Nostalgia del porvenir
Mar 5, 2008
Fernando Amerlinck

Miguel de la Bartlett, destroyer duradero

La pomposamente apodada Carta Magna —esa vieja y raída colcha de parches protege al gobierno y no al ciudadano— poco sirve para nuestra legítima defensa contra abusos gubernamentales, con preciosuras como las bartlettianas que el “neoliberal” de la Madrid metió en febrero de 1983.

En el chaparro, mediocre, aldeano e ignorante imaginario político nacional, el grisáceo pero bien negro sexenio 1982-1988 figura como comienzo del “neoliberalismo”, monstruo espantoso que nadie define pero que se come vivos a los pobres mexicanitos que caen bajo sus garras desde que lo inauguró de la Madrid.

 

Curiosas cosas que el disfuncional ambiente político mexicano no toma en cuenta: en todo ese “neoliberal” sexenio, el secretario de Gobernación fue Manuel Bartlett.

 

El averno los prohíja y ellos mismos se arrejuntan. Con Bartlett se alía hoy por la “soberanía” el PRD —víctima como PSUM en Juchitán y en otros lados de los fraudes “patrióticos” de ese sexenio, epítome del fraude. En ese “neoliberal” sexenio la dupla constitucionalista del presidente que firmaba lo que decidía en política el verdadero gobernante —su secretario de Gobernación— echó a perder varias garantías individuales de la Constitución, y la dejó roída de afrentas contra nuestra dignidad civil.

 

La pomposamente apodada Carta Magna —esa maltrecha ley fundamental— poco sirve para nuestra legítima defensa contra abusos gubernamentales, con preciosuras como las bartlettianas que el “neoliberal” de la Madrid metió en febrero de 1983. Esto forma parte del capítulo I, llamado “De las Garantías Individuales” (en serio, así se sigue llamando):

 

“25. Corresponde al Estado la rectoría del desarrollo nacional para garantizar (sic) que éste sea integral (resic), que fortalezca la soberanía de la nación y su régimen democrático y que, mediante el fomento del crecimiento económico y el empleo (supersic) y una más justa distribución del ingreso y la riqueza (recontrasic)...

 

“El Estado planeará, conducirá, coordinará y orientará la actividad económica nacional, y llevará al cabo la regulación y fomento de las actividades que demande el interés general en el marco de libertades que otorga esta Constitución…

 

“26. El Estado organizará un sistema de planeación democrática del desarrollo nacional que imprima solidez, dinamismo, permanencia y equidad al crecimiento de la economía para la independencia y la democratización política, social y cultural de la Nación... (sicsicsicsicsic)”.

 

“28. …No constituirán monopolios las funciones que el Estado ejerza de manera exclusiva en las áreas estratégicas a las que se refiere este precepto: …petróleo y los demás hidrocarburos; petroquímica básica; minerales radioactivos y generación de energía nuclear; electricidad…”

 

Pusieron en ese mismo artículo cosas que ya no están: banca y crédito, ferrocarriles, satélites. Y luego de tanto manoseo, algunos piensan que el petróleo y la electricidad son tan sagrados que sería sacrílego y reo de eterna condenación el impenitente pecador que osare, cual extraño enemigo, mancillar a la nación modificando lo que Bartlett-de la Madrid insertaron con el poder de su firma. Y que el propio general Cárdenas no hizo en 1938. Ni lo hicieron Echeverría y López Portillo. La obra del neoliberal de la Madrid no puede ser tocada. Lo dice su antineoliberal autor: Bartlett y prirredistas que lo acompañan en la defensa de nuestra soberanía. Pongámonos de pie.

 

No puede mancillarse esa Constitución que nos “otorga” derechos (gracias, Bartlett) salvo si eso conculca nuestras libertades. Ya la LX Legislatura mató la autonomía de una institución ciudadana —el IFE— y nos limitó derechos políticos.

 

El artículo 25 que hoy monopoliza para el estado la rectoría económica decretaba en 1917 esta garantía individual: “La correspondencia que bajo cubierta circule por las estafetas estará libre de todo registro, y su violación será penada por la ley”. Era todo el texto.

 

El 26, que declara a México un estado socialista de planificación central, sólo decía en 1917 que en tiempo de paz ningún soldado podía alojarse en casas particulares contra la voluntad del dueño. El 28 atacaba los monopolios (excepto correos, moneda y derechos de autor). Y desde entonces el 28 prometía que “la ley atacará severamente y las autoridades perseguirán con eficacia” prácticas que, por nuevo mandato constitucional, son de monopolios que no son monopolios: Luz y Fuerza del Centro, por ejemplo. O Pemex.

 

Esa vieja y raída colcha de parches protege al gobierno y no al ciudadano, especialmente gracias a quien más la echó a perder: Bartlett de la Madrid. Los panprirredistas la reforman, siempre y cuando se vulneren nuestras libertades y garantías. ¡Pero somos soberanos! Permanezcamos patrióticamente de pie.



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El punto sobre la i

Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

Rafael Ramírez de Alba
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