MIÉRCOLES, 9 DE ABRIL DE 2008
Izquierda moderna y honestidad intelectual

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“No conozco a nadie que diga que es mejor tener una izquierda obsoleta que una izquierda moderna, del mismo modo que no conozco a nadie que diga es mejor comer alimentos chatarra que comer alimentos sanos. ¿Cuál es el punto, entonces?”


El punto es que en estos tiempos y en este país, México, varias personas que se autodenominan de izquierda desean advertir que, pese a los frecuentes desvaríos de algunos prominentes “izquierdistas”, la izquierda no sólo es salvable, sino deseable.

 

La advertencia es importante, a juicio de estos emisores de opinión, porque conjeturan que los desprevenidos ciudadanos podríamos incurrir en el error de juzgar a “la izquierda” por las conductas y actitudes no muy edificantes de algunos prominentes militantes de partidos que se denominan de izquierda; en todos los partidos suceden eventos bochornosos e irregulares –comentan– y además es hasta cierto punto lógico que en México, donde no existe una acendrada tradición democrática, se verifiquen conflictos dentro de los partidos, por ejemplo: elecciones internas con algunos pecadillos.

 

Lo que sí es detestable –prosiguen- es la perversa manipulación que la derecha y los medios de comunicación a su servicio hacen de estos incidentes con el avieso fin de desprestigiar algo tan noble, tan querido, tan deseable y tan maravilloso como el ideario de la izquierda.

 

Aquí es donde el alegato se empantana porque cada cual, según sus apetencias y las circunstancias, describe diferentes vaguedades bondadosas como el “auténtico” ideario de la izquierda. Y cada cual describe diferentes “maldades” como la esencia de la repugnante “derecha”. A veces nos dicen que la malvada derecha quiere mercados libres y gobiernos no intervencionistas; otras nos aseguran que la derecha lo que quiere es, por el contrario, gobiernos omnipresentes que le impongan a los ciudadanos tal o cual jerarquía de valores y que se entrometan en todos los resquicios de la vida individual, con el abominable fin de favorecer a los ricos y a tal confesión religiosa.

 

A veces se proclaman “liberales”, para al día siguiente condenar el ejercicio de las libertades en algo tan simple como comprar y vender; otro día se erigen en campeones de la tolerancia, pero al día siguiente obstruyen a gritos cualquier debate civilizado.

 

¿Izquierda moderna? ¡Adelante!, tal vez para lograrlo tendrían que empezar por algo tan antiguo, y tan olvidado, como la honestidad intelectual.

• Izquierda y derecha

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