Jaque Mate
Ago 23, 2007
Sergio Sarmiento

Informe y diálogo

Los legisladores del PRD no quieren debatir con el presidente, porque esto sería equivalente a reconocer su legitimidad. Han sentenciado así que el primero de septiembre no será un día usual para el presidente. ¿Quién gana con esta confrontación? No los mexicanos. Cuando los políticos se niegan a hablar entre sí, cierran las puertas a un avance para el país.

Lo ideal sería encontrar un formato del informe que fuera satisfactorio para todos: tanto para quienes se encuentran en el poder como para quienes están fuera pero aspiran llegar a él.

 

Durante años fueron los gobiernos del PRI los que tuvieron que enfrentarse a las interpelaciones y los cuestionamientos de los partidos de oposición. En los últimos seis años le tocó el problema al presidente panista Vicente Fox, a quien finalmente el PRD le impidió entrar al pleno del Palacio Legislativo el 1 de septiembre de 2006 para rendir su último informe de gobierno. En el pasillo de entrada al pleno tuvo que entregar su informe escrito al presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados. Los diputados y senadores del PRD festejaron este hecho como un triunfo.

 

Hoy hemos visto una nueva discusión entre los legisladores acerca de lo que puede pasar este próximo 1 de septiembre. El presidente Calderón ha señalado que, al contrario de los anteriores presidentes, él sí está dispuesto no sólo a escuchar las posiciones de los partidos políticos sino a discutir con los legisladores. Los legisladores panistas han propuesto, de hecho, la realización de una sesión extraordinaria para modificar la Ley Orgánica del Congreso de la Unión y permitir el debate. Pero tanto el PRD como el PRI han rechazado convocar a una sesión extraordinaria para este propósito en particular.

 

Yo soy de los que piensan que el viejo formato del informe está rebasado. Hay que renovar la ceremonia, por supuesto, pero no tiene sentido hacerla desaparecer. En todos los países del mundo hay algún acto formal similar que hace que el jefe del poder ejecutivo se presente ante el parlamento y ante la nación para hablar de sus logros y fracasos, y para proponer sus metas y objetivos para los tiempos venideros. También en las entidades de nuestra federación nuestro país hay ceremonias similares.

 

En el Distrito Federal, el jefe de gobierno perredista, Marcelo Ebrard, no sólo tendrá su ceremonia de informe como siempre el próximo mes de septiembre sino que se ha modificado su formato para facilitar el debate. La iniciativa capitalina fue aprobada unánimemente en la Asamblea Legislativa. Todos los partidos entienden la necesidad de contar con una ceremonia digna.

 

No ocurre lo mismo, desafortunadamente, a nivel federal. Los legisladores del PRD no quieren debatir con el presidente, porque esto sería equivalente a reconocer su legitimidad. Han sentenciado así que el primero de septiembre no será un día usual para el presidente.

 

¿Quién gana con esta confrontación? No los mexicanos. A los ciudadanos nos conviene tener un Congreso que pueda trabajar con el Poder Ejecutivo. La experiencia en otros países, como España o Chile, nos señala que para que un país pueda progresar es necesario que los grupos políticos puedan negociar y llegar a acuerdos. Si los políticos se niegan a hablar entre sí, están cerrando las puertas a un avance para el país.



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