LUNES, 12 DE MAYO DE 2008
Un frente de resistencia al tsunami totalitario

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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Los movimientos autonomistas bolivianos van a requerir de la solidaridad externa, de nuestra solidaridad. Pero mejor aún, lo que debemos buscar es dejar de librar batallas cada quien en soledad contra un mismo enemigo común: el totalitarismo. Debemos aprender de nuestros adversarios, debemos estrechar lazos, unir fuerzas, presentar un frente unido. Ahora es cuando.”


No es un fantasma que recorre América Latina. Es un tsunami de inmundicia el que ha recorrido al continente desde finales del siglo y milenio anteriores. Es el tsunami del comunismo redivivo, bajo nuevas máscaras y formas.

 

Hasta hace muy poco este tsunami parecía incontenible, pues fue anegando un país tras de otro, casi sin resistencia.

 

Pero a partir de 2006 el impulso neocomunista se empezó a ver refrenado. Si bien ha seguido cosechando pequeños éxitos (Nicaragua, Paraguay) perdió las grandes apuestas electorales de México y Perú (y desde 2004 en El Salvador).

 

El neocomunismo, en la persona de su máximo representante, Hugo Chávez, sufrió un duro revés al imponerse en Venezuela, en diciembre de 2007, el “No” en el referéndum constitucional con el que se pretendía un aval democrático a la instauración del socialismo y a la eternización del golpista en el poder.

 

Colombia ha resistido heroicamente al embate terrorista apoyado por Chávez y sus lacayos Rafael Correa y Daniel Ortega. Como las tentativas de la izquierda totalitaria no logran en Colombia el éxito electoral de otros países, se insiste en la tentativa de asalto al poder a la antigüita, mediante el uso de las armas, aunque, claro, sin renunciar del todo al expediente electoral por si el chantaje funciona.

 

Un nuevo frente de resistencia surgió en 2008 en Argentina, mediante la revuelta de los productores agropecuarios contra la servidumbre fiscal y ahora ha tocado el turno a los movimientos autonomistas de los departamentos de Santa Cruz y los demás del oriente de Bolivia, en la región conocida como la Media Luna: Beni, Pando y Tarija. Empiezan a cobrar forma también los movimientos autonomistas en los departamentos de Cochabamba y Chuquisaca.

 

Las aspiraciones autonómicas de la región - y sobre de todo de Santa Cruz - vienen de cuando menos inicios del siglo XX, pero sin duda se han exacerbado desde el arribo al poder del terrorista de baja intensidad y totalitario Evo Morales. El movimiento autonomista y el referéndum sobre la autonomía de Santa Cruz, celebrado el 4 de mayo de 2008, son una respuesta a la constitución aprobada por los secuaces de Morales y que ha sido declarada ilegal e ilegítima por el poder judicial boliviano.

 

Esa constitución es, como dice el diputado boliviano y residente cruceño Walter Javier Arrázola Mendivil, no solamente socialista, sino que pretende hacer de Bolivia el primer Estado racista de América Latina, como en su momento fueron estados explícitamente racistas la Alemania nazi o la Sudáfrica del apartheid (http://warrazola.blogspot.com).

 

La constitución establece una distinción entre “indígenas originarios campesinos” y el resto. Para los primeros hay plenos derechos y para el resto, derechos disminuidos si es que acaso alguno. La pretensión de Bolivia como una nación indígena “pura” o mayoritariamente indígena es superchería, ésta sí, pura. Solamente hay poco menos de un 20% de indígenas sin mezcla racial y que se reconozcan como tales, el resto son mestizos.

 

Lo que en realidad Morales y sus secuaces buscan con su cruza entre socialismo y racismo, es una justificación para apoderarse de las tierras y las riquezas de los habitantes de departamentos como Santa Cruz y Tarija, pues es justamente de la Media Luna de donde provienen las dos terceras partes del PIB boliviano, pese a que en la región vive la tercera parte de los bolivianos. Justamente las turbas que siguen a Morales se sitúan mayoritariamente en los departamentos del Altiplano (La Paz, Oruro, Potosí), donde mayor es el atraso y la hostilidad al capitalismo.

 

En tal sentido, el movimiento autonomista de Santa Cruz y la Media Luna tiene mucho también de revuelta fiscal, de protesta contra la expoliación impositiva practicada por el gobierno central.

 

Los movimientos autonomistas no tienen como objetivo explícito la secesión, la creación de una nueva Nación, sino simplemente mayores facultades para autogobernarse y un mayor retorno de la contribución que Santa Cruz y la Media Luna hacen a la riqueza nacional y al tesoro público.

 

Sin embargo, es poco probable que un totalitario como Morales vaya a aceptar, la autonomía, por más que el 82% de los cruceños haya votado por ella. La amenaza es que los social-racistas bolivianos - apoyados por los “bolivarianos” de otros países - intenten ahogar en sangre el movimiento autonomista y que éste sea orillado, para defenderse mejor, a la secesión.

 

Los movimientos autonomistas bolivianos van a requerir de la solidaridad externa,  de nuestra solidaridad. Pero mejor aún, lo que debemos buscar es dejar de librar batallas cada quien en soledad contra un mismo enemigo común – el totalitarismo – en Bolivia, Venezuela, Argentina, Colombia, El Salvador, Nicaragua, Perú o México. Debemos aprender de nuestros adversarios, debemos estrechar lazos, unir fuerzas, presentar un frente unido. Ahora es cuando.

• Totalitarismo

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