VIERNES, 20 DE JUNIO DE 2008
Calderón: tonterías rigurosamente centralizadas

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
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Antonio Escohotado


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“El desorden gubernamental que prevaleció en los últimos años del sexenio de Fox tuvo la ventaja de que las tonterías de unos se compensaban con los aciertos de otros. Ahora las cosas son muy diferentes: El Presidente tiene las riendas y desde el primer día dejó claro que hay una sola cabeza y una sola línea en todo el gobierno: la suya.”


El desorden gubernamental que prevaleció en los últimos años del sexenio de Fox tuvo la ventaja –ahora nos damos cuenta- de que las tonterías de unos se compensaban con los aciertos de otros. Los pocos talentosos del gabinete lograban generalmente neutralizar a los numerosos tontos del equipo y al final el resultado no era tan malo.

 

Por ejemplo: Alguno de los olvidables secretarios de Economía decía la típica sandez acerca de que era necesario devaluar el peso para que los negociantes pudiesen exportar a pesar de su baja productividad y rápidamente el secretario de Hacienda le salía al paso y lograba que el Presidente saliera de su letargo y le diera un coscorrón al ignorante hablador. ¡Uf!, nos salvamos.

 

Ahora las cosas son muy diferentes: El Presidente tiene las riendas y desde el primer día dejó claro que hay una sola cabeza y una sola línea en todo el gobierno: la suya. Esto nos ha llevado a que incluso los talentosos en el gabinete, algunos habrá, tengan que alinearse con lo que dice el Presidente y cantar la misma tonada, en el mismo coro y a tiempo, sin opacar –desde luego- a la primera voz.

 

Si se trata de seguridad o de combate al crimen organizado el asunto no está tan mal. Lo malo es cuando al Presidente Felipe Calderón le da por hacerle al economista visionario y sale a vendernos alguna idea trasnochada y fracasada, como la de dizque “congelar” precios o la de mandarle decir al Banco de México que “necesitamos las tasas más bajas del mundo para competir” (sí, como no, y yo necesito a la mujer más guapa del orbe rendida a mis pies) reeditando las frases más desafortunadas de la docena trágica de LEA y JLP: “La economía nacional se maneja desde Los Pinos”.

 

Es doblemente malo, porque todo indica que el Presidente no tolera que sus colaboradores le digan: “Con todo respeto, señor, se está equivocando”. No sólo eso, tal parece que cotidianamente se exige a los colaboradores cumplir con las tres A: alinearse, agacharse y apechugar.

 

Si las cosas siguen así, esto va a terminar muy mal.

 

¿Cómo estarán las cosas de mal que hasta empiezo a añorar el estilo de abandonado desorden de Vicente Fox y hasta me animé a volver a escribir, aunque sea sólo estas líneas para Asuntos Capitales, animado por un sentimiento de urgencia y temor?

• Populismo

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