MARTES, 19 DE FEBRERO DE 2008
La plata, una evolución revolucionaria

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Fernando Amerlinck







“¿Por qué no tener una moneda fuerte de clase mundial? Podemos convertirnos en líder para todo el continente y darle un mentís a la política monetaria falsificatoria de la Federal Reserve.”


Adoptar la plata como moneda sería una evolución revolucionaria, expresión afortunada de Eduardo Ruiz-Healy. Los evolucionarios vemos las revoluciones (salvo la única revolución productiva: la revolución industrial) como asuntos fundamentalmente destructivos y generadores de graves daños y pérdidas. La así llamada “revolución” mexicana es de lo más destructivo que ha sufrido nuestro sufrido país. Una de sus hazañas: nació en ella la moneda espuria, que ni siquiera en el nefasto siglo XIX mexicano había aparecido: Venustiano Carranza imprimió los bilimbiques, moneda de papel que acabó valiendo menos que el papel.

 

Una evolución como la de adoptar una moneda de verdad —no de mentiras, como el peso; no de mentirotas como la madre adulterina del peso, el cada vez más bilimbicoso dólar— es tan rotunda y benéfica, que puede calificarse de revolución productiva.

 

Nada concibo más importante para el devenir económico de México, que una moneda verdadera para sustentar su crecimiento y ahorro, y para capotear la nixoniana-bushiana-greenspaniana crisis monetaria, de dimensiones apocalípticas, que se avecina sobre nuestro país y sobre este dolarizado planeta. Nada hay más conservador y progresista, más evolutivo y revolucionario, más responsable y más decente, que sustentar el patrimonio y expectativas materiales de nuestro pueblo en un medio de ahorro y de cambio que signifique verdadero valor frente al de la moneda falsa, la moneda basura, la fraudulenta “moneda” de papel verde cuyo valor está firmemente sustentado sobre la voz de los panzones que cobran en la Reserva Federal de los Estados Unidos, país que obtiene petróleo, mercancías y todo tipo de bienes que paga con saliva. Gratis, gracias al mayor fraude imaginable —el de la moneda que no lo es.

 

La propuesta (www.plata.com.mx) es sencilla y elegante: aceptar algo que ya hay —las onzas Libertad de plata pura, emitidas por la Casa de Moneda de México— y declarar que esas piezas, que ya tienen valor como moneda (artículo 2° bis de la Ley Monetaria), tienen un valor que debe decretar periódicamente el Banco de México. Su valor no podrá bajar, pero sí subir. Y tampoco se asociará a la moneda ordinaria: no dirá por ejemplo “200 pesos” una onza, porque al cabo de muy poco tiempo eso quedaría superado por el valor real de la plata.

 

Otra manera de conocer esta propuesta vendrá pronto (miércoles 27 de febrero, 8 de la mañana) en un foro que puede ser tan significativo para México, como el carácter evolutivo-revolucionario de esta iniciativa. El lugar será el Club de Industriales, uno de los más importantes centros políticos y económicos de la inteligencia en México. Lo organizan la UNAM, la Cámara de Diputados, y la Asociación Cívica Mexicana Pro Plata. Tema: el ahorro de los mexicanos ante la inestabilidad financiera internacional.

 

Ni más ni menos. Hay que adoptar plenamente la plata como moneda de curso legal. Cuando todo el mundo le ve los colmillos al financiero lobo, nada hay más oportuno que esta revolucionaria evolución de aceptar como moneda nacional y medio de ahorro algo basado en valor físico, real, contante, sonante, sonoro, contable y acuñable: la moneda de plata. Tenemos en México esa posibilidad inmediata, alcanzable, existente, creciente (México sigue siendo productor importante de ese metal).

 

Sólo así (sin desaparecer al peso mexicano) nuestro país podrá tener la mejor moneda del mundo. ¿Por qué no? Ya la tuvimos. Durante el Virreinato y en el México independiente la moneda mexicana corría y era aceptada en Asia y en aquellos primitivos Estados Unidos de América, fuera y dentro del viejo oeste.

 

Las encuestas muestran que la gente sencilla quisiera que esa posibilidad fuera auténtica. El Congreso Latinoamericano y la Cámara de Diputados la han aprobado. Los 32 gobernadores también. Falta sólo un gobernador: el del Banco de México. Y falta también que el imperio del dólar esté de acuerdo en que haya una competencia genuina contra el valor espurio del dólar. Y vaya si es espurio el dólar, si en lo que va de este año una onza de plata ha pasado de $13.10 a $17; en 2001 valía $4.30 de dólar.

 

¿Pero debe el gobierno de Estados Unidos definir nuestra decisión, o los intereses a él ligados, en esta época en que tanto se habla de “soberanía”? Creo que no. ¿Por qué no tener una moneda fuerte de clase mundial? Podemos convertirnos en líder para todo el continente y darle un mentís a la política monetaria falsificatoria de la Federal Reserve.

 

Es hora de llevar ese proyecto a la realidad, más ahora que el dólar-papel se derrumba (estaba basado en oro hasta agosto de 1971, en que Nixon lo desligó de algo con valor real). La declaración legal de que la onza Libertad es moneda ya está hecha. Falta sólo aceptar que tenga un valor legal no disminuible. El tiempo es hoy, no mañana.

• Moneda de plata

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus