VIERNES, 8 DE FEBRERO DE 2008
La Constitución: Errores, violaciones y contradicciones

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“Se cumplió un año más de la Constitución de 1917, cuyo capítulo económico, artículos 25 al 28, principalmente, está, desde el punto de vista de la ciencia económica, plagado de errores, de violaciones a la libertad y a la propiedad desde la perspectiva de la justicia y, por lo que a la lógica respecta, lleno de contradicciones. Lo más maravilloso del caso es que, pese a todo ello, allí sigue, con la gran mayoría de los mexicanos sin tener la más remota idea de lo que, llevado a la práctica, ese capítulo económico podría traer consigo.”


Se cumplió un año más de la Constitución de 1917, cuyo capítulo económico, artículos 25 al 28, principalmente, está, desde el punto de vista de la ciencia económica, plagado de errores, de violaciones a la libertad y a la propiedad desde la perspectiva de la justicia y, por lo que a la lógica respecta, lleno de contradicciones. Lo más maravilloso del caso es que, pese a todo ello, allí sigue, con la gran mayoría de los mexicanos sin tener la más remota idea de lo que, llevado a la práctica, ese capítulo económico podría traer consigo.

 

Leemos, en el artículo 25, que “el Estado planeará, conducirá, coordinará y orientará la actividad económica nacional”, algo que, de entrada, suena bien por dos razones. Primera: lo que el Estado debe hacer es planear, conducir, coordinar y orientar, siendo que lo contrario es la improvisación, el “ahí se va”, quedando claro que, de esa manera, improvisando, no se llega a ningún lado. Segunda: lo que el Estado debe planear, conducir, coordinar y orientar es la actividad económica nacional, de cuya buena marcha depende que sigamos comiendo tres veces al día. ¿Conclusión? ¡Qué bueno que el Estado planeé, conduzca, coordine y oriente la actividad económica nacional! ¿Qué bueno? Pensémoslo un momento.

 

La actividad económica nacional no existe. Lo que existen son las actividades económicas de cada uno, de tal manera que la única forma de que el Estado planeé, conduzca, coordine y oriente “la actividad económica nacional” es planeando, conduciendo, coordinando y orientando la actividad económica de cada uno. Si así fuere, ¿qué sería de la libertad de cada cual para trabajar, emprender, invertir, ahorrar, comerciar, consumir? Vistas así las cosas, ¿podemos concluir que qué bueno que el Estado planeé, conduzca, coordine y oriente la actividad económica nacional, y aplaudir lo establecido en el artículo 25 constitucional? Si así fuera, ¿dónde quedaría la libertad individual, que es la libertad de cada cual para dedicarse a aquello que más le plazca y/o mejor le convenga? Redactado en los términos en los que lo está, ¿podemos afirmar que el 25 constitucional reconoce y garantiza la libertad individual de los mexicanos en su calidad de agentes económicos? No, de ninguna manera, y de nueva cuenta a las prueba me remito.

 

Después de señalar que “el Estado planeará, conducirá, coordinará y orientará la actividad económica nacional”, se afirma que todo ello lo hará “en el marco de libertades que otorga esta Constitución”. ¡¡¡Que otorga!!!, como si usted y yo fuéramos libres por la libertad que la Constitución, graciosamente, nos otorga, y no porque ser libre forma parte de la naturaleza humana. ¿Cómo debe estar redactado ese párrafo de la Constitución? De la siguiente manera: “En el marco de libertades – para trabajar, emprender, invertir, ahorrar, comerciar y consumir -, que reconoce y garantiza esta Constitución”.

 

Se puede argumentar que, al final de cuentas, el Estado no planea, no conduce, no coordina y no orienta la actividad económica de los individuos, por lo que éstos gozan de un amplio margen de libertad, lo cual, hasta cierto punto, es cierto. Sin embargo, preguntémonos ¿qué puede pasar si llega al poder alguien convencido de que el camino del progreso económico depende de la planeación, conducción, coordinación y orientación estatal de la actividad económica de los particulares? Muy sencillo: en el mejor de los casos volveríamos a los tiempos de Echeverría y López Portillo (dicho sea de paso: el proyecto económico contenido en la Constitución es el de Echeverría y López Portillo, el mismo que dio como resultado la docena trágica) y, en el peor, acabaríamos como está acabado la Venezuela de (¡¿de?!) Chávez, con el gobierno metido hasta la cocina y la libertad individual, y la propiedad privada, limitadas a su mínima expresión, que no es suficiente, ni para la justicia, ni para la eficiencia económica.

• Constitución

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