MIÉRCOLES, 23 DE ENERO DE 2008
El precio de la incertidumbre

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“Parecería que la economía estadounidense requiere un choque de confianza, algo así como lo que ya nos acostumbramos a vivir en nuestro país: un evento “importante” en materia económica, que, mediante reformas estructurales, saque a la economía del estancamiento, o en nuestro caso, de la mediocridad crónica.”


Un economista, dice un refrán de ironía popular, es aquel quien no explica mañana la razón por la cual sus predicciones realizadas ayer, no se materializaron el día de hoy—o algo así. Ciertamente, parecería que el entorno de fuerte turbulencia financiera que viven los mercados globales es evidencia adicional que valida esta aparente sabiduría folklórica.

 

Todos los especialistas están “revisando” sus estimaciones sobre el futuro hacia la baja. Unos predicen catástrofe, otros una fuerte recesión, mientras la mayoría de voceros de esta ciencia oculta contempla las consecuencias reales del fuerte ajuste en los valores del mercado hipotecario, y su impacto en los patrones de consumo, en la riqueza familiar.

 

Ante la ola de pánico financiero, no observada desde la crisis del episodio de 2000 al 2002, la “Fed” decidió adelantar la decisión de la semana entrante, y recortar la tasa de interés de referencia por .75 puntos. Ante esta acción, de nueva cuenta habrá necesidad de “revisar” las predicciones sobre lo que pasará en el futuro. Este es el precio de vivir en un mundo de incertidumbre: lo más seguro es que quién sabe…

 

Un reciente estudio del extraordinario, si bien controvertido, economista Kenneth Rogoff, antes director de estudios económicos del FMI, trata de explicar este episodio de crisis de acuerdo a una serie de factores en común con otras crisis bancarias del pasado. El guión parece estar escrito a la medida: antes de la crisis, hay un aumento sustancial de los valores inmobiliarios, así como de los valores bursátiles; se da, también, una aceleración de nuevos flujos de capital, en medio de una ola de fuerte optimismo financiero; con ello, los agentes cotidianos empiezan un proceso de endeudamiento. Y momentos antes de la tormenta, se observa una expansión de crecimiento, seguida por un ajuste hacia la baja, simulando una curva “V” a la inversa.

 

Con todo y todo, sin embargo, la recesión del 2000-2002, precedida por casos tan dramáticos como la caída del mercado tecnológico, los ataques terroristas del 9/11, y los desplomes de confianza generados por las contabilidades alegres de Enron, Worldcomm y varios otros,  fue un ajuste ligero, sin grandes repercusiones en el consumo. En sólo un par de años, la expansión regresó, con fuerza inesperada. Hubo necesidad de hacer lo que los analistas hacen diario: “revisar” estimaciones.

 

Una de las consecuencias del recorte tan fuerte de tasas de interés podría ser que la inflación observe una tendencia hacia el alza, y un deterioro adicional del dólar. Parecería que la economía estadounidense requiere un choque de confianza, algo así como lo que ya nos acostumbramos a vivir en nuestro país: un evento “importante” en materia económica, que, mediante reformas estructurales, saque a la economía del estancamiento, o en nuestro caso, de la mediocridad crónica.

 

Aun así, por lo menos uno de estos ilustres analistas estadounidenses han señalado (correctamente) que el mecanismo de transmisión del mundo financiero al mundo real es, o tiende a ser, más limitado de lo que aparenta a primera vista. El producto nacional sufre, pero menos de lo que suponemos, siendo que los ajustes financieros son ajustes en todos los balances contables de empresas, y de unidades familiares. Sin embargo los indicadores de desempleo no señalan la franca caída que caracteriza el ánimo económico del este poco afortunado inicio de año. Los inventarios, otro indicador importante, no han observado el crecimiento acelerado de crisis pasadas.

 

En fin, ya veremos. El pánico tiende a ser el peor enemigo de la riqueza familiar en tiempos de ajuste. No es un asunto banal, aunque no nos ayuda mucho a explicar, mucho menos predecir, qué pasará. Eso sí, como economistas, nos reservamos el derecho a “revisar”…

• Crisis / Economía internacional

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