El Econoclasta
Jun 6, 2008
Isaac Katz

Tasas de interés y competitividad

Bajar las tasas de interés validaría mayores presiones inflacionarias sin ningún efecto significativo sobre el crecimiento. Es más eficiente eliminar todas aquellas trabas que limitan el crecimiento económico que tratar, infructuosamente y con elevados costos, de impulsarlo con una política monetaria expansiva. La Junta de Gobierno del Banco de México haría bien en no hacerle caso al presidente.

Uno podría entender la desesperación del presidente Calderón de que la economía mexicana sigue teniendo un desempeño por demás mediocre, tanto en crecimiento económico como en generación de empleos, además de que en los diferentes indicadores de competitividad México sigue retrocediendo frente a otras economías. Lo que no se entiende es que haya hecho un “llamado” al Banco de México para que reduzca las tasas de interés para, según él, aumentar la competitividad de las empresas mexicanas frente a sus competidores en los mercados internacionales. El que la tasa de fondeo en México sea de 7.5% y no de 2% como en Estados Unidos no tiene nada que ver con la competitividad; éste es un problema del deficiente arreglo institucional que caracteriza a la economía mexicana y la Junta de Gobierno del Banco de México haría bien en no hacerle caso al presidente, sobretodo por las fuertes presiones inflacionarias que existen y porque ya se sabe que una política monetaria expansiva no genera un mayor crecimiento económico perdurable.

 

La economía mexicana no crece más no porque la tasa de fondeo esté en 7.5%; no crece más rápido porque los costos de transacción son enormes, porque los costos burocráticos son inauditamente elevados y plagados de corrupción, porque los costos de transporte son excesivos, porque los costos de la energía y de telecomunicaciones (provistos monopólicamente) son altísimos, porque no hay certeza jurídica y un largo etcétera.

 

Y en particular, respecto del nivel de las tasas de interés activas y su efecto sobre la competitividad, hay dos elementos a considerar y que son independientes del nivel que tenga la tasa de fondeo establecida por el Banco de México. La primera es que existe una regulación de los intermediarios que, al imponer altos costos de entrada y de operación, evitan que exista una mayor competencia en el sistema financiero, hecho que mantiene elevadas las tasas de interés. El otro es la operación del sistema judicial mexicano. La incertidumbre que tienen los intermediarios financieros, principalmente los bancos, de que en caso de que un deudor no cubra en tiempo y forma sus créditos y que haya que acudir ante el poder judicial en los tribunales estatales para que obligue al deudor a cubrir sus obligaciones o adjudicarle al banco las garantías establecidas en el contrato de crédito es un elemento, quizás el más importante, que explica porqué las tasas de interés en México son tan elevadas. La corrupción que impera en los tribunales estatales y la incertidumbre de que el poder judicial será imparcial, eficiente y expedito y obligará al cumplimiento de los contratos es un elemento que los bancos tienen que tomar en cuenta para decidir qué tasas de interés van a cobrar. Y mientras exista esta incertidumbre jurídica, las tasas de interés no tienen porqué disminuir.

 

Bajar la tasa de fondeo validaría mayores presiones inflacionarias sin ningún efecto significativo sobre el crecimiento. Es más eficiente eliminar todas aquellas trabas que limitan el crecimiento económico que tratar, infructuosamente y con elevados costos, de impulsarlo con una política monetaria expansiva. Pero parece que hacer a la economía mexicana menos costosa y más eficiente no es una prioridad para el gobierno.



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