Ideas al vuelo
Oct 22, 2007
Ricardo Medina

¿Creen que somos idiotas?

“El sepulturero no iba al dentista porque el dentista no le había comprado nada (aún) al sepulturero”: Ramón Mier, ridiculizando el “argumento” idiota de Telmex sobre la reciprocidad en inversión extranjera.

Uno de los hábitos más irritantes que tienen los monopolios, gubernamentales o privados, es tratar a los consumidores no sólo como rehenes, sino como retrasados mentales.

 

Hoy día en México sólo pueden ofrecer el servicio de telefonía fija empresas con capital mayoritariamente mexicano, lo cual significa que ése sigue siendo un territorio de caza prácticamente exclusivo de un gran predador. Hubo quien, con toda sensatez, propuso en el Congreso que se levantara esa restricción absurda que perjudica a los consumidores, inhibe le competencia y obstaculiza la productividad del país. De inmediato, la poderosa maquinaria de propaganda y cabildeo de Telmex se puso en marcha para evitar dicha apertura echando mano –a falta de otra cosa- de un “argumento” para retrasados mentales: La falta de reciprocidad en algunos países que tampoco permitirían –dicen- la inversión extranjera mayoritaria en telefonía fija.

 

El viernes pasado Telmex decidió dejar de utilizar tan sólo voceros indirectos –políticos, presuntos periodistas con información privilegiada, notas a modo en alguna televisora- y nada menos que el director de Alianzas Estratégicas, Comunicación y Relaciones Institucionales de la empresa, Arturo Elías Ayub, salió a repetir el mismo argumento para oligofrénicos: que están de acuerdo con la apertura siempre y cuando exista una cláusula de reciprocidad porque “no hemos podido entrar a Italia, no nos dejan entrar a España”. Y se quedó tan campante, confiando en que los consumidores mexicanos somos tan tontos que vamos a aceptar gozosos que nos digan: “Mira, como los italianos o los españoles no pueden contratar telefonía fija de Telmex, tú consumidor mexicano tampoco debes tener derecho a elegir a otros proveedores”.

 

En su bitácora en la red, Alejandro Hope desmenuza la idiotez del argumento de Telmex y, en un agudo comentario, el empresario Ramón Mier relata la parodia del sepulturero que no iba al dentista por “falta de reciprocidad”.

 

¿Qué se supone que tenemos que hacer, entonces, los consumidores mexicanos? Fastidiarnos y proponer un pequeño cambio al escudo nacional: El águila ya no devorará a la serpiente sino que hablará por teléfono y ostentará en el pecho, orgullosa, el logotipo de Telmex.

 

¿Además de esquilmados, idiotizados?



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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