casos similares en empresas individuales de grupos que cotizan en el mercado de valores), entonces tenemos:

 

            Ingresos menos gastos de operación: 100

            Salarios: 25

            Depreciación: 15

            Intereses: 80

 

Base gravable del ISR: NEGATIVA, no paga ISR, sólo paga 2 por ciento de impuesto al activo, respecto del valor contable de los activos. Pongamos que el valor de los activos equivale a 34 (igual que inversiones en el ejemplo), pagaría de impuesto al activo 0.68. 

 

Esa misma empresa, supongamos, ahora tiene que calcular cuánto le correspondería pagar por CETU:

 

            Ingresos menos gastos de operación: 100

            Inversiones: 34

            Base Gravable de la CETU: 66

            Menos ISR propio pagado: CERO (sería 0.68 con el impuesto al activo, pero la CETU sustituye al Impac, por lo tanto no hay ISR pagado).

            Menos ISR retenido y enterado (asalariados a una tasa promedio de 13.3 por ciento): 3.325

            CETU a pagar: 62.675

 

La pregunta, en este caso de una empresa excesivamente apalancada, es ¿sería una empresa viable sin formar parte de un grupo? La respuesta es NO. Un apalancamiento que implique un pago de intereses equivalente a 80 por ciento de los ingresos es irracional. ¿Están locos los empresarios que tienen este tipo de empresas? No, si se considera que –dentro de un grupo- la empresa perdedora sirve para disminuir la base gravable y pagar menos impuestos de los que correspondería.

 

Nótese, por cierto, que la empresa de este segundo ejemplo podría bajar su CETU a pagar ¡incrementando su nómina!, ¡empleando a más gente! Porque el ISR retenido y enterado sería mayor y, así, disminuiría el monto de la CETU a pagar.

 

Obviamente, en términos puramente económicos, y considerada como una unidad productiva aislada, esa empresa debería cerrar, quebrar por inviable, a menos que sus accionistas le aporten capital fresco –no deuda- para disminuir sus pasivos a niveles racionales.

 

Sería deseable que no se usara el empleo como señuelo para defender otro tipo de intereses afectados por la CETU… Sería deseable y más honesto, desde luego. ¿Es demasiado pedir?

• Reforma fiscal

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