Economía para todos
Dic 21, 2005
Rigoberto Stewart

El intercambio es generador de riqueza

La riqueza se define en términos del consumo y no de la producción. Es más, una actividad productiva no genera riqueza hasta que su producción resuelva una necesidad de consumo.

En el Tercer Mundo, existe la creencia generalizada de que la riqueza se genera a través de la producción y, en especial, la producción de ciertos bienes y servicios. Esta es la razón por la cual las políticas públicas privilegian al productor y la producción. Así, se diseñan programas para ayudar al productor, estimular la producción y atraer inversión extranjera con el fin de ponerla a producir. Por otra parte, esas mismas políticas tienden a dificultar y hasta impedir el intercambio y el consumo de bienes y servicios. He aquí un craso error conceptual, porque la riqueza se define en términos del consumo y no de la producción. Es más, una actividad productiva no genera riqueza hasta que su producción resuelva una necesidad de consumo, y cuanto menos satisfactoria sea esa solución con respecto a otras opciones, menor es la riqueza creada.

 

Expresémoslo de otra manera. La riqueza no es lo que se produce, sino lo que se consume; y, como casi todo el consumo de bienes y servicios (¿el 95 por ciento o más?) se lleva a cabo después del intercambio, debemos concluir que la mayor parte de la riqueza se genera a través del proceso de intercambio, y no de la producción. Por esta razón, Buchanan, premio Nobel de Economía, insiste en que los economistas deberían concentrarse en el proceso de intercambio.

 

Ejemplo. Tomemos el caso de tres individuos. Fernando tiene en su haber 90 kg de fríjol; Carlos, 90 kg de carne, y Alberto, 90 kg de arroz. Esto es lo único que tienen (supongamos que cada uno obtuvo lo suyo por medio de la producción). Obviamente, no es muy agradable ni nutritivo comer solo arroz, carne o fríjol; de ahí que el intercambio de un bien por otro mejoraría notablemente el bienestar de cada uno de ellos. Para simplificar (ignoremos los cambios marginales), diremos que cada uno de los tres daría 5 kg de su producto por cada kg de uno de los otros dos bienes. Después de negociar, acuerdan, en cada caso, intercambiar un kg de arroz por un kg de fríjol; un kg de carne por un kg de arroz; y un kg de fríjol por un kg de carne. Así, Carlos entrega 30 kg de carne por 30 kg de arroz, y 30 kg de carne por 30 kg de fríjol; Fernando entrega 30 kg de fríjol por 30 kg de arroz.

 

Después de los intercambios, cada uno termina con 30 kg de arroz, carne y fríjol. Veamos cómo cambia su riqueza. Antes del intercambio, Fernando tenía solo 90 kg de fríjol. Después, tiene el equivalente a 330 kg de fríjol; porque, para él, los 30 de carne equivalen 150 kg de fríjol (él estaba dispuesto a dar 5 kg de fríjol por cada kg de carne); lo mismo sucede con los 30 kg de arroz. Los casos de Carlos y Alberto son exactamente iguales. Carlos termina con el equivalente a 330 kg de carne, y Alberto, con el equivalente a 330 kg de arroz. Con solo el intercambio, la riqueza de cada uno se multiplicó por 3.67; y la riqueza total (suma de los tres), por 11. La producción generó una cantidad de riqueza X; el intercambio la multiplicó por 11.



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El punto sobre la i

Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

Rafael Ramírez de Alba
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