LUNES, 13 DE AGOSTO DE 2007
Un análisis económico de los sindicatos

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“Es una falacia pensar que como no hay competencia perfecta, entonces sólo los sindicatos garantizan mejores salarios. No, lo único que garantizan los sindicatos es desempleo y huelgas.”


A raíz de las nefastas huelgas provocadas por el corrupto líder minero, Napoleón Gómez (en los centros mineros de Cananea, Sombrerete y Tasco), esbozaremos un sólido argumento del por qué en México los sindicatos del sector privado (de los del gobierno ni hablar, todos sabemos lo nefasto que son) no ayudan a mejorar el bienestar de los trabajadores.

 

A continuación describiremos brevemente cuál es el enfoque hoy día que el análisis económico (teoría económica) tiene sobre los sindicatos. No se preocupe amigo lector, no se trata de ninguna aburrida lección de economía. Si de plano le aburre la economía, sáltese los siguientes tres párrafos, y encontrará nuevamente una reflexión sobre la corrompida cultura sindical mexicana.

 

Hay básicamente dos enfoques de análisis económico sobre los sindicatos. Ambos parten de la siguiente premisa fundamental: Los sindicatos son agentes que tienen una función de utilidad la cual tratan de maximizar y que dependen de condiciones como el nivel de salario y el nivel de empleo. Osease, en cristiano, los sindicatos en teoría tratan de seguir una conducta que les haga sacar el mejor provecho de su causa: la defensa de sus agremiados, los trabajadores.

 

El primer enfoque recibe el nombre de modelos de acuerdos eficientes y consiste en que hay un conjunto de negociación eficiente ó curva de contrato, es decir, combinaciones de salario y nivel de empleo que mejoran la situación de ambas partes (empresa y sindicato) con respecto a la situación previa. Este tipo de modelos presupone que las empresas tienen poder de mercado (no hay competencia perfecta) y por tanto obtienen beneficios extraordinarios, lo que da pie a que haya acción negociadora sindical que mejore la situación de los trabajadores (y reduzca con ello el poder de negociación salarial de un monopolio u oligopolio). Tal vez este modelo se vea reflejado en algunos sectores de las economías anglosajonas.

 

Un segundo enfoque considera a los sindicatos como un monopolio, que controla perfectamente a sus agremiados y que puede imponer un nivel de salario ó un nivel de empleo, pero nunca ambos. Es decir, los sindicatos pueden negociar un alto nivel de salario, pero esto se hará a costa de que la empresa reduzca su platilla laboral y/o deje de contratar a más trabajadores. Puede ser al revés también. El sindicato puede imponer una determinada cantidad de empleo, pero entonces no controlará el nivel salarial. Al final de cuentas, y dado que la demanda de trabajo es muy atomizada, lo más probable es que el sindicato y la empresa acaben negociando acuerdos salariales, pero a costa del empleo. Este último enfoque es el que con más realismo se aplica a las economías subdesarrolladas (y a algunas desarrolladas) como la mexicana.

 

Quien esto escribe se inclina por el segundo enfoque, pues la evidencia empírica es más abundante. Los sindicatos no son más que un tipo de cártel, es decir, un grupo de personas que se unen para ponerse de acuerdo sobre un precio, en este caso ese precio es el salario. Cuando los sindicatos suben los salarios por encima del nivel que estaría vigente en los mercados competitivos, reducen la cantidad de trabajo demandada por las empresas, lo que provoca que varios trabajadores queden desempleados, lo que a su vez incide en una baja de salarios en otros sectores de la economía (los desempleados llegan a estar dispuestos a emplearse por salarios menores). Esto significa que los sindicatos han provocado una asignación ineficiente del factor trabajo (los trabajadores), y es ineficiente porque los elevados salarios del sector sindicalizado reducen el empleo por debajo del nivel eficiente y competitivo. Hay por tanto inequidad, pues unos trabajadores se benefician a costa de otros.

 

Sólo hay que ver a países como Francia, en el que alrededor del 80% de la fuerza de trabajo pertenece a un sindicato, lo que ha traído como consecuencia que ese país tenga tasas de desempleo que rondan los dos dígitos y los salarios de los trabajadores sindicalizados respecto de los no sindicalizados son muy superiores (lo que viola un elemental principio de equidad económica). Las huelgas y el desempleo en ese país están a la orden del día. En países como EU, aunque también hay sindicatos poderosos (siempre en sectores cerrados a la competencia extranjera), lo cierto es que menos del 20% de la fuerza de trabajo está sindicalizada, por lo que EU goza de mayor oferta de empleo (menor tasa de desempleo, inferior al 5%) y mayores salarios. Es decir, es una falacia pensar que como no hay competencia perfecta, entonces sólo los sindicatos garantizan mejores salarios. No, lo único que garantizan los sindicatos es desempleo y huelgas.

 

Pero en México el asunto es peor. Prácticamente en todos los sindicatos (privados y del gobierno) hay corrupción y prevalece un clima antidemocrático (le doy un dato amigo lector, el líder del sindicato de los trabajadores telefonistas -empresa privada- lleva al frente del mismo 35 años!!). La razón es sencilla: el estatismo que prevaleció en México durante cerca de 70 años (que se empezó a corregir en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari).

 

La propiedad estatal de Ferrocarriles, Teléfonos, bancos, empresas mineras, líneas aéreas, así como diversas industrias, sólo ocasionó que también surgieran grandes monstruos sindicales, coludidos con el corporativismo priísta de la época, que garantizaba que se diera una perfecta colusión entre el poder político y el sindical: Resultado: sindicatos corrompidos y líderes sindicales vitalicios. Luego, al ser privatizadas estas empresas (algunas se privatizaron y luego regresaron de nuevo al gobierno, como el caso de algunas líneas aéreas), los incentivos de los propietarios cambiaron, mas no así la de los sindicatos. Ahí está el caso minero. Napoleón Gómez (que de minero no tiene nada, pues es doctor en economía) heredó el puesto de su padre, quien estuvo toda su vida al frente del sindicato minero. Hoy Grupo México es rentable, pero los principales beneficiados no han sido los trabajadores agremiados al sindicato, sino su líder, Gómez Urrutia, quien posee varias cuentas en el extranjero.

 

El sindicato de la línea aérea Mexicana de Aviación, también pretende mantener privilegios por arriba del que prevalecen en las líneas aéreas de bajo costo, en las cuáles los empleados están bien pagados, pero no por encima de su productividad como en Mexicana, quien sin duda se irá a la banca rota.

 

En el futbol mexicano algunos quisieran que haya sindicatos, pero esto sólo ocasionaría pérdidas millonarias (habría huelgas). ¿Por qué los futbolistas están bien pagados en relación a otros mercados? Sencillo: es un mercado abierto al mundo, y donde en vez de líderes sindicales, hay representantes profesionales de los jugadores, los cuales conocen bien el mercado, y si su representado tiene talento, logran grandes salarios para el mismo (hay que aclarar que un buen futbolista siempre ganará más que un maestro, y no porque sea una mejor persona, simple y sencillamente porque la disposición a pagar de la gente será siempre mayor para el futbolista que para un maestro). Este es un ejemplo de cómo un arreglo individual puede ser mejor que la negociación colectiva forzosa.

 

En México, la Ley Federal del Trabajo ha sin duda incentivado la aparición de sindicatos corruptos, pues la famosa contratación colectiva de trabajo, además de violar la libertad individual de trabajar, sólo ha causado que los beneficiarios sean los corruptos y millonarios líderes sindicales.

 

La única manera para dejar de ser prisioneros de los sindicatos es, uno, cambiar la Ley Federal del Trabajo, dos, obligar a los sindicatos a ser democráticos y a rendir cuentas a sus agremiados; es hora de acabar con la cultura sindical priísta, y, tres, abrir más agresivamente los mercados para que los oligopolios y sus respectivos sindicatos dejen de tener poder por encima de los intereses de los consumidores, que somos todos. No hay de otra.

 

Comentario al margen

 

No entendemos la execrable política exterior que está desarrollando el Presidente Calderón. Ahora resulta que hay que acercarse diplomáticamente a Cuba y Venezuela. ¿Cuándo viene a México Hugo Chávez? Parece que el Presidente Calderón no entiende que una cosa es mantener relaciones de paz y respeto con gobiernos democráticos (de derecha y de izquierda) y otra, muy distinta, mantener relaciones con tiranos, déspotas y dictadores al estilo de Fidel Castro y Hugo Chávez. Ya escribiremos más adelante sobre este particular.

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