MIÉRCOLES, 3 DE OCTUBRE DE 2007
Paradojas de otoño

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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Esta época del año, donde iniciamos el cierre y nos empezamos a preparar para el fin de un ciclo, siempre conlleva ironías, surrealismo, el cambio de paisaje, nostalgia, y hasta paradoja. En el campo de la economía política nacional, este otoño ha iniciado con unas verdaderas joyitas.”


Esta época del año, donde iniciamos el cierre y nos empezamos a preparar para el fin de un ciclo, siempre conlleva ironías, surrealismo, el cambio de paisaje, nostalgia, y hasta paradoja. En el campo de la economía política nacional, este otoño ha iniciado con unas verdaderas joyitas.

 

Se habla de una reforma energética. De hecho, es un tema de debate desde hace ya varios años. Unos manifiestan, con toda razón, que la declinación probada de producción, o la creciente dependencia de los productos refinados, o el absurdo total que la paraestatal petrolera se pueda asociar con otras empresas solo fuera de nuestras fronteras nacionales, son razones que nos deberían inclinar a revisar el marco jurídico del sector para permitir la participación de inversión privada.

 

Los políticos, en su gran mayoría, se rasgan las vestiduras soberanas, hablando de la conquista petrolera, de un nacionalismo trágico y absurdo a la vez, equiparando el valor de nuestra integridad nacional con una normatividad no significativamente superior a la de Corea del Norte.

 

En el radio, los medios, se escuchan los argumentos a favor de la reforma fiscal, una reforma “para los que menos tienen,” que refleja la esquizofrenia total del gobierno de “rebasar por la izquierda” a como de lugar—y al primer mandatario regañando a un grupo de líderes empresariales bajo la premisa (proto-católica) que la riqueza de unos se debe a la pobreza de otros… y que debemos buscar curar el alma egoísta de la acción humana en el campo económico.

 

¿Será pose? ¿Será parte de un ajedrez para mantener en jaque a los dinosaurios, a los post-populistas, a los camaleones, a los bueyes de mi compadre? Ojalá. Empero, nunca nos imaginamos que un sistema de impuesto único se defendiera sobre bases distributivas, mucho menos a punta de regaños a una elite empresarial que merece lo suyo, pero por una serie de razones muy diferentes.

 

Uno de nuestros defensores solitarios, Eduardo Perez Mota, presenta los resultados de otra privatización más que ha fallado por buscar maximizar el ingreso fiscal en vez de consolidar las condiciones de competencia y competitividad del sector. Ojalá que esta idea se respete en la colocación de Aeromexico. Pero ciertamente no se está observando en los reclamos de intereses especiales que voltean sus espaldas a la propuesta de cielos abiertos, siempre, olímpicamente, ignorando lo que podrían ser grandes beneficios para el solitario y silencioso agente llamado el consumidor.

 

Mientras tanto, entre los especialistas en obsesiones digitales, se diputa si la tasa de crecimiento en la economía estadounidense será de tal o cual punto decimal—con los temores naturales de que la crisis crediticia en el mercado hipotecario pegará al sector de consumo justo antes de las elecciones presidenciales en el 2008. Ello afectaría el eventual desempeño de nuestra (ya eminentemente mediocre) tasa de crecimiento. Unos especulan que nuestro país, de hecho, necesita una fuerte sacudida para librarnos de la complacencia, y hacer lo que se necesita hacer para ser competitivos, y crecer. Será que no hay mal del cual un bien no venga.

 

Eso, u otra paradoja más de un otoño que hasta ahora es un tanto infeliz.

• Populismo

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