MIÉRCOLES, 10 DE OCTUBRE DE 2007
Cielitos lindos

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“Los argumentos en contra de cielos abiertos o cielos comerciales son similares a los que se hacían antes de la entrada en vigor de la apertura: somos demasiado débiles, la competencia nos ganará, necesitamos más infraestructura. O sea, un proteccionismo en su forma más primitiva.”


En su más reciente versión, el reporte Doing Business demuestra que los niveles de competitividad de un país dependen de una amplia, y compleja, gama de factores—desde la estabilidad de las variables macroeconómicas hasta las facilidades más mundanas para el modus operandi de la vida empresarial. Si bien nuestra economía ha ganado terreno, en gran parte gracias a los cambios en materia de legislación financiera y registro de derechos de propiedad, todavía tenemos un terreno económico repleto de piedras, chicas, grandes y a veces gigantescas.

 

Estas “piedras” (obstáculos, normatividades, trabas, trámites, mercados cerrados) son símbolos de nuestra mediocridad económica, en materia de crecimiento. Además, son un gran número, unas visibles, otras menos. A partir de las posiciones y proposiciones que se han manifestado en la industria aeronáutica, hemos presenciado que las piedras también existen a lo largo de nuestros cielos—con monopolios, controles, con tramitologías, con sentimientos proteccionistas, con todo eso que Doing Business identifica como barreras al crecimiento elevado y sostenido.

 

Nuestros cielos, a pesar de todo, no son tan lindos. ¿Habría oportunidad de pensar en cielos abiertos? Es ese, como señalaba recientemente el Premio Nóbel Robert Mundell, uno de tantos pasos que debemos tomar para consolidar la integración de mercados. Más allá de los nacionalismos aéreos, de las absurdas peticiones de estatizar los aeropuertos, la realidad es que México tiene la mesa puesta para convertirse en una plataforma logística global. Si bien se requiere una gran inversión en la materia, si bien implica abrir el actual mercado a nuevos proveedores de servicio (de carga, de pasajeros, de servicio exprés), es a la vez una realidad que varias ciudades mexicanas, desde Hermosillo hasta San Luis, por no decir el futuro aeropuerto de la Riviera Maya, tienen cualidades estratégicas para ser, o incluso superar, algunos de los puntos multi-modales más importantes del mundo.

 

Los argumentos en contra de cielos abiertos o cielos comerciales son similares a los que se hacían antes de la entrada en vigor de la apertura—somos demasiado débiles, la competencia nos ganará, necesitamos más infraestructura. O sea, un proteccionismo en su forma más primitiva. Faltaría decir que llueve mucho, que no servirán enchiladas durante los trayectos, que somos demasiado ratoncitos para pensar en grande, para hacerle honor a esa gran melodía mexicana.

 

Aun así, la estructura de costos en las aerolíneas mexicanas les da, por lo menos al arranque de una transición gradual hacia la competencia, una ventaja inicial, sobre todo en mano de obra. La integración, como en otros mercados, permite racionalizar operaciones, y en este caso, aprovechar las ventajas de una posición geo-económica privilegiada. Pero el gran ganador sería el consumidor, desde el pasajero cotidiano, hasta aquel que labora dentro de una cadena productiva integrada. Los precios tenderían a caer, a estabilizarse—aun cuando el precio mexicano de carga aérea representa el doble de lo que cuesta, como porcentaje del valor transportado, en países de la OCDE. Ya se conoce la anécdota típica, con pasajeros, que un boleto de avión a un punto tan sólo a 30 minutos de distancia en un vuelo comercial, puede costar más que un boleto a otro punto a 30 horas de distancia.

 

Donde no hay competencia, hay incompetencia—aquí, arriba, en todos lados, y en todos los sectores.

• Mercantilismo / Proteccionismo

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