VIERNES, 31 DE AGOSTO DE 2007
La reforma de los incompetentes

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“No tiene ninguna justificación decente la supuesta reforma electoral que se pretende hacer.”


Mientras la propuesta de reforma fiscal ha sido ampliamente discutida, incluso por muchos que ni siquiera pertenecen al universo de los 7 millones 637 mil mexicanos que presentamos –o estamos obligados a hacerlo- declaración de impuestos, parece inminente una reforma electoral pactada en sigilo por unos cuantos, como si fuese una celada que nos han tendido a 73 millones 76 mil cinco mexicanos que estamos en el listado nominal de electores.

 

No voy a caer en el mismo error de los políticos, que pretenden poseer la exorbitante capacidad de interpretar lo que deseamos los electores y después nos imponen cambios inconsultos. No, yo no sé qué piensan más de 73 millones de electores. Sé lo que opinamos unos cuantos, apenas un puñado, y sé que la pretendida reforma electoral que se ha cocinado nada tiene que ver con nuestras apreciaciones acerca de lo que hay que conservar y lo que hay que cambiar en nuestro sistema electoral.

 

Contamos con un magnífico sistema electoral diseñado laboriosamente a lo largo de muchos años que garantiza –hasta donde es humanamente posible- elecciones federales confiables, resultados ciertos de las mismas y pesos y contrapesos que evitan fraudes o imposiciones contrarias a la voluntad de los electores. ¡No lo toquen!

 

En cambio, padecemos un sistema de partidos caro, excluyente, con escasísima transparencia, que se ha convertido en mina de oro para políticos y para algunos medios de comunicación que reciben multimillonarias cantidades de dinero público para infligirnos, a los ciudadanos, propaganda inútil en busca de votos.

 

Este problema ni siquiera se toca con seriedad en la pretendida reforma.

 

Tampoco se toca el asunto de los diputados y senadores de representación proporcional que llegan al Congreso NO por nuestro voto directo, sino por voluntad de las dirigencias partidistas. Mucho menos se aborda el grave problema que representa la no reelección inmediata de los legisladores y que impide que los ciudadanos sancionemos –con el voto- su desempeño. Y ni hablar del derecho a ser votado al margen de los partidos.

 

Más que reforma electoral parece una majadería que avanza incontenible.

 

Está bien que paguemos impuestos hasta para darles alguna ocupación a los incompetentes, pero éstos, que son incapaces de ganarse la vida de otra forma que no sea la política mezquina, se pasan de la raya.

• Reforma del Estado

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