LUNES, 21 DE ENERO DE 2008
¿Y la libertad y propiedad de los restauranteros?

La decisión de López Obrador de liberar al hijo del "Chapo" Guzmán recién capturado fue...
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El punto sobre la i
“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
H.L. Menken


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“Usted, lector, ¿estaría de acuerdo con una ley que le prohibiera permitirle, a los invitados a su casa, fumar?”


Vamos por partes. Usted, lector, ¿estaría de acuerdo con una ley que le prohibiera permitirle, a los invitados a su casa, fumar? ¿Considera que una ley redactada en tales términos es justa o, por el contrario, considera que viola su derecho de propiedad (se trata de su casa) y de libertad (poder hacer en su casa lo que le dé la gana, comenzando por permitirle fumar a sus invitados) y por lo tanto es injusta? No sé cuál es su respuesta, pero yo lo tengo muy claro: una ley redactada en tales términos sería una ley injusta, y lo sería porque violaría la propiedad y la libertad, que son dos caras de la misma moneda, sin olvidar que no hay contradicción más grave, en materia de leyes, que eso: una ley injusta.

 

Me parece (y así lo escribo porque no estoy seguro de ello), que la mayoría estaría de acuerdo conmigo - una ley redactada en tales términos sería una ley injusta -, momento de preguntar lo siguiente: ¿cuál es la diferencia entre la propiedad de una casa y la de un restaurante?, pregunta que me lleva a esta otra, y que le hago a usted, lector, suponiendo que fuera dueño de un restaurante: ¿estaría de acuerdo con una ley que le prohibiera permitirle, a los comensales que acuden a su negocio, fumar? Nuevamente, no conozco su respuesta, pero sí sé cuál es la mía, siendo la misma que a la pregunta anterior: una ley redactada en tales términos sería una ley injusta, y lo sería porque violaría la propiedad y la libertad del restaurantero, libertad y propiedad que deben limitarse, únicamente, cuando su uso daña a terceros, no siendo tal el caso del restaurantero que permite que sus comensales fumen en su negocio, afirmación que merece la siguiente aclaración: el comensal que fuma en un restaurante se hace daño a sí mismo, sin que ese mal se lo cause el restaurantero quien, ¡obviamente!, no lo obligó a fumar. Solamente se lo permitió.

 

Distingamos: una cosa es permitir fumar y otra obligar a fumar. En el primer caso el fumador se hace daño a sí mismo, en el segundo alguien más se lo hace. Llegados a este punto no faltará quien pregunte por los comensales a quienes, sin ser fumadores, y asistiendo al restaurante cuyo dueño sí permite que sus clientes fumen, se les está haciendo un daño. De entrada, sin agotar ni remotamente el argumento, hay que decir dos cosas. Primera: desde el momento en el que permanecen en el restaurante muestran que es mayor el beneficio que obtienen de su estadía que el perjuicio que les causa el humo del tabaco de los fumadores. Segunda: los fumadores no les obligan a respirar el aire contaminado por el humo de sus cigarros, puros y/o pipas, ya que en cualquier momento los comensales no fumadores pueden abandonar el lugar, lo cual harán (vuelvo a la primera consideración) si el perjuicio es mayor que el beneficio.

 

Vuelvo a la pregunta inicial: usted, lector, ¿estaría de acuerdo con una ley que le prohibiera permitirle, a los invitados a su casa, fumar? Si la respuesta es no, entonces, por congruencia, debe de estar en contra de aquella ley que le prohíbe, al dueño de un restaurante, permitirle fumar a sus comensales. Se puede señalar que una cosa es un invitado en la casa y otra un cliente en el negocio, lo cual es cierto, pero, hecha la distinción, debemos preguntarnos si la misma cambia en algo el argumento. ¿Lo hace? No.

 

No estoy en contra del derecho de la gente a respirar aire no contaminado por el humo del tabaco (de hecho yo no fumo), pero al mismo tiempo estoy a favor del derecho del restaurantero a decidir si, en su local, se puede o no fumar. Al no fumador debe bastarle con la libertad que tiene para que nadie lo obligue, contra su voluntad, a asistir a un restaurante en el cual, su dueño, permite fumar.

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