MIÉRCOLES, 6 DE FEBRERO DE 2008
Energéticos y “guerras de religión”

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“El concepto “revolución mexicana” es un poderosísimo mito integrador que el general Lázaro Cárdenas consolidó con la expropiación petrolera. Conforme al mito, plantear una reforma energética desde el punto de vista de los consumidores provoca excomuniones fulminantes dictadas por los guardianes de la fe revolucionaria, quienes amenazan con desatar una guerra de religión contra los liberales infieles.”


Supongo que el valiente y valioso libro de Macario Schettino, “Cien años de confusión”, fue recibido con fingida indiferencia por las capillas intelectuales de México –ya no se diga por los amanuenses de las minorías rectoras del país- porque es un libro peor que herético, que derrumba el mito fundacional e integrador (“revolución mexicana”) alrededor del cual se han sustentado la mayor parte de los arreglos de poder y de reparto de rentas en México de 1937 a la fecha.

 

La tesis fundamental de Schettino es que la revolución mexicana es un concepto construido a posteriori –principalmente por Lázaro Cárdenas del Río- para dar coherencia a las variopintas revueltas de las primeras décadas del siglo pasado y establecer un sistema corporativista y mercantilista de permanencia en el poder. Palabras más o menos, Schettino propone a Cárdenas como el gran creador del concepto nacional-revolucionario y ubica a la expropiación petrolera como el momento fundacional de ese mito integrador.

 

Con más o menos rigor, el autor aporta numerosos elementos históricos para desmontar el mito. Se podrán encontrar varias imprecisiones y lagunas en la revisión que hace Schettino, pero la tesis de que la revolución mexicana es una construcción posterior a los hechos, diseñada para controlar e integrar a los mexicanos, así como para repartirse más o menos pacíficamente el poder y las rentas entre unas minorías rectoras, tiene un gran poder explicativo. Rechazarla a priori es como rechazar la teoría general de la relatividad porque en su formulación, en 1905, Einstein cometió alguna pifia matemática.

 

Mito integrador que se ha convertido en religión institucional, con culto, sacramentos, liturgia, sumos sacerdotes, dogmas, escrituras y santoral. El monopolio estatal petrolero –monopolio extendido más tarde a todos los energéticos- está en el núcleo del mito.

 

Y los guardianes del culto –como Andrés López- desean fervientemente la gloria de encabezar una guerra de religión, sangrienta si es preciso, en contra de los infieles liberales que osen, siquiera, proponer una reforma. ¿Otra guerra de reforma, pues, con López encabezando a los “cangrejos de la reacción”?

• Historia no oficial

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