MARTES, 9 DE OCTUBRE DE 2007
La letra con libertad entra

El PIB en todo 2019 se contrajo -0.1%. Dado que la política económica de este gobierno no cambiará, ¿cuál es su pronóstico para 2020?
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El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


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“La cultura es, ha sido y siempre será lo crucial para que un país pueda aspirar a mejores posibilidades. No lo económico, no lo político, no lo de corto plazo sino lo que cambie las formas de pensar y los estados de ánimo de una nación. No conozco entonces mejor influencia civilizadora para nuestro México, que la palabra que nace de la inteligencia y la libertad.”


Sesenta años —me consta— no son pocos en la vida de un hombre. De tan viejos, los recuerdos del antepasado se agolpan en la memoria; más parecieran parte de otra existencia. En el otoño de una vida individual, lo más añoso tiene la extraña costumbre de avecinarse y permanecer.

 

Corría la primera mitad del siglo pasado. Eran entonces más recientes Madero y la revolución, que 1968 para quien nace hoy. La II Guerra era sangre fresca y Mao no había tomado el poder; Miguel Alemán estaba por ceñirse la banda, había impuestos razonables, el cine mexicano era excelente, y el joven poeta Octavio Paz quizá pensaba ya El laberinto de la soledad.

 

Nacía entonces en la ciudad de México quien esto escribe. Meses después, también aquí, nacía uno que ha escrito más y mejor, y a quien mucho debo como lector, aprendiz y —lo digo sin ambages— admirador. Respondió así a una pregunta sobre el sentido de su sexagenaria existencia:

 

En esencia, me mueven tres pasiones: pasión por el pasado, pasión por hacer la crítica del poder y pasión por hacer algo por México. Quizá todo se reduzca a algo tan sencillo como eso: hacer algo por México.

 

Enrique Krauze ha dedicado su vida a hacerlo usando magníficamente aquello que distingue a la humanidad: el lenguaje; y con otra cualidad humana única, la consciencia sobre la dimensión de profundidad, de duración, de tiempo, de memoria: la historia.

 

La letra impresa es palabra que permanece. Por ello las revistas Vuelta y Letras Libres significan, para quien las tiene a la mano (ambas desde su primer número), la presencia mensual, cotidiana y duradera de la inteligencia, la apertura a las ideas mundiales, la sensatez, la calidad; claro fruto de la libertad. Si no son libres, las letras no valen gran cosa.

 

Crucial es para la palabra libre algo muy, muy, muy importante: la buena pluma. La redacción precisa. La prosa bien hecha. El dato comprobado. El rigor con los hechos. La cita puntual. La honradez intelectual. Todo ello concita una lectura de corrido, agradable, estimulante, y siempre provechosa. Octavio Paz fue germen de ese esfuerzo. Su discípulo Krauze ha seguido aglutinando a las mejores mentes y pensadores, no sólo de este país. Desde la periferia cultural del mundo, esa obra es de clase mundial.

 

Nunca prevé un autor el impacto de su escrito. El sembrador a cielo abierto no sabe qué semilla germinará y cuál se secará al sol. Es destino inexorable del intelectual no saber si lo que dice será escuchado y aprovechado por alguien. Por eso hoy, desde la compartida visión sexagenaria de dos disparejamente provechosas existencias, agradezco el esfuerzo de los Paz, los Krauze, los Zaid, los Vargas Llosa y tantos más, con quienes casi nunca he cruzado mis caminos, pero de quienes he recibido beneficios a carretonadas.

 

Tuve, sí, el privilegio de que Octavio Paz me escribiera llamándome amigo; fui muy cercano a quien también se ha ido, y que mantuvo una estrecha amistad con Paz: Ikram Antaki. México ha perdido esas dos grandísimas luces, pero siguen brillando sus artículos y libros, producto siempre de la libertad, el talento, la cultura, y el amor.

 

Para un país o para un tango (no para una persona) sesenta años no es nada, porque la palabra permanece, y los países sobreviven a sus hijos. Por ello hay que agradecer a Letras Libres y a su director, lo que hacen por este país y por su gente. La cultura es, ha sido y siempre será lo crucial para que un país pueda aspirar a mejores posibilidades. No lo económico, no lo político, no lo de corto plazo sino lo que cambie las formas de pensar y los estados de ánimo de una nación. No conozco entonces mejor influencia civilizadora para nuestro México, que la palabra que nace de la inteligencia y la libertad.

 

Agrego tan solo, en cuanto a hacer algo por México, criticar al poder y conocer el pasado, un “para qué”: perdonarlo. Redimirnos en ese perdón a la historia, y sólo entonces ir al futuro sin el lastre de nuestras cuentas pendientes, sin rencores hacia otros mexicanos o coraje con lo que ya pasó. Transmutar nuestros estados de ánimo destructivos —resentimiento, resignación— por la ambición de construir mejores posibilidades, y aceptar en paz lo que ya no tiene remedio. Pero sí se puede reinterpretar poderosamente el pasado para preparar un futuro distinto.


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