MIÉRCOLES, 15 DE AGOSTO DE 2007
Bridges, not walls

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Edgar Piña







“Es el sentimiento, la conciencia, de una tremenda responsabilidad al tener que argumentar en un idioma que no es el mío las razones que existen para que las dos naciones trabajemos juntos en la construcción de puentes no de muros.”


En un ambiente que no debe de ser muy diferente al que existía hace doscientos años en la época de Thomas Jefferson, aquí en la colonial ciudad de Williamsburg, Virginia, más de 200 libertarios convocados por la International Society for Individual Liberty,  efectuamos la Conferencia Internacional anual número 26.


Con un lema que se puede traducir en algo así como “la refundación de América”, hasta el momento de escribir este reporte la temática de esta reunión cumbre ha girado principalmente en torno a los hechos históricos que constituyen los cimientos de este gran país admirado por muchos, odiado a muerte por otros e incomprendido totalmente por muchos otros.


Aquí en la Virginia de Sir Walter Raleigh efectivamente no existe la esclavitud. Fue abolida después de la Guerra Civil en 1865 por el presidente Abraham Lincoln, sin embargo la intención del hotel donde nos hospedamos de reproducir el ambiente del siglo diecisiete no deja de perturbarme cada vez que veo a los meseros de color moreno intenso vestidos a la usanza de los años 1600.

Su comedimiento y gentileza con los huéspedes me parecen no como producto del entrenamiento de un hotel de primera, que sí lo es, sino como la conducta apropiada de un esclavo ante los amos. Ignoro si los demás huéspedes del hotel sentirán lo mismo que yo, pero es una sensación que no me abandona, aun cuando estoy seguro que estos empleados tienen un buen sueldo, un seguro social que los protege ahora y los protegerá por siempre y derechos civiles que ya quisiéramos con toda el alma la mayoría de los mexicanos.


Dentro de unas horas le toca el turno de exposición al único representante de México en esta Conferencia, es decir, al autor de esta nota y lo haré invadido por otra sensación que tampoco me ha abandonado desde que supe que, por razones circunstanciales, sería el único latinoamericano programado para tomar el micrófono.


Es el sentimiento, la conciencia, de una tremenda responsabilidad al tener que argumentar en un idioma que no es el mío las razones que existen para que las dos naciones trabajemos juntos en la construcción de puentes no de muros.


Aquí en Williamsburg, muy cerca de Washington, D.C., la sede del imperio llamado Estados Unidos de América, hablaré ante una audiencia exigente y crítica  sobre la urgencia de diseñar una agenda de cooperación entre este país y el mío en la que se incluya la construcción de puertas no murallas, conexiones no abismos, vías de comunicación no zonas de cacería de seres humanos.

• Migración

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