MARTES, 24 DE JUNIO DE 2008
Marcelo y las lágrimas de cocodrilo

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“Dijo Marcelo Ebrard que nadie –escúchese bien: nadie- está más indignado que él por la tragedia que “sus” estúpidas fuerzas policíacas causaron la tarde del viernes pasado. Tan indignado que se le olvidó ofrecer disculpas, darle el pésame a los verdaderos deudos y acompañarlos en su dolor.”


El jefe de gobierno declaró el sábado que la ciudad está de luto por la muerte sin sentido –atroz- de doce personas, incluidos siete menores de edad, la tarde anterior. Se puso corbata negra. Reconoció que hubo “errores graves” en el dichoso “operativo” (pero no dijo cuáles eran esos errores ni quién era el responsable) y prometió que el asunto sería esclarecido; más tarde se entrevistó con el presidente de la Comisión de Derechos Humanos quien, según se informa, también exigió el esclarecimiento de los hechos y el castigo a los responsables.

 

La rapidez de Marcelo Ebrard para hacer un control de los posibles daños políticos y de imagen derivados de la tragedia lo llevó a decir una barrabasada: “El más indignado de todos es el Jefe de Gobierno” aseguró hablando de sí mismo en tercera persona. ¿Cómo sabe Ebrard que él es el más indignado por la tragedia?, ¿le preguntó a primera hora a su espejo?: “Espejito, espejito, ¿quién es el más indignadito?”.

 

En el profuso y vistoso sitio de Internet del gobierno del Distrito Federal no apareció, ni el sábado, ni el domingo (hasta el mediodía, al menos) la más pequeña muestra de luto o dolor. La vida siguió igual. Los boletines de prensa del GDF el sábado presumieron que el gobierno despidió a una delegación de clavadistas que partió hacia los juegos olímpicos, reseñaron la entrega de un módulo de seguridad ciudadana en Coyoacán, alardearon del “prestigio” del programa de educación a distancia, anunciaron un “rally energético” en el Centro Histórico e invitaron a pasear en patines o en bicicleta el domingo… De la tragedia, ni una palabra. Del dolor, ni una señal.

 

Típico de la mentalidad policíaca prevaleciente en México, un “mando” policíaco criticó, en forma anónima desde luego, el “operativo”, diciendo que “para controlar a una multitud de 500 jóvenes se habría necesitado el doble o el triple de agentes”. Claro, como eran 500 delincuentes de altísima peligrosidad, gran pericia y larga experiencia… Imbéciles.

 

Lágrimas de cocodrilo, dice el diccionario, son aquellas que alguien vierte aparentando un dolor que no siente.

• Distrito Federal / CDMX

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