VIERNES, 6 DE JUNIO DE 2008
La izquierda sabe jugar

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
Economía
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Ninguna de las dos



El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
Othmar K. Amagi


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“Hay que poner fin a la exclusión, al monopolio de los “verdaderos dueños del petróleo” y entregar PEMEX en propiedad a quienes en teoría son sus propietarios, a los ciento y tanto millones de mexicanos. Y la única forma verdadera de hacerlo es a través de la entrega de acciones de la empresa, es decir, mediante una privatización incluyente. Que la gente obtenga directamente los beneficios de la empresa, sin mediaciones estatales.”


Que la sociedad es conservadora, ni duda cabe. Que el planteamiento perredista de una consulta sobre el tema del petróleo es tramposa, ni para qué discutirlo, la deshonestidad es inherente a la izquierda.

 

Pero vale la pena reflexionar sobre la capacidad que esa misma izquierda ha desarrollado en tiempos recientes para luchar permanentemente por la hegemonía ideológica, por los corazones y las mentes. Y cabe reflexionar también que en contraste, esa capacidad es muy inferior en quienes somos adversarios de la izquierda (para usar una categoría por exclusión).

 

En primer término, la izquierda ha sido capaz de convencer a más de la mitad de la población adulta – según encuestas – de que la propuesta de reforma de Felipe Calderón es privatizadora (¡horror!), por más que sus promotores juran por lo más sagrado que no lo es. Y, obviamente, la connotación de privatización que la gran mayoría de los encuestados tiene es negativa.

 

En segundo término, la izquierda tiene un logro todavía mayor: 80% de los entrevistados (en otra encuesta) quieren que la decisión sobre el petróleo se tome mediante una consulta ciudadana (referéndum) y no mediante el proceso legislativo tradicional, que es exactamente lo que la propia izquierda propuso. Estos resultados fueron los que terminaron de decidir al PRD a llevar a cabo una consulta, lo más cercana como fuera posible a una de carácter oficial y con efectos vinculantes.

 

Ya sabemos que la Constitución del país no prevé la figura del referéndum; que es mañoso pretender que el referéndum que las constituciones locales prevén se utilice para temas nacionales; que no se vale ceder al capricho de la izquierda de siempre desarrollar una “legislación” paralela a la vigente; que la consulta no tendrá ningún efecto vinculante; que probablemente la consulta no convoque a mucha gente; que – lo más importante – no puede erigirse a la democracia en valor supremo, sea plebiscitaria o no.

 

Pero el punto, de nuevo, es la capacidad de comunicación que demuestra la izquierda. Para valorarla bien es menester no soslayar, por un lado, los juicios erróneos (por tan poco informados) de la mayoría de la gente acerca de las privatizaciones ni, por otro lado, el deseo - también de la mayoría - de participar en las decisiones. Si hablamos de lados es porque, en efecto, se trata de facetas de un mismo complejo en el imaginario popular: la sensación de exclusión.

 

Por supuesto que la propuesta conservadora o reaccionaria de la izquierda es la verdaderamente exclusionista, pero – otra vez – ¡vaya capacidad de conectarse con el público!

 

Una gran ventaja para la izquierda es que juega sola en la cancha y así gana casi siempre por default (¡así, quien no!). Ni el PAN ni el PRI tienen una política de masas equivalente, a pesar de que el primero dejó de ser una secta gracias precisamente a un movimiento de masas contra los peores excesos del estatismo, movimiento que se desarrolló en los ochenta.

 

Aquí es donde deberíamos entrar a escena los liberales. La posición de principios es que a las víctimas de la expropiación de 1938 debería restituírseles lo robado, pero materialmente ya no es posible hacerlo. Entonces lo que procede es la propuesta de poner fin a la exclusión, al monopolio de los “verdaderos dueños del petróleo” y entregar PEMEX en propiedad a quienes en teoría son sus propietarios, a los ciento y tanto millones de mexicanos.

 

Y la única forma verdadera de hacerlo es a través de la entrega de acciones de la empresa, es decir, mediante una privatización incluyente. Que la gente obtenga directamente los beneficios de la empresa, sin mediaciones estatales.

 

Con una propuesta así por supuesto que podríamos enfrentar con decoro al discurso casi único y derrotar a la izquierda en una y mil batallas por los corazones y las mentes.

 

Y más vale que lo hagamos como una fuerza política articulada, a menos que queramos ser meros cronistas de la manera en que nuestro país se mantuvo en la noria estatista o peor, aún, sobre la manera en que un buen día fue llevado a suicidarse mediante un ensayo totalitario.

• Petróleo

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