Ideas al vuelo
Ago 10, 2007
Ricardo Medina

Slim: Claros y oscuros

No es necesario decir mentiras para reconocer el talento de Carlos Slim para los negocios. Slim no es un villano, sino alguien que supo aprovechar talentosamente un proceso de privatización mal hecho por un gobierno que NO quería fomentar la competencia, sino sólo fortalecer las finanzas públicas.

Es lamentable que la superficialidad periodística reduzca fenómenos que merecen un análisis objetivo –por ejemplo: qué falló en varios procesos de privatización de los años 90 en México- a mitos simplistas.

 

Tal es el caso de la mitología alrededor de Carlos Slim Helú.

 

Ayer Bruno Donatello desmenuzaba los errores que se cometieron en el programa de carreteras concesionadas en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y concluía: “En México los errores y las equivocaciones son huérfanos”. Tiene razón, también sucede en el caso de la privatización de Teléfonos de México.

 

A su vez, en el periódico Reforma Sergio Sarmiento emprendió ayer una defensa de Slim que falseaba, al menos, un par de hechos fundamentales: Es falso que nadie criticase en su momento el monopolio gubernamental que era Teléfonos de México –muchos lo hicimos en su momento, no a toro pasado-, y aún más importante: es falso que Telmex hubiese dejado de ser un monopolio cuando, por fin, se abrió la competencia en la telefonía de larga distancia. Sergio debe saber que esa apertura parcial tuvo efectos precarios porque persistía el monopolio de Telmex en la telefonía local, y ello le permitió a la empresa de Slim subsidiar precios muy bajos en larga distancia con tarifas altas en telefonía local; un claro caso de falsa competencia, auspiciada por una mala regulación gubernamental.

 

Tal vez Sergio recuerde el enojo que suscitó en algún directivo de Telmex el hecho de que en un noticiario de Televisión Azteca hayamos difundido una declaración del entonces subsecretario en la SCT, Javier Lozano, donde Lozano mencionó esa práctica de los subsidios cruzados. Yo sí lo recuerdo porque recibí un estruendoso y ridículo regaño por la supuesta “imprudencia” de incomodar al que tal vez era el principal anunciante de la televisora.

 

No es necesario mentir para reconocer la capacidad de Slim. Dado un escenario propicio a la obtención de altas rentas, las obtuvo. Otros más en México han tenido oportunidades similares y no tuvieron ni el talento, ni la dedicación al trabajo que ha mostrado Slim.



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El punto sobre la i

Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

Rafael Ramírez de Alba
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