Jaque Mate
Sep 21, 2005
Sergio Sarmiento

Historia oficial

Hidalgo y Morelos bien pudieron haber sido villanos y no héroes de la independencia. Pero la historia, como bien sabemos, la escriben los vencedores. Si quisiéramos realmente festejar la independencia de nuestro país, lo haríamos el 27 o más precisamente el 28 de septiembre.

No deja de ser interesante que los mexicanos festejamos el inicio de nuestra independencia el 15 de septiembre pero nunca festejemos su culminación. Poco importa que la celebración del 15 de septiembre esté fundada sobre bases falsas.

 

Para empezar, el llamado del cura Miguel Hidalgo a la rebelión en el pueblo guanajuatense de Dolores no tuvo lugar el 15 de septiembre por la noche sino el 16 en la madrugada. El festejo del grito el 15 por la noche no se estableció sino hasta que los allegados a Porfirio Díaz buscaron alagar al dictador moviendo la celebración al día de su cumpleaños.

 

            Pero, además, Hidalgo no estaba buscando la independencia de México aquella madrugada del 16 de septiembre de 1810. La conspiración en la que él participaba no tenía como objetivo separar al virreinato de la corona española. Los insurgentes protestaban por el mal gobierno virreinal que se ejercía desde la ciudad de México y apoyaban el retorno de la corona a los Borbones, que habían sido desplazados del trono de Madrid por el usurpador José Bonaparte, impuesto por las tropas francesas de su hermano Napoleón. No fue sino mucho después que los rebeldes empezaron a albergar el plan de independizar a México de España.

 

            A pesar de todas estas circunstancias, los mexicanos seguimos celebrando “el grito” en la noche del 15 de septiembre. Y nadie se preocupa de que el festejo no tenga nada que ver con lo que se pregona.

 

            En cambio, cuando llega el 27 o el 28 de septiembre nadie celebra nada. Y en realidad debería haber muchas más razones para hacerlo. El día 27 de septiembre de 1821 entró triunfante a la ciudad de México el ejército trigarante encabezado por Agustín de Iturbide –quien ese día cumplía 38 años de edad- y Vicente Guerrero. Un día después se firmó el Acta de la Independencia de México, con lo que se ponía fin a la guerra insurgente.

 

Si fuésemos un país sensato, si quisiéramos realmente festejar la independencia de nuestro país, lo haríamos el 27 o más precisamente el 28. Pero debido a que en la historia oficial Iturbide ha recibido el papel de villano y no el de héroe, nuestros políticos no han querido convertirlo en lo que realmente sí fue: el artífice de la independencia de México.

 

            Quizá no debamos sorprendernos. La historia, como bien sabemos, la escriben los vencedores. Y la del periodo de independencia de México la redactaron quienes derrotaron a Iturbide en la sorda lucha por el poder que se desató tras la consumación de la independencia. Estos caudillos tenían necesidad de despojar a Iturbide de cualquier brillo histórico. Hidalgo y Morelos, en cambio, no eran ya un riesgo para ellos, de manera que podían permanecer sin problemas en su papel de héroes.

 

            Yo me pregunto, sin embargo, qué habría pasado en la historia oficial mexicana si Hidalgo y Morelos no hubiesen muerto en las primeras etapas de la guerra civil. Seguramente habrían contendido después en las luchas por el poder del nuevo país independiente. Y si hubiesen sido derrotados, lo más seguro es que hoy tendrían el papel de villanos en la historia oficial.



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