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Pecados y burócratas de sacristía

“Los pecados capitales siguen siendo siete –los mismos que uno puede encontrar en la Divina Comedia de Dante– y los mandamientos siguen siendo diez, los mismos que Dios habría revelado a Moisés en el monte Sinaí. Lo demás es charlatanería.”


Ricardo Medina
MARTES, 18 DE MARZO DE 2008
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¿Cuál es la diferencia entre el enunciado “No robarás” y la expresión “No te enriquecerás hasta límites obscenos”?

 

El primer enunciado, el séptimo mandamiento entregado a Moisés, es preciso, se refiere a una conducta claramente identificable y es universal: la transgresión a la norma, robar, se aplica lo mismo al hecho de que Emilito le arrebate un dulce a Rafaelito, que al hecho de que un accionista mayoritario engañe a los accionistas minoritarios ocultándoles que ha obtenido millones de dólares de beneficio personal mediante una operación con deuda de la empresa que les pertenece a unos y al otro. Varía la gravedad –por eso se habla de un “agravante” o de varios- no el pecado.

 

La segunda expresión, en cambio, es ambigua, está sujeta a valoraciones caprichosas y discrimina entre personas (si el ladrón es tonto y al final se empobreció, ¿no pecó?), además de promover el pecado capital de la envidia (“pesar por el bien ajeno” dice Santo Tomás de Aquino), al pretender que el pecado es la riqueza en lugar del robo.

 

La diferencia es que los mandamientos son leyes tan perfectamente enunciadas que se les estima procedentes del mismo Dios, en tanto que los fantasiosos “nuevos pecados sociales”, difundidos en días recientes a raíz de unas desaprensivas declaraciones de un funcionario eclesiástico, proceden del caletre de un burócrata de sacristía.

 

André Frossard, testigo excepcional de lo divino, escribió: “La Iglesia es de institución divina porque es Dios quien le confía las almas, y no al contrario, como piensan ciertos burócratas de sacristía que seleccionan los niños para el bautismo”. La burocracia eclesiástica carece de facultades para inventar pecados (tarea por lo demás inútil, como enmendarle la plana a Dios) y sus miembros pueden incurrir en charlatanería (transgresión al octavo mandamiento: “No dirás falso testimonio, ni mentirás”) cuando pretenden que hay “pecados sociales”. Falso. Los pecados siempre son cometidos individualmente, aun cuando tengan repercusiones sociales. No hay tal cosa como un “alma colectiva” que salvar para toda la eternidad. En asuntos del alma inmortal “Dios sólo sabe contar hasta uno”, como también escribió Frossard.

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