JUEVES, 8 DE NOVIEMBRE DE 2007
La tragedia de Campeche

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“Es una verdadera tristeza, pero cuántas veces hemos visto esto. Las muertes de los trabajadores se convierten en simples banderas de las que unos políticos u otros buscan aprovecharse.”


Veintiún vidas de trabajadores se perdieron sin que hasta el momento se entienda por qué.

 

El frente frío número cuatro golpeó la sonda de Campeche, en un momento en octubre en el que todavía había corrientes tropicales que dejaban humedad en el ambiente, lo cual ocasionó lluvias muy intensas. Pero las condiciones climatológicas adversas son una constante tanto en el golfo de México como en otras regiones petroleras del mundo. En el mar del Norte, donde se encuentran las instalaciones petroleras de la Gran Bretaña y Noruega, las tormentas son constantes y más intensas, pero no hay tragedias como la que hemos visto en la sonda de Campeche.

 

Quizá el problema es que en México no se supo actuar a tiempo. Las predicciones sobre el momento de arribo y la intensidad del frente frío fueron acertadas y oportunas. Sin embargo, el desalojo de las plataformas empezó al parecer demasiado tarde. La inclemencia ya se encontraba encima de la plataforma Usumacinta cuando su personal empezó a ser evacuado.

 

Las olas, nos cuentan los testigos, eran enormes. Algunas alcanzaban hasta 20 metros de altura. Los vientos tenían la intensidad de un huracán a pesar de no tener el sentido circulatorio de un ciclón tradicional.

 

Los trabajadores fueron embarcados en unas lanchas de evacuación llamadas mandarinas por su color característico, pero el personal que debía manejarlas no sabía cómo hacerlo. ¿Falta de adiestramiento? Por lo menos una de las mandarinas, por otra parte, se deshizo completamente ante el embate de las olas, lo que nos obliga a preguntarnos si las normas de fabricación de estas embarcaciones eran las correctas para las condiciones de la zona en casos de emergencia.

 

Un trabajador que quedó a la deriva en el mar durante horas me cuenta cómo sobrevivió manteniendo la calma y dejándose flotar con su chaleco salvavidas hasta la playa aprovechando las corrientes. Él afirma que los trabajadores sí tenían el adiestramiento que en su caso le permitió sobrevivir. Otros no tuvieron la calma o la preparación y perecieron en el mar. Muchos de los trabajadores no laboran directamente para Pemex sino para empresas subcontratistas, muchas de las cuales tienen prácticas de seguridad y de contratación muy diferentes a las de Pemex.

 

Pemex ha ordenado la realización de tres indagatorias para determinar qué ocurrió. Una de ellas la llevará a cabo la propia Pemex, otra un panel de expertos internos y finalmente otra la encabezará Mario Molina, el ganador del Premio Nobel de química. A éstas hay que añadir una investigación que está llevando a cabo la PGR y una más la Comisión de Derechos Humanos. Y los legisladores, por supuesto, no se quedarán atrás.

 

La experiencia nos dice, sin embargo, que la proliferación de comisiones e investigaciones no necesariamente conduce al hallazgo de la verdad. Por el contrario, hay razones sólidas para pensar que cuando menos algunas de estas comisiones politizarán el tema.

 

Es una verdadera tristeza, pero cuántas veces hemos visto esto. Las muertes de los trabajadores se convierten en simples banderas de las que unos políticos u otros buscan aprovecharse.

 

No hay nada peor en la vida que el trabajo de los buitres que escarban en la carroña para sacar provecho personal. Pero así son las cosas en nuestro país.

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