LUNES, 22 DE OCTUBRE DE 2007
El ineficiente gasto educativo del gobierno

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“Las grandes innovaciones han sido fruto de llenar necesidades de consumo y no al contrario. Los países con mayores avances tecnológicos basan su investigación científica en los recursos privados. No entender esto es seguir apoyando elefantes blancos como son las universidades e institutos de investigación latinoamericanos.”


¿Por qué México, a pesar de tener ya uno de los más altos niveles de gasto en educación (respecto del PIB) de entre los países que integran la OCDE, sigue siendo un país subdesarrollado y con una baja calidad educativa?

 

Sencillo, porque la mayoría de ese gasto proviene del gobierno y no es producto de la inversión de los particulares, además de que dicho gasto está pésimamente asignado.

 

En México los políticos siguen pensando que es con mayores montos de gasto público como se alcanzarán altos niveles educativos. Este paralogismo es parecido a aquel que dice que a mayor gasto público, menor pobreza. No, falso de toda falsedad.

 

Recordemos, amigo lector, el gasto público sale de los bolsillos de los contribuyentes, así que cuando el gobierno anuncia que gastará más, lo único que significa es que por la vía de los impuestos nos quitará dinero a los particulares, por lo que los beneficios se nulifican. Lo peor es cuando además de quitarnos excedentes a los contribuyentes, el gobierno asigna estos recursos de manera ineficiente.

 

Así las cosas, en México hoy tenemos toda una burocracia académica universitaria, endémica, onerosa y muchas veces parasitaria que se expresa en universidades públicas gigantescas con altos costos operativos en donde no se puede distinguir a los buenos de los malos investigadores. Es este nivel educativo a los que los gobiernos quieren apoyar más y eso es ineficiente, pues los estudiantes de licenciatura de países como México son los más privilegiados económicamente de entre el universo total de alumnos.

 

A esto agreguémosle toda la burocracia parasitaria y onerosa incrustada en dependencias como la SEP y el CONACYT, los “administradores” de la educación y la investigación pública.

 

Por otro lado la contradicción: el nivel de educación básica (primaria y secundaria) presenta gran deterioro en su infraestructura y en los peores casos, ni lugares ni maestros adecuados tienen (hay con esos maestros que se autodenominan “luchadores sociales” y que sólo se dedican a marchar y cerrar calles en la ciudad de México; de dar clases nada -en esta tarea les ayuda el PRD). En este nivel educativo se concentra la mayoría de la población y el gasto no va dirigido a mejorar infraestructura ni a mayor capacitación de maestros, sino sólo a crear mayores plazas improductivas y, por supuesto, a más dádivas a los líderes sindicales. ¿De qué nos sorprende nuestro bajo rendimiento internacional en educación básica?

 

Resumiendo, el gobierno mexicano gasta mucho en educación pero lo hace mal; por un lado apoya onerosos presupuestos a la educación superior pública; por otro, los recursos dedicados a educación básica están mal focalizados -no llegan a los más pobres- y sí en cambio van a parar a la mafia sindical y a la burocracia educativa.

 

Un estudio muy interesante que se publicó en EU (revista Forbes) en el año 2005 (pero que sigue siendo útil y vigente) demuestra que a mayor gasto público destinado a las universidades, menor crecimiento económico. O sea, el gasto público dedicado a universidades NO es rentable.

 

A modo de resumen detallo lo más trascendental del estudio. El estudio se llevó a cabo en varios estados que integran a la unión americana entre los que se comparan estados que gastan mucho en educación superior y estados que hacen lo contrario. En el estudio se muestra que hay evidencia de que incrementar el gasto público en universidades no implica mayor prosperidad. Si se compara el crecimiento de los estados que gastan más en educación superior con el de los estados que gastan menos, el resultado es sorprendente.

 

Según registros de los 50 estados, entre 1977 y 2002, los estados que gastan menos en educación superior crecieron un promedio de 46%, mientras que los que gastaron más crecieron un promedio de 32%. En el año 2000, el ingreso promedio per cápita de los estados que gastan menos en educación fue de 32,777 dólares, mientras que en los estados que gastan más el per cápita fue de 24 mil dólares, es decir, ¡el ingreso per cápita es un 27% superior en los estados que gastan menos respecto de los que gastan más! ¿Cómo es esto posible? Hay tres razones:

 

  1. Las universidades públicas estadounidenses han preferido en la última generación invertir más en instrucción que en investigación; asimismo han decidido contratar personal no académico, dar aumentos salariales, apoyar atletas y construir infraestructura lujosa. Y, mientras el mundo de los negocios ha aprendido a arreglárselas con menos empleados, las universidades parecieran estar haciendo lo contrario. Las universidades públicas mexicanas son un excelente ejemplo de este punto, pues presentan un exceso de personal.

 

  1. Casi 40% de los inscritos no se gradúa.

 

  1. Los impuestos reducen el sector privado. La gente que paga impuestos trabaja y tiende a invertir menos y a migrar hacia zonas con tasas impositivas más bajas. En otras palabras, financiar las universidades significa transferir fondos desde el sector privado a la educación superior, que tiende a ser menos productiva y menos eficiente. O sea, tirar dinero bueno a proyectos malos. Contundente, ¿no cree amigo lector?

 

Hay otros numerosos estudios llevados a cabo por el Banco Mundial que indican que es más eficiente apoyar la educación básica que la superior, y por cierto, no sólo con más dinero, sino creando incentivos para que los docentes se superen y rindan cuentas. Ojalá alguien le informe de esto al Presidente Calderón que ya decidió, al igual que López, incrementar al pulpo burocrático que es la educación superior pública. Aún es tiempo de rectificar.

 

Se dice que en un futuro próximo, la demanda por educación superior se incrementará de manera importante. Eso es cierto. Pero ante este cambio generacional, es el sector privado el que debe hacer frente a la demanda creciente y no el gobierno, que como hemos visto ha fracasado rotundamente en brindar atención educativa con calidad. Ah, dicen otros, eso es dejarle el mercado a las universidades “patito”. Perdón, pero quien afirma esto no conoce el funcionamiento de los mercados. El mercado educativo no es distinto a otros. Es el consumidor -estudiantes y padres de familia- el que decide qué universidades son buenas y cuáles no, y no algún burócrata “iluminado” como el todavía rector De la Fuente. En EU, universidades como Princeton ó el MIT comenzaron habitando dos ó tres pisitos de un humilde inmueble, y fue el mercado quien las convirtió en unas de las mejores del orbe (con grandes instalaciones y recursos para la investigación). No nos extrañe, el mercado fue el origen de las mejores universidades estadounidenses que hoy dominan los primeros lugares en el mundo (y que no se conforman con el dudoso y mediocre lugar 74) y que, ojo, son privadas. Además, ya de entrada, el cobrar colegiaturas hace que los jóvenes tomen en cuenta su costo de oportunidad y decidan de manera más diáfana y eficiente estudiar ó no una licenciatura. ¡Por Dios! los estudios superiores no son para todos.

 

Finalmente, es preciso insistir que la investigación científica tampoco debe depender del gobierno. Eso es una terquedad y sólo genera burocracias ineficientes como el CONACYT cuyo costo supera por mucho a los beneficios obtenidos por subsidiar proyectos de investigación. Doy un dato: Si sumamos a todos los investigadores de la UNAM (institución que genera el 50% de la investigación en México y que es apoyada fuertemente por el CONACYT), éstos no representan ni la tercera parte de los que tiene la empresa privada de computación IBM. ¡Una sola empresa privada supera por mucho a todo el staff de investigadores de la mayor universidad pública de México!

 

No, la mayor investigación científica debe provenir del sector privado, y no del bolsillo de los contribuyentes. Así sucede en las economías desarrolladas. Investigadores destacados como René Drucker, insisten en el viejo modelo, el soviético, en donde el Estado “conduce” la investigación. No, eso sólo genera una investigación desfasada del mercado, es decir, de las necesidades de los consumidores. Ojo, no hay separación arbitraria entre los sectores de bienes de consumo y de bienes de capital. Los economistas que afirman eso están obsoletos en sus conocimientos. Las grandes innovaciones han sido fruto de llenar necesidades de consumo y no al contrario. Los países con mayores avances tecnológicos, insistimos, basan su investigación científica en los recursos privados. No entender esto es seguir apoyando elefantes blancos como son las universidades e institutos de investigación latinoamericanos (esos que llevan años sin ganar un premio Nóbel). Ojalá aprenda el gobierno calderonista de esta evidencia contundente.

• Educación / Capital humano

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