MIÉRCOLES, 26 DE SEPTIEMBRE DE 2007
“¡Queremos más precios mentirosos!”

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“¿Qué porcentaje de los recursos públicos queremos que se destine a obras de infraestructura y qué porcentaje queremos que se gaste en afeites, maquillaje, disfraces y cremas “anti-edad”?”


La buena economía siempre lleva malas noticias a los románticos que se dicen de izquierda. La buena economía parte de un hecho brutal y poco comedido con nuestros deseos, pero no por ello menos real: la escasez. Si algunos políticos “progre” llenecitos de buenas y verdes intenciones decidieron en Estados Unidos subsidiar la producción de etanol a partir del maíz, más temprano que tarde ello repercute en precios más altos para el propio maíz, las tortillas, y, en cadena, para el trigo –bien sustituto– y el pan, para el sorgo, para el huevo, para la carne (gallinas, vacas y cerdos también comen)… Se llama “pendiente negativa de la curva de la demanda” (Gary Becker) y es una ley tan férrea como la ley de la gravedad.

 

Pero a los “progres” les encanta el arte teatral –de ahí viene, de los teatros franceses en el siglo XVIII, la palabra maquillaje- y consideran que la tarea de los gobiernos no es reconocer la realidad, sino eludirla con el maquillaje.

 

En estos días nuestros próceres locales del pensamiento “progre” han mostrado su frívola afición no sólo por las revistillas de la ilusión envidiosa –que por lo visto son su mejor fuente de información-, sino por los afeites y el maquillaje. No les parece mal que el precio de la gasolina sea mentiroso en México, sino que deje de serlo; lo mismo el precio del agua, el de los boletos del Metro, el de la energía eléctrica, el del maíz o el del trigo. Los negociantes piden precios mentirosos para el gas natural; los charlatanes ofrecen mentirosos “seguros” para desempleados; los de la televisión lamentan que se les acaben las facturas por propaganda electoral (la venta de los otros productos “milagro” de maquillaje y ornato a cargo de partidos y candidatos), mientras que los legisladores saborean los millones que, en un juego de manos que llaman reforma electoral (un poco de colorete para disimular las verrugas), les quitaron a los de la tele.

 

Vivan los precios mentirosos. ¿Querían un mundo de ensueño? No hay problema, se los dibujo. Eso es la política progresista: Arte de modistillas y de peinadoras de salón.


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