DOMINGO, 18 DE DICIEMBRE DE 2005
La tiranía de los controles

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
Economía
Seguridad
Ambas
Ninguna de las dos



El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
Othmar K. Amagi


Más artículos...
Manuel Suárez Mier
• ¿Cómo se acaba la pobreza?

Arturo Damm
• Outsourcing

Luis Pazos
• AMLO: los buenos y los malos

Arturo Damm
• Desconfianza empresarial

Ricardo Valenzuela
• ¿Son los EU abanderados del capitalismo salvaje?

Arturo Damm
• Las expectativas

Isaac Katz
• Un pésimo año


Pulsaciones...
• De la amnistía a la legalización

• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Godofredo Rivera







“Cualquier medida proteccionista no es más que la tiranía de los controles de unos cuantos sobre millones de consumidores.”


Con el discurso del proteccionismo en materia agrícola que impregnó la reciente reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC), y las declaraciones de un despistado funcionario del gabinete del presidente Fox sobre la política cambiaria, es necesario recordar una vieja frase utilizada con frecuencia por los economistas liberales: “La tiranía de los controles”.

 

Recordemos brevemente las palabras del padre de la ciencia económica moderna, Adam Smith, palabras que aunque vienen de hace más de dos siglos, hoy más que nunca están vigentes y las deberían de retomar los políticos para modernizarse en materia comercial:

 

Lo que en el gobierno de toda familia particular constituye prudencia, difícilmente puede ser insensatez en el gobierno de un gran reino. Si un país extranjero puede suministrarnos un artículo más barato de lo que nosotros mismos lo podemos fabricar, nos conviene más comprarlo con una parte del producto de nuestra propia actividad empleada de la manera en que llevamos alguna ventaja [...]. En cualquier país, el interés del gran conjunto de la población estriba siempre en comprar cuanto necesita a quienes más baratos se lo venden. Esta afirmación es tan patente que parece ridículo tomarse el trabajo de demostrarla; y tampoco habría sido puesta jamás en tela de juicio si la retórica interesada de comerciantes y de industriales no hubiese enturbiado el buen sentido de la humanidad. En este punto, el interés de esos comerciantes e industriales se halla en oposición directa con el del gran cuerpo social”.

 

Estas palabras son tan válidas hoy como eran entonces. Tanto en el comercio interior como en el exterior, es de interés para la gran mayoría de la población comprar al que vende más barato y vender al que compre más caro. Con todo, la “retórica interesada” ha dado lugar a una asombrosa proliferación de restricciones sobre lo que podemos comprar y vender, a quiénes podemos comprar y a quiénes podemos vender y en qué condiciones, cuál es el tipo de cambio “correcto”, etc. Puras restricciones a la libertad económica. Pura tiranía de los controles.

 

Por desgracia, hoy día a todo este discurso de soberanía comercial (es mejor exportar que importar) que fomentan la mayoría de los empresarios exportadores, se le han unido los políticos, que a través de los gobiernos terminan sirviendo como lacayos de los intereses de comerciantes y productores de sus respectivos países.

 

Aranceles, subvaluación del tipo de cambio, reglas sanitarias, y cualquier medida impositiva diseñada para “estimular a los exportadores”, lo único que representan es la expoliación del consumidor y/o contribuyente.

 

Es una soberana mentira lo que hoy día argumentan distintos países en desarrollo (entre ellos México) sobre que los ganadores del proteccionismo agrícola son los países ricos (EU y la Unión Europea). No, los que se benefician del actual proteccionismo comercial son “intereses especiales”, que no son otra cosa que intereses de particulares, de grupos reducidos de productores agrícolas. Los que más pierden, por cierto, no son las naciones en desarrollo, sino los contribuyentes de los países ricos con cuyos impuestos se sufragan los subsidios dirigidos a mantener los privilegios de los sectores agrícolas protegidos. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) calcula que anualmente los países ricos gastan alrededor de 350 mil millones de dólares anuales para mantener los privilegios arancelarios de sus agricultores. ¿De dónde viene esta cantidad inmensa de dinero? Por supuesto, del contribuyente europeo y norteamericano. Parece que  nadie ha puesto en alerta sobre la expoliación a la que son sometidos los contribuyentes de las naciones ricas en aras de unos cuantos intereses comerciales. En este sentido, es cierto, hay productores agrícolas de los países pobres que pierden ganancias al prohibírseles entrar a comerciar a los mercados de los países ricos, pero no hay que perder de vista, que los que ganan con estas medidas proteccionistas son los consumidores de los países pobres, los cuales pueden consumir productos más baratos subsidiados desde los países ricos. Más ayudaría a los pobres campesinos latinoamericanos el que los países ricos abran sus mercados agrícolas, que el estar pensando en paquetes financieros de “ayuda” a los agricultores pobres de los países en desarrollo (nuevamente con dinero de los contribuyentes) que sólo estimulan la dependencia productiva y no incentivan la competencia y creación de riqueza.

 

Por otro lado, ¿cuánto gastan los bancos centrales de los países ricos para intervenir sus mercados cambiarios (flotación sucia, que es lo que hoy impera en los países desarrollados) y no permitir que, por ejemplo, el yen ó el euro no se aprecien contra el dólar? Por supuesto, miles de millones de dólares (no hay una cifra exacta, pues los bancos centrales son reticentes a publicar las cifras reales), todo para que los tipos de cambio favorezcan a sus exportadores.

 

Los países ricos hoy día lo son no gracias al proteccionismo comercial ó cambiario. Protección de los derechos de propiedad, infraestructura jurídica sólida que sustente dicha protección, ámbitos regulatorios favorables a la creación de riqueza, libertad económica que se expresa en poder comerciar libremente interna y externamente, y por supuesto, estabilidad de precios, son los ingredientes que han llevado a las naciones desarrolladas a ser lo que son hoy. Lo que pasa es que después de cierto grado de desarrollo alcanzado, surgen nuevamente los intereses privados, por encima del interés social y esto da la impresión errónea de que son estas políticas proteccionistas las que han llevado a la riqueza a las naciones desarrolladas, a costa de las naciones pobres. Nada más falso.

 

El comercio libre es sólo un paso más que lleva a las naciones a ser ricas, pero no lo es todo. A los EU se les acusa de imperialistas y de inundar con sus productos al mundo. Pero estas posiciones sólo reflejan una profunda ignorancia económica. EU, la nación más rica del planeta, genera cerca del 90% de su PIB en su mercado interno, es decir, sólo el 10% de la riqueza generada en EU proviene del comercio mundial. Por el contrario, a pesar de que el comercio exterior es pequeño en relación a su producto, los estadounidenses con sus compras (importaciones) son el sostén de buena parte de las economías del mundo, entre ellas México. Buena parte, de la riqueza de EU ha provenido de tener balanzas comerciales deficitarias (importar más de lo que se exporta). Todo el siglo XX de balanza deficitaria le permitió a los consumidores americanos el obtener un alto nivel de vida. O sea, los americanos generan una enorme riqueza dentro de su territorio (gracias a leyes que promueven la protección de los derechos de propiedad), y ésta la gastan en bienes que compran al resto del mundo, bienes que por geografía ó clima no pueden producir al menor costo en su propio territorio. La realidad es ésta y no los mitos de “soberanía comercial” y de “manipulación cambiaria” que promueven políticos y algunos empresarios.

 

Adam Smith también decía que cuando los vecinos de un reino fueran salvajes y bárbaros (ó proteccionistas comerciales hoy día) la mejor manera de crear riqueza en la economía sería desarrollando el mercado interno. Más haría México en promover sus reformas estructurales, mejorar el régimen de inversión a través de una regulación inteligente y proseguir con políticas macroeconómicas responsables, que en estar pidiendo “limosnas” para unos cuantos agricultores (son pocos los ligados a la exportación), ó peor aún, que el estar proponiendo medidas de manipulación cambiaria que sólo benefician a unos cuantos exportadores, y que en el pasado nos han costado crisis devaluatorias con sus secuelas inflacionarias.

 

Es sólo el libre comercio lo que permite que los consumidores verdaderamente gocen de bienestar. Cualquier proteccionismo ó manipulación cambiaria sólo genera conflictos entre las naciones, beneficio para unos cuantos a costa de la expoliación de millones de contribuyentes. Cualquier medida proteccionista no es más que la tiranía de los controles de unos cuantos sobre millones de consumidores.


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus