JUEVES, 6 DE DICIEMBRE DE 2007
Competencia: La clave (I)

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“Allí donde no hay competencia lo que existe, por definición, es la incompetencia, y una empresa monopólica, gubernamental o privada, podrá ser muy productiva, pero nunca competitiva, lo cual nos lleva, de entrada, a distinguir entre productividad y competitividad.”


Decía Ludwig Erhard, responsable del llamado milagro económico alemán de la segunda posguerra, y uno de los mejores economistas que a la práctica hayan podido llevar sus teorías, que si el objetivo es un mayor bienestar material para un mayor número de gente el único camino es el de la competencia, siendo ésta la clave del progreso económico, competencia que debe darse en ambos lados de la actividad económica, la oferta y la demanda, comenzando por la primera.

 

Lo he escrito muchas veces: allí donde no hay competencia lo que existe, por definición, es la incompetencia, y una empresa monopólica, gubernamental o privada, podrá ser muy productiva, pero nunca competitiva, lo cual nos lleva, de entrada, a distinguir entre  productividad y competitividad. La productividad consiste en hacer más con menos, es decir, en reducir costos de producción. La competitividad consiste en hacerlo mejor que los demás, para lo cual resulta indispensable la productividad. Pero si la productividad resulta indispensable para la competitividad (a la competitividad se llega por el camino de la productividad), lo contrario no es verdad: la competitividad no resulta indispensable para la productividad. Una empresa más competitiva lo es porque previamente fue más productiva, pero una empresa más productiva no tiene porque ser, también, más competitiva. Me explico.

 

Supongamos una empresa monopólica. ¿Tiene algún incentivo para aumentar su productividad, es decir, para reducir sus costos de producción, para hacer más con menos? Sí. ¿Cuál es ese incentivo? Ganar más. Supongamos que, gracias a una mejora técnica, la empresa reduce sus costos de producción. ¿Qué sucederá? Que aumentará sus ganancias en la misma proporción en la que redujo sus costos: dado que es un monopolio no existe un motivo por el cual tenga que reducir sus precios, es decir, no existe razón por la cual tenga que volverse competitiva. No tiene que hacerlo mejor que nadie más, porque en el mercado no existe ningún otro oferente, de tal manera que el incremento en la productividad beneficia, únicamente, al oferente, sin crear ningún beneficio para el consumidor. En pocas palabras: todo el aumento en la productividad se convierte en un incremento en la utilidad de la empresa, sin generar ninguna baja en el precio de la mercancía, lo cual beneficiaría el consumidor.

 

Supongamos el caso contrario: una empresa que sí tiene competencia en el mercado. ¿Existe algún incentivo para que aumente su productividad? Sí: el poder incrementar su competitividad con el fin de hacerlo mejor que los demás y ganarles mercado. Supongamos que, gracias a mejoras técnicas, la empresa consigue disminuir su costo de producción. ¿Qué sucederá? Que tendrá la oportunidad de bajar su precio (manteniendo constante la ganancia, o inclusive aumentándola), con el fin de hacerlo mejor que los demás, con la meta de ser más competitiva, lo cual beneficia, de entrada, al consumidor, quien ahora contará con mejores opciones de consumo entre las cuales elegir. En este caso, parte del aumento en la productividad se traduce en un menor precio, es decir, en una mayor competitividad, que beneficia al consumidor, de tal manera que la empresa comparte con éste los beneficios del incremento en la productividad. Y todo ¿gracias a qué? A la competencia, con lo cual empezamos a entender que, si la meta es un mayor bienestar material, para un mayor número de gente, el camino es la competencia.

 

Continuará.

• Competencia

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