VIERNES, 15 DE FEBRERO DE 2008
¿Qué tan liberal es usted? (X)

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Isaac Katz







“Entre los principios básicos de una democracia representativa liberal se encuentran la libertad de pensamiento y la libertad de manifestación de ideas.”


Entre los principios básicos de una democracia representativa liberal se encuentran la libertad de pensamiento y la libertad de manifestación de ideas. En una sociedad que está conformada por individuos efectivamente libres para elegir que es lo qué más les conviene, tanto en las decisiones de carácter claramente económicas (dónde trabajar o qué consumir), como en las decisiones que atañen la vida íntima de los individuos (con quién casarse, el consumo de drogas, las decisiones al final de la vida), así como en las decisiones que conciernen a la elección democrática de los gobernantes, las personas deben tener en todo momento y circunstancia la plena libertad para expresar lo que quieran, aunque haya quienes no estén de acuerdo con estas ideas. De ahí la frase atribuida a Volatire: “podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero pondré mi vida en juego para defender tu libertad de expresión”.

 

La historia del mundo está llena de ejemplos en donde los gobernantes han reprimido la libertad de expresión como un mecanismo para no tener que rendir cuentas a la sociedad por sus actos, para no tener que enfrentar la crítica de la sociedad y para perpetuarse en el poder. Una sociedad en la cual los individuos pierden la libertad para expresarse termina siendo una sociedad de esclavos, una sociedad en la cual los individuos están sujetos a los designios del gobierno y es éste el que termina decidiendo qué es lo que podemos o no podemos hacer.

 

En este sentido, las reformas constitucionales en materia electoral que prohíben que agentes privados contraten, con sus recursos, tiempo en los medios de comunicación electrónica, radio y televisión, para dar su opinión sobre cualquier tema electoral, son claramente un atentado a la libertad de expresión. Lo que hizo el Congreso de la Unión con estas reformas se constituye como una artera violación a la garantía de libertad de expresión consagrada en el artículo 6º de la Constitución y ante esto, la Suprema Corte de Justicia de la Nación no puede ampararse en un tecnicismo legal como el que las reformas constitucionales no pueden ser impugnadas. La Suprema Corte de Justicia de la Nación, como la institución del Estado que tiene como función principal garantizar la vigencia plena de los derechos individuales, tiene la obligación moral y legal de protegernos, a nosotros los ciudadanos, de los actos arbitrarios del gobierno que atentan en contra de estos derechos, destacando en este caso, nuestro derecho a expresarnos en cualquier materia y a través de cualquier medio, les guste o no a los políticos. Si la Corte no nos protege, ¿entonces quién? Si la Corte no nos protege ahora en contra de esta reforma, ¿qué garantía existirá de que en un futuro el Congreso decida que tampoco podemos expresarnos libremente a través de la prensa escrita o de la Internet? ¿Qué garantía existirá de que el Congreso no decidiera abolir el resto de nuestras libertades?

 

Que quede claro. Si perdemos la libertad de expresión, perdemos nuestra esencia como seres humanos. ¡Esto no puede permitirse!

 

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