Mercadologics
Oct 22, 2007
Adriana Merchant

Inflacionitis

La información sobre la inflación de los primeros días de septiembre fue motivo de alarma, generando una serie de especulaciones y declaraciones, muchas de ellas infundadas, sobre los factores que influyeron en el crecimiento del índice de precios. Tampoco faltaron vaticinios aventurados sobre el impacto de la recién aprobada reforma fiscal en los precios al consumidor. Pero, ¿qué tanto se nos "desborda la inflación"?

Vaya espectáculo de los perredistas en las últimas semanas. No sé a usted, querido lector, pero a mí, además de provocarme pena ajena su circo, me irrita sobremanera su descarado cinismo; son capaces de hacer el ridículo sin pudor alguno ante las cámaras de televisión y de mentirle sin ningún cargo de conciencia hasta a sus adeptos… como si trataran con retrasados mentales. Ahora resulta que ellos, quienes siempre han despotricado contra esa maldita “obsesión neoliberal de controlar la inflación a toda costa”, son los más preocupados por la “reciente escalada de precios” (provocada según ellos por la política económica del gobierno del Presidente Calderón). Odio que la gente, quien sea, quiera aprovecharse de las personas acusando y afirmando sin aportar pruebas o sustento de lo que dicen. Creo que no hay nada que me enoje más y por eso cuando escribo o hablo siempre trato, en la medida de lo posible, de fundamentar lo que digo, porque acostumbro tratar con personas, que merecen respeto, y no con bichos despreciables.

 

Para varias personas, analistas iluminados y funcionarios del gobierno federal incluidos, la información sobre la inflación de los primeros días de septiembre fue motivo de alarma, generando una serie de especulaciones y declaraciones, muchas de ellas infundadas, sobre los factores que influyeron en el crecimiento del índice de precios. Tampoco faltaron vaticinios aventurados sobre el impacto de la recién aprobada reforma fiscal en los precios al consumidor. Pero a todo esto, ¿cuál fue la inflación de la primera quincena de septiembre? 0.62 por ciento, apenas 0.2 puntos porcentuales (pp) superior a la del mismo periodo de 2006.

 

A pesar de las especulaciones, declaraciones, augurios y hasta acusaciones que propició el relativo repunte de la inflación quincenal, el Banco de México informó que la inflación general de todo el pasado mes de septiembre fue de 0.78%, claramente inferior en 0.23 pp a la registrada en el mismo periodo del año pasado. Si uno echa la película para atrás, puede percatarse además que dicha cifra se encuentra, incluso, por debajo del promedio de la inflación septembrina de los últimos diez años (0.85%). ¿Por qué con tal evolución de los precios hay gente que quiere hacernos creer que la inflación “está desbordada” o “fuera de control”?

 

Más aún: En términos anuales, la inflación en el mes referido se ubicó en 3.79%, 0.26 pp menor a la reportada en septiembre de 2006, consecuencia, principalmente, de los menores incrementos en los precios de algunos productos agropecuarios.

 

El comunicado del banco central también revela que la evolución de la inflación general mensual en septiembre pasado puede explicarse en su mayor parte por el aumento de precios que han sufrido, por un lado, las frutas y verduras, y, por el otro lado, los servicios educativos. En el primer rubro, se observa que fue el precio del jitomate el que más creció durante septiembre (38.5%); sin embargo, el precio promedio actual de dicho bien es 15.62% menor al que tuvo el año pasado, lo que significa, en otras palabras, que a pesar del aumento mensual, ¡el jitomate es más barato que hace un año!

 

El otro factor que incidió significativamente en la inflación general mensual es, como ya se dijo, la evolución de los precios de los servicios educativos, como las colegiaturas, los cuales aumentaron un 3.37% durante septiembre pasado; aumento que resulta ¡menor que el 3.59% ocurrido en igual periodo de 2006!

 

Así, los aumentos de los precios de frutas y verduras (9.21%) más los aumentos en las colegiaturas explican el 67% de toda la inflación de septiembre, con una incidencia del 0.310 y 0.209 puntos porcentuales, respectivamente. Los aumentos programados (a los que muchas personas le echaron la culpa) a la gasolina y el gas, por ejemplo, tuvieron una incipiente incidencia de 0.052 pp en el índice de precios al consumidor.

 

¿A qué se deben estos aumentos de precios? ¿Son consecuencia de la política económica implementada por la actual administración, como afirman los perredistas y anexos? No, y no es que defienda al gobierno federal ni me interesa hacerlo, pero mi intención es hacer un análisis objetivo. La actual trayectoria de los precios es producto de dos factores claramente identificados. El primero es la estacionalidad tanto de las cosechas -ya que en septiembre suele descender la oferta de los productos agrícolas- como de la educación (por el inicio del ciclo escolar). Por eso en septiembre la inflación siempre resulta un poco más elevada en comparación con otros periodos del año.

 

Gracias a la pintoresca escena de algunos diputados que, durante la comparecencia del Secretario de Hacienda en la Cámara de Diputados, tuvieron a bien ilustrar por medio de pancartas ejemplos de los bienes cuyos precios han aumentado, los ciudadanos comprendemos mejor lo explicado en el párrafo anterior, es decir, que se trata de bienes cuyo precio depende de factores estacionales y no de decisiones de política económica del Poder Ejecutivo. De antología: Hicieron un doble ridículo al (1) pararse ahí atrás con sus cartulinas y (2) haber apoyado exactamente lo que estaba diciendo el Secretario de Hacienda.

 

El segundo factor que influyó en la inflación del mes pasado es de carácter externo: las políticas económicas de otros países, que artificialmente incentivan la producción de ciertos bienes con la intención de encontrar nuevas fuentes de combustión, han generado la escasez relativa de otros bienes, como el maíz, la soya y el trigo, por ejemplo. Lo mismo ha sucedido con los precios internacionales de algunas materias primas, fundamentales para la industria y la producción, como el acero, el cobre y el cemento. Los mexicanos comenzamos a sentir los efectos de este choque de oferta -como lo conocen los economistas- a principios de este año con el alza del precio del maíz blanco y la tortilla. Ya desde entonces, diversos analistas independientes habían previsto que las alzas de precios continuarían, principalmente en lo que a alimentos se refiere.

 

Sin embargo, los especialistas consideran que son los choques de demanda lo que más influye en la reciente evolución de los precios. Así lo hizo notar, por ejemplo, Richard Fisher, Presidente del Banco de la Reserva Federal de Dallas, quien explicó que “la principal causa de los altos precios de los alimentos a nivel internacional es el cambio inusual en los hábitos alimenticios de miles de millones de personas alrededor del mundo que ahora están saliendo de la pobreza”. Gracias a la globalización los precios de los alimentos no son todavía más altos, pero muy probablemente sí tardarán en regresar a su típica trayectoria descendiente pues “pasarán algunos años antes de que la tecnología y la inversión puedan responder con la oferta suficiente”.

 

En efecto querido lector. El aumento del precio del trigo, por ejemplo, obedece a que su demanda a nivel mundial está creciendo considerablemente: Este año, Asia y África, principalmente, han elevado sus compras de este producto a niveles récord. A su vez, las mermas en los cultivos de los principales productores mundiales, entre ellos Australia, Argentina y Estados Unidos, han provocado que se eleven los costos de las industrias vinculadas a dicho cereal, dando lugar en México al incremento en el precio del pan.

 

Así tenemos que la inflación en el rubro de alimentos se ha elevado en muchos países, ha sido un fenómeno internacional. Empero, la inflación alimentaria anual en México fue de 7.1% en agosto pasado, relativamente baja comparada con la alcanzada por otras economías.

 

En fin, analistas, productores y organismos internacionales coinciden en que la creciente demanda de alimentos de mayor valor agregado en Asia, la mayor demanda de materias primas para la producción de biocombustibles y hasta el supuesto cambio climático están presionando el alza de los precios de insumos a nivel mundial y quizá lo seguirán haciendo.

 

Estos dos factores expuestos explican la reciente evolución del índice de precios, sobre todo de aquellos bienes que conforman la canasta básica en México. Las medidas fiscales, específicamente el incremento al precio de la gasolina, que todavía no se ha dado, no pueden ser la causa de una mayor inflación. La simple y llana lógica enseña que es imposible que el efecto anteceda a la causa, como bien expresó el Profesor Damm en este mismo sitio.

 

Más todavía: la mayoría de los analistas serios del sector privado concuerda en que ni siquiera se puede asegurar que el aumento del precio de la gasolina previsto para enero de 2008, una vez en vigor, impacte negativamente la trayectoria de la inflación general de una forma significativa. La razón es que cada vez es más difícil trasladar al consumidor el aumento en los costos de producción gracias a la apertura comercial y la existencia de mercados competitivos.

 

La prueba de ello está a la vista: A mediados de noviembre del año pasado se introdujo un aumento al precio de la gasolina Premium de 0.29 pesos por litro, con la finalidad de recuperar los costos asociados a la producción e importación de este combustible, ya que un mes antes se había introducido la gasolina Premium de ultra bajo azufre para la protección ambiental, lo cual implicó un costo adicional para Pemex de aproximadamente 2,100 millones de pesos al año. De inmediato surgieron voces que pronosticaron un sobresalto inflacionario, una “merma en el poder adquisitivo de los que menos tienen”. ¿Qué pasó? La medida no tuvo ningún impacto importante en la inflación general: mientras que el precio de la gasolina Premium pasó de 7.89 pesos por litro (p/l) en octubre a 8.25 p/l en noviembre, la inflación mensual pasó de 0.72% a 0.52% en el mismo lapso, siendo la inflación de ese noviembre la menor registrada para un mes semejante desde 2001.

 

Amigo lector, que no nos vengan con cuentos: La inflación se define técnicamente como el aumento general, sostenido y disparejo de los precios de los bienes y servicios que se intercambian en una economía. No es el aumento de un precio en particular en un momento único. Se trata de un fenómeno de origen monetario (cuando hay más dinero en circulación que bienes y servicios, lo que le resta valor al primero) y no tributario. Por eso, y por la misma razón que en el caso de la gasolina, resulta muy aventurado asegurar que la entrada en vigor de las nuevas medidas tributarias, como el Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU), a partir de 2008, impacten negativamente la inflación. Cualquier pronóstico en esta materia requiere de un riguroso ejercicio analítico que considere la interacción de decenas de variables, muchas de ellas de naturaleza impredecible, por lo que aún las más cautelosas predicciones acerca de la inflación tienen un considerable margen de error. Además, es precisamente la tarea del Banco de México diseñar y aplicar la política monetaria que contribuya a mantener la estabilidad de precios y, con ello, conservar el poder adquisitivo de la moneda nacional.

 

En resumen, nos guste o no, la evolución reciente de la inflación de ninguna manera es resultado de la política económica implementada por Calderón, sino de la combinación de dos elementos: la estacionalidad -tanto de las cosechas como de la educación (por el inicio del ciclo escolar)- y la inflación internacional en el rubro de los alimentos y las materias primas; así lo demuestra contundentemente la evidencia empírica. Responsabilizar al gobierno federal sin sustento equivale a mentir a los ciudadanos, quienes confían en sus representantes. Queda claro, por otro lado, que los aumentos en los precios de algunos bienes no pueden ser consecuencia ni de incrementos en el precio de la gasolina ni de nuevas disposiciones tributarias; ninguno de los cuales ha tenido lugar.

 

Pronosticar la evolución de los precios es un ejercicio analítico que requiere sumo cuidado y suficiente sustento empírico, ya que es imposible conocer las preferencias y necesidades de millones de personas en circunstancias diferentes. Los mejores especialistas lo saben. Los otros o mienten con toda intención o de plano lo ignoran y se dedican a contagiar su ignorancia.



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