LUNES, 8 DE OCTUBRE DE 2007
El miércoles negro de Calderón

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Juan Pablo Roiz







“El miércoles 26 de septiembre fue un día aciago para el gobierno de Felipe Calderón. Lo peor del asunto es que en Los Pinos siguen pensando que ese fue un gran día.”


El miércoles 26 de septiembre fue un día aciago para el gobierno de Felipe Calderón. Lo peor del asunto es que en Los Pinos siguen pensando que ese fue un gran día.

 

Ese día Calderón cometió varios errores graves a la vez: 1. Puso en marcha una disposición populista sobre los precios de los energéticos que vulnera las finanzas públicas, 2. Alentó las percepciones erróneas e interesadas de sus adversarios políticos de que el país enfrenta una escalada inflacionaria, que por demás no existe, 3. Sembró los mejores incentivos para que sigamos desperdiciando gasolina y contaminando, 4. Reiteró la visión maniquea y errada de que los pobres son pobres a causa de la prosperidad de los ricos, 5. Avisó que su gobierno está dispuesto a relajar la responsabilidad fiscal en aras de ganar una fracción de popularidad en las encuestas, 6. Confirmó que sigue obsesionado por el Pejítimo y que él o sus asesores le otorgan a ese personaje de ópera bufa más relevancia de la que debería tener, 7. Dejó entrever que, como en los peores tiempos de Luis Echeverría, también en su gobierno “la economía se manejará desde Los Pinos” y 8. Puso en grave riesgo su mayor capital político: La alianza implícita con la inmensa mayoría de los gobernadores del país, una fortaleza que no se veía desde los tiempos de Carlos Salinas de Gortari, y qué podría desvanecerse de un plumazo.

 

Diversos periodistas, por ejemplo Sergio Sarmiento, han difundido la versión de que el origen de ese miércoles negro estuvo en el resultado de alguna encuesta confeccionada por los asesores del Presidente que mostraba el declive de un par de puntos en su popularidad. Podría ser, pero también las desafortunadas decisiones de ese miércoles revelan que Calderón dista de ser un liberal que cree en los precios libres y en la competencia en los  mercados y en la primacía de las libertades individuales y más bien se acerca a los social-demócratas salpicados de agua bendita, adoradores del Estado y creyentes de que los líderes políticos están aquí para redimirnos aunque nosotros no deseemos ser redimidos.

           

Unos cuantos días antes del miércoles negro Calderón pronunció un improvisado discurso ante presuntos líderes mexicanos (desde políticos hasta futbolistas, pasando por cantantes y locutores) que en términos generales, y por desgracia, le fue muy celebrado, a pesar de que se trató de una mala pieza oratoria, salpicada de inconsistencias y elipsis desproporcionadas (como ésa de que muchas fortunas en México se han construido sobre la sangre de los miserables) y lastrada de un tufillo de autoritarismo moral –un puñado de iluminados habrá de salvar a la muchedumbre ignorante e impotente; el origen de la riqueza es la inmoralidad-, nada recomendable.

 

Algunas personas que presumen conocer desde hace tiempo a Calderón me aseguraron, entusiasmados: “Quien habló ese día fue el verdadero Felipe”. Pues si es así, ¡qué miedo y qué decepción!

 

La verdad es que no habría que hacernos muchas ilusiones. Liberal, el gobernante liberal que México demanda a gritos no lo es Felipe Calderón. Las otras opciones –el tramposo patológico que es Roberto Madrazo o el desquiciado tabasqueño de apellido López- eran peores y debemos darnos por bien servidos con el triunfo apretado de Calderón.

 

México merece algo mejor, pero sería ingenuo esperarlo de algún líder providencial y no de nuestro trabajo diario. Los políticos mientras menos estorben, mejor.

• Populismo

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