JUEVES, 18 DE OCTUBRE DE 2007
¿Es el “social-cristianismo” precursor del populismo?

¿Usted cree que con la reciente disminución de la tasa objetivo del banco central se incrementará el crecimiento económico en México?
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“Rafael Caldera, destacado político demócrata-cristiano de Venezuela y presidente de ese país, sentó involuntariamente las bases para la llegada al poder de Hugo Chávez. Felipe Calderón en México, ¿está involuntariamente alimentando un futuro de autoritarismo populista?”


Es famoso el dicho de Santa Teresa de Jesús: “El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”. Algo semejante parece acontecer, al menos en América Latina, con ciertas políticas de origen social-cristiano, pletóricas de buenas intenciones justicieras, que parecen allanar el camino hacia el infierno del populismo-autoritario.

 

Por razones históricas profundas y complejas persiste en la “opinión dominante” en la Iglesia Católica –la cual es diferente que la doctrina oficial de la Iglesia- un rechazo al liberalismo en general y al liberalismo económico en particular.

 

No me corresponde discutir cuán lejos o cuán cerca puede estar esta actitud de desconfianza hacia la libertad individual de la auténtica doctrina católica y de las enseñanzas de Cristo, me limito a señalar un hecho verificable. En general, los partidos demócrata-cristianos no son liberales y parecen más cercanos –en términos doctrinales y prácticos- a ciertas manifestaciones social-demócratas, a un pretendido “centrismo” y a los recurrentes intentos de construir “terceras vías” entre capitalismo y colectivismo socialista, especialmente en su vertiente marxista o filo-marxista.

 

El socialismo implícito en los partidos demócrata cristiano y social cristiano de Chile en los años 70 del siglo pasado, por ejemplo, junto con un deficiente diseño de los mecanismos electorales, allanaron el camino para que el gobierno marxista de Salvador Allende llegase al poder por una vía formalmente democrática.

 

En Venezuela, el gobierno de Rafael Caldera –distinguido militante de la democracia cristiana y dirigente internacional de la misma- se caracterizó por su rechazo al “neoliberalismo” y por sus desastrosos resultados económicos: Inflación galopante, devaluaciones y pérdida de la competitividad. Detrás de ese desempeño lamentable hubo: Proteccionismo comercial, subsidios crecientes del Estado para determinados grupos sociales, intervencionismo del gobierno en la actividad económica, controles de precios y una deliberada participación del gobierno para corregir –con intenciones justicieras– lo que el gobierno de Caldera calificaba como excesos o errores del libre mercado. Adicionalmente, el gobierno de Caldera liberó al coronel golpista Hugo Chávez, como un gesto de conciliación social con dedicatoria a una parte de la izquierda venezolana de corte populista.

 

Todo ello, desde luego, fue el mejor caldo de cultivo para que la candidatura del “outsider” Chávez –quien falsamente se presentó ante el electorado como un líder no político, harto de los políticos convencionales, de sus corrupciones y de sus fracasos- prosperara en las elecciones.

 

Hoy en México crece la percepción de que el gobierno de Felipe Calderón está poniendo en práctica algunos de los postulados del social-cristianismo que, para algunos, se encuentran implícitos en los principios del Partido Acción Nacional desde su fundación en 1939. A esto se añade la famosa declaración de Calderón en agosto de 2006 de que su gobierno rebasaría a la izquierda por la izquierda y su machacona reiteración, desde mediados de este año 2007, en que hay que pagar la “deuda social con los que menos tienen”. Este eslogan, copiado por cierto de Chile, presupone que los mexicanos prósperos lo somos, en alguna medida, porque hemos despojado a los más pobres o –peor aún- porque hemos construido nuestra relativa bonanza “sobre la sangre y el sufrimiento” de los miserables, como el propio Calderón llegó a decir en su celebrado discurso ante algunos de los presuntos “300 líderes” de México.

 

La semana pasada, por ejemplo, el presidente anunció en Tabasco la firma de un convenio por el cual se condonaría la mitad de los adeudos de cientos de consumidores tabasqueños de energía eléctrica (se calculan en unos $3,000 millones de pesos) quienes tienen años de no pagar a la Comisión Federal de Electricidad alentados y amparados por la convocatoria de Andrés Manuel López Obrador, quien propuso ésa entre otras estrategias para protestar por el presunto fraude electoral mediante el cual Roberto Madrazo habría llegado a ser gobernador. Obviamente, el PRD ha manifestado su rechazo a este convenio porque ellos desearían que la condonación del adeudo fuese total y los descuentos en las tarifas sean de ahora en adelante aún mayores que los que promete Calderón.

 

Como lo expresó caústicamente Clotilde Hinojosa en uno de sus “dardos”: “Esos son los inconvenientes de ser populista a medias…, el populista al cien por ciento de la tienda de enfrente siempre tiene ofertas más atractivas”. No sólo eso: El populista de enfrente no tiene que cumplir sus promesas ahora porque tiene la ventaja de ser un eterno opositor.

 

Al ejemplo anterior podríamos sumar varios: La condonación de adeudos de pequeñas empresas también anunciado por el presidente, el gravísimo error de suspender el ajuste gradual ya programado en los precios de los energéticos (lo que tendrá un costo multimillonario para las finanzas públicas en lo que resta del año), el incremento del déficit de intermediación financiera a causa de otorgarle mayores recursos a la banca de desarrollo…

 

Cuidado. El mayor beneficiario de estos errores es justamente aquél a quien el presidente quiere rebasar y frenar… En la actuación del presidente se están dando cita tres fenómenos a cual más desafortunados: 1. El hecho de que su némesis sea López Obrador, lo cual sólo fortalece al loquito, 2. El hecho de que algunos de sus asesores más cercanos sigan más preocupados por ganarle en las encuestas a los seguidores de López Obrador y 3. La dichosa vertiente social-cristiana, anti-liberal, dominante en el PAN en la cual, por lo visto, Calderón se reconoce a sí mismo como auténtico panista.

• Populismo

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