MIÉRCOLES, 14 DE NOVIEMBRE DE 2007
En Tabasco: Llevar agua al molino

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“Comprendo la tentación de los políticos para asestar dardos a sus rivales. Pero aprovechar la tragedia de Tabasco para medrar políticamente me parece una falta de ética demasiado grande como para simplemente dejarla pasar.”


Es lamentable que algunos políticos quieran aprovechar incluso una tragedia como la de Tabasco para llevar agua a su molino. El dolor humano se ha convertido en una oportunidad con la que algunos buscan conseguir beneficios políticos.

 

Andrés Manuel López Obrador inició la ofensiva cuando, a unos días del desastre, atacó a los ex gobernadores Manuel Andrade y Roberto Madrazo de ser los responsables de la tragedia. Los acusó sin presentar pruebas de haber desviado recursos disponibles para ejecutar un plan hidráulico en Tabasco que, según él, habría impedido la tragedia. El gobernador actual, el químico Andrés Granier –a quien, hay que reconocer, el trabajo incansable que ha desarrollado ante el desastre—, responsabilizó a su vez a la Comisión Federal de Electricidad por haber liberado grandes cantidades de agua de la presa Peñitas.

 

Los panistas acusaron al gobierno perredista del Distrito Federal de llevar su ayuda sólo a los municipios gobernados por el PRD. La administración capitalina negó que eso fuera cierto y cuestionó que el gobierno federal hubiera tomado la responsabilidad, tradicionalmente asumida por el ejército, de centralizar el acopio y apoyo del Plan DN-III. El gobierno del Distrito Federal también señaló que las brigadas de los gobiernos de Veracruz y el estado de México que repartían ayuda en Tabasco lo hacían vestidas de rojo, el color distintivo del PRI. Cuestionó además que se repartieran despensas en la Quinta Grijalva, residencia del gobernador.

 

A pesar de las acusaciones, la información disponible sugiere que ningún dique u obra hidráulica habría podido evitar las inundaciones que dejaron en un momento a casi el 80 por ciento del territorio de Tabasco bajo el agua. Una apreciación del Colegio de Ingenieros Civiles, por otra parte, sugiere que las presas, y en especial la de Peñitas, no sólo no promovieron las inundaciones sino que impidieron que éstas se hicieran mayores.

 

Es muy claro que habrá que deslindar responsabilidades, pero no para buscar chivos expiatorios en la política sino para tomar medidas que impidan que lo ocurrido se repita. El plan hidráulico de Tabasco es un viejo anhelo de los tabasqueños, que en varias ocasiones anteriores han sufrido inundaciones, pero las acusaciones de López Obrador no parecen fundamentadas en datos duros sobre los recursos que hubo disponibles y las construcciones que realmente se hicieron. La mayor parte de los especialistas coincide, por otra parte, que las inundaciones fueron de tal magnitud que los bordos y diques no habrían impedido el desastre.

 

En contraste con el deseo de algunos políticos de llevar agua a su molino, el pueblo de Tabasco ha demostrado ser grande ante la tragedia. La solidaridad que los tabasqueños han mostrado a sus paisanos que tuvieron que ser desalojados de sus hogares ha sido notable. Hace unos días conversé con una mujer, cuya familia es dueña de una empresa constructora, que ha abierto su casa en Villahermosa, la cual no fue tocada por las aguas, a 20 personas y las instalaciones de la empresa a otras 35. Los médicos de la región trabajan, por su parte, de manera incansable y muchas veces gratuita para ayudar a los enfermos.

 

Entiendo la necesidad de hacer estudios para entender las razones del desastre y para descubrir negligencias o actos de corrupción. Comprendo también la tentación de los políticos para asestar dardos a sus rivales. Pero aprovechar la tragedia de Tabasco para medrar políticamente me parece una falta de ética demasiado grande como para simplemente dejarla pasar.

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