VIERNES, 11 DE ENERO DE 2008
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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
Félix de Jesús


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“Voy a tratar tres preguntas del cuestionario: a) “el anarquismo es el verdadero espíritu de la libertad”; b) “estoy dispuesto a sacrificar gran parte de mi libertad para tener seguridad; c) “es mi derecho convertirme en esclavo”. Tres frases que, aunque no parezca obvio, están íntimamente relacionadas.”


Hoy voy a tratar tres preguntas del cuestionario: a) “el anarquismo es el verdadero espíritu de la libertad”; b) “estoy dispuesto a sacrificar gran parte de mi libertad para tener seguridad; c) “es mi derecho convertirme en esclavo”. Tres frases que, aunque no parezca obvio, están íntimamente relacionadas.

 

Empezando por la primera, es claro que ni siquiera el libertario más extremista estaría de acuerdo con esa afirmación. Dado que la piedra angular sobre la cual se sustenta una economía de mercado que opere eficientemente es la propiedad privada de los medios de producción, es indispensable que exista la garantía de que esa propiedad estará asegurada y garantizada, tal que el legítimo propietario pueda apropiarse de la renta de esos recursos, directamente a través de su utilización o indirectamente a través de la transferencia. Para ello es indispensable que un agente, en este caso el gobierno, sea quien además de establecer en el marco legal una eficiente definición de los derechos privados de propiedad, sea también, a través del monopolio en el uso de la fuerza y de un poder judicial independiente e imparcial, el que garantice la propiedad privada en contra de atentados a la misma cometidos por terceras personas. Un mundo de anarquistas lo único que garantiza es la destrucción de la sociedad.

 

Relacionado con lo anterior está la segunda afirmación. Es natural, además de eficiente, que el ejercicio de la libertad esté acotado por la prohibición y penalización de actos que atenten en contra de los derechos de propiedad de terceros, de forma tal que individuos que viven en una sociedad libre están dispuestos a sacrificar algo de libertad para tener seguridad sobre su propiedad. Cualquier otra limitación sobre la libertad, con el argumento de tener mayor seguridad, tiende a convertir a los individuos en subordinados del Estado sujetos a la decisión y acción arbitraria del gobierno con el riesgo de perder, a la larga, prácticamente toda la libertad, incluyendo la manifestación de ideas.

 

Finalmente está la tercera afirmación, la cual es una paradoja filosófica. Uno supondría que un individuo ejerciendo plenamente su libertad, mientras no dañe a un tercero, puede hacer con su cuerpo lo que él quiera. Sin embargo, ¿es válido que un individuo esté dispuesto a perder toda su libertad al convertirse libremente en esclavo? Paradoja difícil de resolver. Si vemos todos los derechos individuales como derechos de propiedad, existen algunos de estos que son inalienables, como es el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y la libertad de pensamiento. Cuando los derechos de propiedad son percibidos como derechos legalmente válidos para controlar un recurso y los contratos son percibidos como la transferencia legalmente sancionada de éste entonces, si el recurso, en este caso la mente del individuo, no pueden ser transferida, el derecho a controlarlo tampoco puede ser transferido. Un contrato voluntario de esclavitud sería como la transferencia absoluta del derecho de propiedad sobre los valores y pensamientos del individuo, lo cual es ridículo ya que el individuo nunca pierde la libertad de pensamiento y en cualquier momento puede cambiar de idea. Por lo tanto, el individuo no puede decidir libremente perder su libertad convirtiéndose en esclavo.

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