MARTES, 13 DE NOVIEMBRE DE 2007
A ver si el rey nos hace el favor

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“Exasperado, el rey le preguntó al mamarracho: “¿Por qué no te callas?”. Y el mamarracho siguió diciendo sandeces…, pero nunca respondió a la pregunta. El mamarracho no se calla porque es pura vocinglería, si calla se esfuma, se desinfla, vuelve a la nada.”


Ya era hora de que alguien, aunque fuese el rey de España, le preguntase al mamarracho lo que decenas de miles deseamos preguntarle: “A ver, Chávez, ¿por qué no te callas y escuchas?”

 

Por supuesto, es una pregunta retórica. Es una manera correcta y valiente de hacerle ver a una persona que su palabrería hueca y monótona se ha vuleto irritante. Es una manera elíptica de callar al que importuna y no deja espacio al diálogo.

 

Un mamarracho es un hombre que no merece respeto. Lo dice el diccionario.

 

Debía darse por descontado que el mamarracho no podría responder en forma directa: “No me callo, porque si me callo me muero, no me callo porque no soy más que palabrería, no me callo porque no sé hacer otra cosa que perorar sin fin y sin sentido…”.

 

El mamarracho siguió con su retahíla de sandeces. Y al relevo entraría otro de la especie, Daniel Ortega, acusando a las empresas españolas de quién sabe cuántas maldades… Y el rey abandonó el salón, cuando las agujas del medidor de estupideces –si acaso existe tal aparato- estaban saltando, al rojo vivo.

 

Una vergüenza colectiva. Un relámpago en la oscura noche que es el batiburillo de la diplomacia políticamente correcta, que confunde la prudencia con la cobardía y el silencio cómplice.

 

No tienen remedio, ni el mamarracho ni la corte de melindrosos que callan para no irritarle, que fingen no enterarse de las tropelías crecientes y cotidianas del mamarracho. Que son incapaces de pedirle una explicación o de ponerle un alto cuando se pasa de la raya.

 

Ni modo, a ver si un día el rey de España nos hace el favor a los mexicanos de preguntarle al mamarracho, así como al pasar, qué se le perdió por aquí, en México, para andar promoviendo “movimientos alternativos” en estas tierras, según propone el multicitado mamarracho en su pomposo Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación. Pura curiosidad, mera pregunta retórica. Y digo que se lo pregunte el rey, porque por aquí, a lo que se ve, nadie se atreve.

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