MIÉRCOLES, 29 DE AGOSTO DE 2007
Cuestión de raíces

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Edgar Piña







“El interés en E.U. por saber más de lo que está pasando al sur del Río Grande, me indica la pertinencia del mensaje que consiste en resolver nuestros problemas mutuos de migración, comercio, seguridad y narcotráfico de un modo abierto, franco, de vecinos que se necesitan y que deben de comunicarse y no darse la espalda.”


“A su derecha tienen ustedes la Biblioteca John D. Rockefeller Jr., donde se cuenta con una colección exhaustiva de documentos de los primeros años de la Independencia de nuestro país”, dice una grabación en el autobús que recorre el circuito de la ciudad colonial de Williamsburg, en el estado de Virginia aquí en los Estados Unidos de América.

 

“Los invito, continúa, a que se trasladen atrás en el tiempo y vivan la experiencia de conocer las ideas y sueños de aquella  gente en las vísperas de la Revolución de Independencia. Tome parte en el proceso de definición de los valores y creencias que empezó aquí en Williamsburg, hace más de 200 años, y continúa hasta nuestros días”.

 

En otra parte del recorrido la grabación reinicia y dice que cerca de la ciudad museo de Williamsburg, se encuentra Jamestown, lugar del primer asentamiento inglés en América. El motivo de su fundación lo fue la búsqueda de ganancias y la responsabilidad de esa búsqueda recaía en la London Virginia Company.

 

Ante esta información la reacción inmediata de cualquier latinoamericano consiste en hacer las odiosas -¿para quién?- comparaciones. Que si Jamestown y La Villa Rica de la Veracruz; que si John Smith y Hernán Cortés; que si Pocahontas y La Malinche; que si Mister Jefferson y don Miguel Hidalgo.

 

Pero en eso estaba en mis reflexiones cuando el sonido indica que la próxima parada será el precioso hotel donde me hospedo y en donde un día después me toca exponer un candente tema en la Conferencia Anual Vigésima Sexta de la Sociedad Internacional para la Libertad Individual.

 

Así ante un auditorio de más de doscientas personas de todas partes del mundo, la mayoría de ellas norteamericanas, mi discurso habría de ser claro, realista, sincero, directo, documentado, reflexionado y, sobre todo, bien practicado. La reacción del auditorio -aun después de interesantes y excelentemente bien expuestas participaciones de experimentados conferencistas-, fue de interés y asentimiento a la mayoría de las ideas y las propuestas.

 

El interés de los conferencistas y asistentes por saber más de lo que está pasando al sur del Río Grande, me indica la pertinencia del mensaje que consiste en resolver nuestros problemas mutuos de migración, comercio, seguridad y narcotráfico de un modo abierto, franco, de vecinos que se necesitan y que deben de comunicarse y no darse la espalda; de socios que necesitan convenir las reglas del desarrollo y el comercio no enemigos .que polemizan y terminan uno  balanceando al otro o por lo menos poniéndole las esposas para después deportarlo.

 

Ya después por la noche en el jardín del hotel las reflexiones me llevan a tratar de razonar en dónde están las causas, las circunstancias, las afinidades –si las hubiera- y las diferencias explican el porqué somos tan distantes un país del otro.

 

Cuestión de raíces, me digo, al tiempo que me despido con una mirada en paneo de la arboleda que rodea al hotel y que con mucha seguridad no ha cambiado mucho de cuando un colono inglés y una niña Powhatan se encontraron en la rivera del río James.


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