LUNES, 5 DE NOVIEMBRE DE 2007
Reforma laboral

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“A pesar de que hay varias reformas que no son atendidas en la propuesta y que son muy importantes, está en el interés de los trabajadores, aunque no de los líderes sindicales que las reformas planteadas se lleven a cabo. ¿Pasarán?”


La propuesta de reforma laboral tiene importantes elementos para hacer a este mercado más flexible y reducir el sesgo en contra del empleo de mano de obra que ahora tiene la Ley Federal del Trabajo. De aprobarse, contribuiría a incrementar la competitividad de la economía, misma que está muy mermada por la existencia de altos costos regulatorios, enorme incidencia de corrupción, la persistencia de prácticas monopólicas en varios sectores de la economía, infraestructura insuficiente y de mala calidad, prácticas comerciales proteccionistas, etcétera.

 

Hay dos elementos que destacan en la propuesta. El primero es abrir la posibilidad de que las empresas contraten trabajadores bajo un esquema de entrenamiento en el trabajo, por hora o por temporada, reforma que reduciría la rigidez que se deriva de la obligatoriedad de contratos indefinidos. La segunda propuesta que merece comentarse es la eliminación de la cláusula de exclusión sindical de los contratos colectivos de trabajo, dado que ésta le quita a los trabajadores la libertad de trabajo y de asociación, reduce el margen para que sea la propia empresa quién decida a qué trabajadores contratar y se constituye como una fuente para el enriquecimiento de los líderes sindicales que pueden vender las plazas dentro de las empresas. A pesar de la importancia de estas reformas a la legislación laboral hay otras tres, entre muchas, que no son atendidas en la propuesta y que son muy importantes.

 

Primero, dado que despedir a un trabajador es muy caro, las empresas destinan una significativa cantidad de recursos a la hora de tener que contratar trabajadores, lo que introduce un sesgo en contra de la mano de obra en la producción. Reducir estos costos es imperativo y la forma óptima de hacerlo es eliminar el pago que las empresas realizan cuando despiden a un trabajador y sustituirlo por un seguro de desempleo mediante aportaciones de los trabajadores y del gobierno. Esto, además de eliminar el mencionado sesgo, también se reflejaría en un mayor salario para los trabajadores.

 

Segundo, el reparto de utilidades parte del erróneo concepto marxista de que las utilidades de una empresa son resultado de la “explotación” de los trabajadores. Obligar a las empresas a repartir parte de las utilidades significa para el trabajador un menor flujo efectivo de ingreso mensual junto con la incertidumbre de si cuando llegue el momento del reparto éste será por un monto que, junto con lo que le pagaron durante el año laborado, equivalga a su aportación a los ingresos de la empresa, es decir el valor de su producto marginal. Eliminar el reparto significaría para el trabajador un ingreso efectivo mensual mayor

 

Tercero, es ridículo que las empresas estén obligadas a dotar de vivienda a sus trabajadores y peor hacerlo a través de una agencia gubernamental. Esta herencia de cuando la mayor parte de la población habitaba en zonas rurales y mineras ya no tiene sentido ya que para las empresas y la mayor parte de los trabajadores la aportación al INFONAVIT es visto como un impuesto al uso de mano de obra, lo que deriva en un menor empleo y también en un menor ingreso efectivo para los trabajadores, por lo que hay que eliminarla.

 

Está en el interés de los trabajadores, aunque no de los líderes sindicales que estas reformas se lleven a cabo. ¿Pasarán?

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