Nostalgia del porvenir
Jul 17, 2007
Fernando Amerlinck

Raúl y Miguel Ángel, 10 años

No olvidaremos a Raúl ni a Miguel Ángel. Esas vidas no se perdieron en el vacío de la ineficacia o del desperdicio.

Estaba en Santander cuando apareció la noticia. ETA había sido secuestrado a un concejal del Partido Popular, de 29 años. Se llamaba Miguel Ángel Blanco. La banda terrorista amenazó con asesinarlo en dos días, si no liberaban a unos etarras presos.

 

España estaba conmocionada. Todos sabíamos que eran perfectamente capaces de cumplir su amenaza; estábamos en vilo. Nadie hablaba de otra cosa. Y claro que lo hicieron. Dos tiros en la nuca. Quedamos estupefactos. No podíamos creer que había iba a pasado lo que sabíamos que pasar.

 

Las manifestaciones públicas fueron innumerables en todo el reino. Participé en ellas con mi familia, ante el Ayuntamiento de Santander. “¡Basta ETA, basta ya!” era la consigna más cantada, entre palmas y flores blancas. “¡Queremos la paz!” Fue inolvidable. Pegamos por varios días en el coche una hoja con su retrato: “Miguel Ángel Blanco, no te olvidaremos”. Y no he olvidado a ese joven a quien no conocí sino hasta que ya no podría conocerlo.

 

Hace pocas semanas cumplió también 10 años de muerto otro joven de muy parecida edad, a quien tampoco conocí. Asesinado como Miguel Ángel, a sangre fría. También lo habían secuestrado, pero Daniel Arizmendi quería dinero. Se llamaba Raúl Nava.

 

El secuestrador, asesino, mutilador y ladrón apodado mochaorejas se parece como un clon a los terroristas vascos. Todos los asesinos acaban comiendo en el mismo plato porque en el fondo son lo mismo. Quien no respeta la vida ajena ni la libertad ajena ni la propiedad ajena ni el derecho ajeno no reconoce legitimidad en la existencia del otro o en sus derechos. Acaba siendo un etarra o un mochaorejas. Da igual.

 

España cambió. ETA siguió siendo lo que siempre había sido y siempre será (por más que un Zapatero que cobra como presidente crea que se puede negociar con ellos). No es posible ningún “diálogo” (vaya sangrona, desprestigiada palabreja) ni con secuestradores, ni con terroristas; tampoco con pejes o appos. Sólo queda aplicar el poder civilizadamente contra ellos. El poder de la ley.

 

Así lo dijo entonces el gran presidente Aznar y no lo olvido. Actuaría “sólo con la ley, pero con toda la ley” contra los asesinos. Y también dijo Aznar “desde ahora nada va a ser igual”. Tenía razón.

 

También México cambió luego de la muerte de Raúl y de la exhibición pública del secuestro como un problema que ya nadie podía negar. La delincuencia empezó a reconocerse en la prensa, en la conciencia pública, en la acción política. México Unido Contra la Delincuencia se fundó a fines de aquél 1997, gracias a que la madre de Raúl —Josefina Ricaño— y otros amigos, decidieron no quedarse simplemente con la tristeza amargándoles una impotente existencia. Allí empezó la lucha cívica —pacífica, activa, digna, exigente— por defender nuestro derecho a vivir en paz y con protección pública a nuestras libertades y patrimonio. La inédita marcha silenciosa del 29 de noviembre de 1997 preludió la innumerable de hace tres años.

 

No. No olvidaremos a Raúl ni a Miguel Ángel. Esas vidas no se perdieron en el vacío de la ineficacia o del desperdicio.

 



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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