JUEVES, 21 DE FEBRERO DE 2008
Los fondos de riqueza soberana

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“A los gobiernos no les importan tanto las utilidades como a los inversionistas privados, pero la buena noticia es que los fondos de riquea sobrana no han mostrado tener agendas políticas.”


Grand Rapids, Michigan (AIPE)- La actual escasez de financiamiento dispara la demanda por el capital disponible. Cuando el sector financiero alrededor del mundo hace grandes esfuerzos por encontrar inversionistas que repongan las pérdidas en hipotecas de alto riesgo, las llamadas subprime, los fondos de riqueza soberana (Foreign Wealth Funds) –aquellos que invierten dinero del gobierno están aprovechando la oportunidad de comprar acciones y hacer colocaciones en grandes bancos, bolsas de valores y fondos que invierten en compañías privadas que no se cotizan en la bolsa.

 

Los fondos de riqueza soberana son inversiones estatales realizadas en el extranjero, como la Corporación de Inversiones de China, la Autoridad Inversionista de Qatar y la del mismo nombre en Dubai, que han efectuado inversiones en el extranjero por unos 3 billones de dólares. Eso equivale apenas a 2% de los activos que se intercambian alrededor del mundo, pero es un 2% actualmente disponible para inversiones.

 

Entonces no nos debe sorprender que las instituciones financieras de occidente, sedientas de financiamiento, les estén tocando la puerta a esos fondos. La revista The Economist reportó que fondos de riqueza soberana de Kuwait, Corea del Sur y Singapur aportaron casi todos los 21 mil millones de dólares invertidos en Merrill Lynch y Citigroup, dos de los bancos que perdieron miles de millones en la crisis crediticia.

 

En el último año, los fondos de riqueza soberana del Medio Oriente han adquirido altas participaciones en la operadora de bolsas OMX de países nórdicos y del Báltico. El banco suizo UBS recibió un aporte de 9.720 millones de dólares de Singapur, mientras que el Grupo Blackstone recibió 3 mil millones de dólares de China.

 

El tamaño de esas inversiones ha causado muchas especulaciones por parte de analistas políticos y financieros. Hasta ahora no se nota ninguna xenofobia, pero siendo este un año electoral en Estados Unidos, uno se pregunta cuándo comenzará eso.

 

Esas inversiones deben ser bienvenidas porque representan un reciclaje de capital de una región del mundo a otra, demostrando la integración del mundo en desarrollo a la economía global. Todos esos petrodólares están aportando el capital requerido por las economías occidentales y es una positiva demostración de cómo los mercados libres permiten que el exceso de ahorros de una región se transfiera a otras economías que los necesitan.

 

Desde luego que esto es mucho mejor que tener a bancos centrales imprimiendo billetes o a gobiernos pidiendo prestado, con déficit presupuestarios y aumentando los impuestos.

 

También es una buena señal que las naciones en desarrollo no estén malgastando capitales en monumentos y guerras, sino invirtiendo en las economías de Norteamérica y Europa Occidental. Como lo explicaba el filósofo francés Alexis de Tocqueville hace 150 años: la difusión del intercambio comercial entre culturas diferentes aumenta las probabilidades de una paz duradera.

 

Un temor respecto a los fondos de riqueza soberana es que están más sujetos a consideraciones políticas que las empresas privadas, especialmente cuando son controlados por árabes o por regímenes oficialmente comunistas como el de China.

 

Tales temores tienen cierta validez. A los gobiernos no les importan tanto las utilidades como a los inversionistas privados, pero la buena noticia es que esos fondos no han mostrado tener agendas políticas. El pragmatismo parece ser la norma en Qatar, Kuwait y los Emiratos Árabes. Y lo mismo que ha sucedido con empresas estatales, como las compañías eléctricas en Estados Unidos y Europa, es probable que estos fondos estatales se transformen gradualmente en empresas privadas que se cotizan en la bolsa.

 

Sería absurdo que las naciones desarrolladas apoyen el libre mercado y el libre intercambio, pero al mismo tiempo impongan regulaciones y barreras a las inversiones extranjeras. El enfoque debe ser combatir las actividades de fundamentalistas islámicos, antisemitas y anticristianos que atacan los derechos de las mujeres.

 

La integración financiera a través de las fronteras beneficia a todos, lo mismo que la tolerancia religiosa que reconoce diferencias sin insultar a quienes tienen otra religión o no son creyentes. Esa es una globalización que falta.

 

___* Director de investigaciones del Acton Institute.

© www.aipenet.com

 

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