LUNES, 23 DE JUNIO DE 2008
Economía y Derecho (V)

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“En México mucha gente cree que fracasaron las privatizaciones, cuando en realidad el fracaso consistió en no crear un régimen sólido de derechos de propiedad y competencia. La izquierda sigue explotando esta ignorancia.”


Lescek Balcerowicz, uno de los arquitectos de la reforma económica de Polonia, destacó la importancia de lo que llamó “extraordinaria política,” que significa que un programa de “economía radical” puesto en marcha lo más rápidamente posible tiene más posibilidades de ser aceptado que un programa no radical que introduce medidas alternativas de difícil graduación. Afirmaba Balcerowicz “es más fácil de tomar en una sola dosis que en una serie prolongada de dosis.”

 

Lo dicho por Balcerowicz, refleja que muchos de los grandes cambios (reformas de privatización) llevados a cabo por la mayoría de los países que vivieron bajo el yugo comunista soviético se dieron en contextos de amplia crisis. En este sentido, para Balcerowicz una crisis no es tanto una crisis, más bien es una oportunidad de emprender grandes cambios. Un breve examen de la Europa Oriental muestra que no existe vínculo alguno entre la intensidad del descontento social (manifestaciones, huelgas, etc.) y el tipo de programa económico perseguido.

 

De hecho, el retraso de algunas decisiones económicas necesarias puede causar graves reacciones que no se habrían producido si se hubieran hecho en el momento oportuno. En una reforma económica trascendental, el momento lo es todo. Si el lector quiere ver un artículo que profundiza sobre el éxito de las reformas de privatización en los países de Europa central y oriental (sobre todo la comparación de países que realizaron reformas radicales profundas de golpe vs reformas paulatinas, graduales) le recomiendo leer http://www.elcato.org/node/3364. En este artículo el lector comprobará el porqué sí hay privatizaciones exitosas, y no como siempre lo niega y reniega la izquierda mexicana.

 

La semana pasada, señalé algunos errores de política económica cometidos por Carlos Salinas de Gortari, principalmente en materia cambiaria. Salinas realizó cambios importantes, sin embargo, el no liberar a tiempo el tipo de cambio acumuló presiones que terminaron devaluando al peso ya en el período de su sucesor.

 

Pero, sobretodo, Salinas perdió la oportunidad de realizar (ó empezar a realizar) la apertura de diversos monopolios del gobierno, principalmente en el terreno energético. Perdió la oportunidad de realizar cambios más radicales que desembocaran en tasas de crecimiento económico espectaculares, y no en las mediocres que hoy tenemos.

 

Un estimado amigo y colega me comentaba que la historia le dará el justo lugar que Salinas merece como el principal reformador de los últimos tiempos. Es posible. Sin embargo hay decisiones erróneas del sexenio salinista que es importante señalar; cierto, Salinas inició cambios importantes que no se deben despreciar. En todo caso, mi crítica se sustenta en las insuficiencias que terminaron por desprestigiar a las reformas de apertura y de libre mercado. En América Latina, hubo errores similares, lo que ha dado pie a que en los últimos años reviva el populismo.

 

¿Qué errores? Contrario a lo que se piensa, en México la mayoría de las privatizaciones resultaron exitosas. El desprestigio de las reformas en todo caso surge de algunos errores graves cometidos en sectores clave, como el sector bancario y de telecomunicaciones. Pero, peor aún, las estructuras legales de la docena trágica (aquella en que gobernaron López Portillo y Echeverría) quedaron intactas. No es posible que monopolios del gobierno, pasen a ser monopolios privados (como inicialmente fue Telmex) con un marco jurídico endeble, que después fue la causa para que la corrupción y la captura de instituciones fuera el pan de cada día en la economía mexicana.

Las reformas económicas serias de apertura y privatización sólo tienen éxito si hay un marco jurídico sólido. Creer, como en el gobierno salinista, que sólo por decreto iban a funcionar los mercados recién privatizados es un garrafal error.

 

Lamentablemente, en América Latina los políticos reformadores creían que el libre mercado podría crear riqueza “por arte de magia,” sin necesitar de leyes claras y de instituciones para hacer cumplir los derechos de propiedad, tanto de empresas competidoras, como de consumidores.

 

Un marco jurídico sólido, que proteja los derechos de propiedad de las personas, es imprescindible para que la corrupción no domine a una sociedad. Ojo, no basta, como afirma López, el señalar a la corrupción como la principal enfermedad social. La corrupción no es la causa del atraso económico, es la consecuencia. La corrupción encuentra “el paraíso” en aquellas sociedades en donde impera la sobrerregulación y el poder discrecional de los funcionarios del gobierno. La corrupción prospera cuando los funcionarios públicos y los agentes privados tienen mucho que ganar y poco que perder cuando se ponen de acuerdo para un soborno. La falta de transparencia en las normas, e insistimos, la sobrerregulación y el poder excesivo de los burócratas, generan incentivos perversos para que la corrupción prospere.

 

Cualquier reforma económica que se sustente en un marco jurídico sólido, reducirá los incentivos a la corrupción y a la búsqueda de rentas. La reducción de los controles sobre el comercio exterior (a pesar del TLC impulsado por Salinas, los controles excesivos gubernamentales siguieron predominando en el comercio internacional), la eliminación de las barreras a la entrada en la industria y los servicios y una privatización basada en sólidos derechos de propiedad son factores que reducen la corrupción de manera tajante. La época salinista se caracterizó por la ausencia de un marco jurídico sólido y de una administración pública eficiente y transparente.

 

Si la ley es clara y transparente, y si el Estado no tiene autoridad para conceder licencias de actividad económica, subsidios, créditos “blandos,” restricciones para exportar ó importar, etc., entonces los incentivos a la corrupción caen de manera espectacular. La apertura de la economía a la competencia real acompañada de reglas claras, que respeten los derechos de propiedad, es la mejor manera de evitar el capitalismo de compadres que prevalece en México.

 

Estonia es un caso ejemplar de cómo las privatizaciones apoyadas en un marco jurídico y administración pública eficientes, son exitosas. En Estonia se decidió que antes de la privatización sería de vital importancia el funcionamiento de un marco jurídico sólido que protegiera derechos de propiedad e incentivara a la libre competencia, siempre claro, acompañados de una administración pública eficiente. Por ejemplo, cuando en este país se privatizaron los bancos, se hizo dentro de un marco legal que garantizó la plena competencia; cuando hubo alguna bancarrota, el gobierno estonio no dudó en dejar a los bancos a su suerte.

 

La sólida protección de los derechos de propiedad es esencial para que cualquier reforma de privatización sea exitosa. Además de abrirse a la inversión privada extranjera, en Estonia se hizo a la gente copartícipe de la privatización. Por ejemplo, cuando inició la privatización, se regresaron los bienes confiscados por la dictadura comunista a sus dueños originales (contrario a lo que se hizo en México en los bancos y la telefonía local). En los casos en que la propiedad no era posible de regresar, las personas afectadas (sobrevivientes ó descendientes) recibieron compensación, no en dinero, sino en cupones de privatización que les permitiese allegarse otra propiedad. Al igual, la tierra y la vivienda fueron privatizadas mediante vales que la gente había recibido previamente. A los sindicatos se les hizo también participar en la privatización. De repente Estonia se había convertido en un país de propietarios. Partidos de izquierda protestaron furibundamente contra tales medidas, pero el gobierno estonio se mantuvo firme y aceleró el proceso. Salinas tenía planeado privatizar la petroquímica (ojo tenía el Congreso a su favor, la palabra del presidente era ley), pero vaciló ante el enojo que causó entre sus correligionarios estatistas y los prolegómenos perredistas.

 

¿Cuáles fueron las consecuencias de todo el proceso de privatización estonio? Uno de los índices más bajos de corrupción en el mundo y un ingreso per cápita que hoy dobla al ingreso que recibimos los mexicanos.

 

Salinas no realizó cambios legales a profundidad. Privatizó y ya. No se garantizó un marco jurídico que garantizara plena competencia y a su vez vacunara al gobierno contra la corrupción y la búsqueda de rentas. Salinas fue un reformador, sí, pero perdió la oportunidad de volvernos a los mexicanos dueños reales de PEMEX y demás paraestatales. Lástima, pero en México mucha gente cree que fracasaron las privatizaciones, cuando en realidad el fracaso consistió en no crear un régimen sólido de derechos de propiedad y competencia. La izquierda sigue explotando esta ignorancia.

• Problemas económicos de México

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