Sólo para sus ojos
Mar 12, 2008
Juan Pablo Roiz

Caso Mouriño, ¿qué hacer?

A diferencia del 99.98% de los mexicanos yo no tengo la menor idea de qué es lo que debería hacer el Presidente para salir bien librado de la crisis en que lo han metido. Lejos de mí la intención de defender al sujeto Mouriño, pero hay tres cosas que me molestan en las actitudes de todos aquellos que aseguran que el actual Secretario de Gobernación debe hacer sus maletas de inmediato.

A diferencia del 99.98 por ciento de los mexicanos yo no tengo la menor idea de qué es lo que debería hacer el Presidente Felipe Calderón para salir bien librado de la crisis en que lo han metido, a partes iguales: 1. Su amigo y colaborador Juan Camilo Mouriño, 2. El eterno denunciante de las pajas en los ojos ajenos que responde al apodo de Pejítimo y 3. La legión de opinantes y medios que ya condenaron en tiempo récord a Mouriño por andar firmando cuando no debía firmar o por andar firmando lo que no debía firmar o, mejor dicho, por andar usando dos cachuchas a la vez –funcionario público y particular interesado- teniendo una sola cabeza.

 

De que Calderón está metido en un brete, lo está. Si despide a Mouriño, malo porque le da el gane, facilito y sin resistencia, al Pejítimo y contribuye a confirmar la suspicacia, más que a disiparla; pero si no despide a Mouriño, también malo porque aparece, entonces, como necio e insensible a los reclamos de una señora que, dicen, no acepta negativas y que bautizan alegremente como “opinión pública”.

 

Lejos de mí la intención de defender al sujeto Mouriño, pero hay tres cosas que me molestan en las actitudes de todos aquellos que aseguran que el actual Secretario de Gobernación debe hacer sus maletas de inmediato:

 

  1. La rapidez y la gratuidad de la sentencia. No me queda claro ni la gravedad del supuesto delito que habría cometido Mouriño -¿cuál habría sido el beneficio indebido que obtuvo con el poder de su firma, en caso de haberlo obtenido?, ¿alguien ha hecho una estimación seria y fundamentada? –ni la existencia de una falta legal o ética o administrativa o siquiera de una infracción a las normas del buen gusto. Dicho de otra forma: El presidente de una comisión en la cámara de diputados, por más picudo que sea, no tiene el poder legal para otorgar contratos de Pemex a nadie, por lo que el conflicto de intereses no parece tener mucha materia a menos que, cosa que nadie ha hecho, alguien demuestre no que Mouriño firmó tal o cual papel como diputado (firmas de diputados y senadores cualquiera las consigue, hasta para justificar un retardo en la escuela), sino que presionó o insinuó o sobornó o amenazó a quienes sí tenían poder de decisión.

 

  1. La presunción, totalmente gratuita, de que Mouriño es una pieza indispensable para que salga adelante una reforma, la que sea, que modifique el estado actual de cosas en Pemex. Ejemplo en contra de esa presunción: ¿Cuál fue el papel del anterior Secretario de Gobernación para sacar adelante la reforma fiscal el año pasado? La respuesta es ampliamente conocida: Ninguno, en el mejor de los casos su gran aportación fue no meterse. Esa reforma la sacaron adelante Agustín Carstens y su equipo. ¿Por qué se asegura ahora que Mouriño llegó a Gobernación para sacar adelante la llamada reforma energética?, tal vez él hizo creer que era así –como indebidamente ha hecho creer a los concesionarios de radio y televisión que él tiene el poder, por encima de la SCT, de refrendarles las concesiones de un plumazo-, pero no es así, Mouriño carece de la experiencia negociadora, de los conocimientos y de la autoridad moral para suplantar a la Secretaria de Energía o al director de Pemex. Además de que la única propuesta reciente que se conoce en la materia NO provino del gobierno de Calderón, sino de los senadores priístas encabezados por Francisco Labastida (sí, el mismo al que el sindicato petrolero le habría dado cientos de millones de pesos para su campaña fallida en pos de la Presidencia). Minar a Mouriño no es minar las probabilidades de que se logre una reforma de Pemex. A lo mejor sin Mouriño la reforma sale más fácil.

 

  1. El estúpido tonito de resentimiento social que emana de muchas de las críticas a Mouriño: “Tiene que ser culpable porque es un riquillo heredero”. El joven puede ser pedante –parece serlo- pero en la ética que yo conozco y practico ni la riqueza económica es garantía de perversidad, ni la pobreza económica es garantía de honestidad. ¿Por qué demonios la riqueza es sinónimo de pecado en los medios, excepto, claro, en las secciones de sociales?

 

Aclarado lo anterior, reitero que yo no soy quién para decir que el Presidente debe hacer esto u lo otro. Es más, aunque supiera exactamente qué tiene que hacer Calderón en este caso específico  (por alguna milagrosa iluminación sobrenatural) de tonto le daría la receta gratis.

 

Le deseo a Calderón, de veras, que tome una decisión inteligente, que no se deje llevar ni por la emoción del afecto, ni por la emoción del aplauso popular, ni por la emoción del desquite, ni por la emoción de la necedad, sino por un cálculo inteligente y objetivo: ¿qué es lo mejor para el bien del país?, ¿mantener a un rehén del PRI y de los grandes medios de comunicación en la Secretaría de Gobernación?, ¿complacer a los opinantes de oficio y a la chusma sedienta de escándalos?

 

Está difícil decidir. Pero, ¿quién dijo que ser Presidente de México es coser y cantar?



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

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