El Econoclasta
Ago 24, 2007
Isaac Katz

“El México que tú quieres...

La opinión que los mexicanos tenemos de los políticos, incluidos obviamente los diputados, es la peor de entre todos sobre aquellos de quienes se pide una opinión. Con los diputados que tenemos, el México que todos queremos seguirá siendo un sueño.

... es el México que todos queremos”. Cámara de Diputados.

 

O los diputados son unos cínicos o los publicistas creen que los mexicanos somos idiotas. La opinión que los mexicanos tenemos de los políticos, incluidos obviamente los diputados, es la peor de entre todos sobre aquellos de quienes se pide una opinión. Están inclusive por debajo de las policías, a quienes de por sí se les califica realmente mal por ineficientes y corruptos. Que los diputados y/o sus publicistas se atrevan siquiera a decir que realmente están preocupados por el porvenir de México es una verdadera burla. Desde que tomaron posesión de su cargo hace casi un año, lo único que prácticamente han hecho es nada; se la han pasado en la pura grilla barata mientras el país está prácticamente parado, viendo cómo el resto del mundo nos va ganando posiciones en casi todo: crecimiento económico, competitividad de las empresas, aumento de los salarios reales y del bienestar de la población, participación en los flujos de comercio internacional y de inversión extranjera directa, cambio tecnológico, etcétera. Si los diputados y sus acompañantes, los senadores, estuviesen realmente preocupados por México, el México que todos queremos, estarían haciendo una profunda revisión del marco legal que tenemos, uno que no define eficientemente los derechos privados de propiedad, uno que es ineficiente y por lo mismo oneroso, uno que no promueve que los mercados sean competitivos, uno que promueve la búsqueda de rentas en lugar de promover la generación de riqueza, uno que provee incentivos perversos y no alineados con el objetivo de desarrollo económico, uno que evita que se reduzcan los costos de transacción en la economía; en fin, un marco legal que nos mantiene como país en la mediocridad.

 

Pero no; en lugar de estar haciendo el trabajo por el cual los mexicanos les pagamos, sacrificando una parte de nuestro consumo, los diputados, si es que se dignan asistir a las sesiones de trabajo en las diferentes comisiones o inclusive en las sesiones plenarias, se la pasan discutiendo sandeces, como por ejemplo si Felipe Calderón es o no presidente de la República o si se le dejará asistir a rendir su informe.

 

Es claro que el arreglo institucional bajo el cual se eligen a los diputados y senadores, así como el que rige su trabajo es ineficiente y por lo mismo requiere ser modificado. Necesitamos una reforma política y electoral profunda que obligue a los partidos políticos y a los legisladores a rendirle cuentas a la población y que ésta tenga a su disposición los mecanismos para castigarlos en lo individual cuando hagan mal su trabajo (y premiarlos cuando lo hagan bien). Urge recortarle a los partidos la insultante cantidad de recursos públicos que reciben para su financiamiento y urge establecer la reelección inmediata. Permanecer con el marco actual implica que la labor de los legisladores seguirá siendo inocua, a menos que se pongan imaginativos y entonces su labor resulte dañina. Con los diputados que tenemos, el México que todos queremos seguirá siendo un sueño.



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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