VIERNES, 4 DE JULIO DE 2008
El benemérito de América

El PIB en todo 2019 se contrajo -0.1%. Dado que la política económica de este gobierno no cambiará, ¿cuál es su pronóstico para 2020?
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El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


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“Benemérito de América Álvaro Uribe, ha demostrado usted ser el mejor presidente de este continente. Gracias a usted y a su ejército, hoy el mundo está un poco mejor.”


Se llama Álvaro Uribe. Ha sido elegido democráticamente. Hombre de honor. Líder. Político prudente, sagaz y valiente. Tiene claridad de miras y carácter para alimentarlas. Estadista inteligente. Ejemplo para gobernantes. Presidente de Colombia.

 

Se llama Ingrid Betancourt. Fue candidata a gobernar su país. Estuvo 1,321 días presa por una fuerza narcoterrorista que —como tantas de su guerrillera especie— se dice de izquierda, y liberadora, y partidaria de las causas del pueblo, aunque plagie a sus compatriotas, asesine, maltrate, y comercie con veneno.

 

Se llamaban Manuel Marulanda (a) Tirofijo, y Raúl Reyes (a) El Canciller, socio del anterior. El gobierno colombiano sorprendió a éste cuando, en un campamento armado, ocupaba territorio de Ecuador para atacar desde allí a su país. Las buenas conciencias se indignaron por el ataque a la soberanía ecuatoriana; muy buenas conciencias cuando omiten indignarse por los crímenes de un asesino simpático si se llama de “izquierda” como las FARC. El presidente de Colombia reporta 942 soldados muertos y 3,041 heridos con minas diseñadas para dañar gente. Esclavizan a niños soldados para plantar esas minas (los llaman abejitas; les dan a beber leche con pólvora). Pero el asesino demuestra acendradas causas sociales. Y sigue habiendo secuestrados. Y tan progresista fuerza ocupa el 40% del territorio. Y se dice marxista. ¡Qué bien!

 

Quien maneja dobles estándares morales, acaba defendiendo algún crimen. Se hace cómplice el defensor de los derechos humanos que calla ante una redada torpemente concebida e imbécilmente ejecutada que mata a 12, porque la hizo uno de “izquierda”, y critica toda acción decidida y valiente de alguien de “derecha”.

 

Por una operación repleta de inteligencia (en ambos sentidos: información secreta y materia gris) 15 personas miran de nuevo a sus familias y respiran lo que sólo se aprecia cuando se pierde: la libertad. “Somos el ejército nacional. Están en libertad”. Dejaban de ser hombres-mercancía que las FARC plagiaron (como corresponde a su ralea) con lujo de desprecio a todo derecho y a toda humanidad, hasta por 10 años. Liberados a base de talento, malicia, ingenio; sigilo, preparación impecable y hasta elegancia; y la autoridad de un presidente que cumple con su deber y con la ley. Corre riesgos y los asume. No lo aflige lo políticamente correcto. No tontea con “la vía del diálogo” con criminales, y demuestra un carácter que ya quisiéramos para un fin de semana en nuestro medio político.

 

Antes de este rescate, Álvaro Uribe gozaba de una popularidad superior al 80%, la mayor del continente. Hoy, ese presidente se ha convertido en benemérito de América. Y digo de América porque su influencia beneficia al continente.

 

Luego de 40 años de existencia, las FARC han recibido en menos de un año tres golpazos en su línea de flotación, al perder a su tres mayores jefes, y a 15,000 desertores. Habrá por consecuencia menos cocaína en México y Estados Unidos.

 

Uribe ha doblegado a Hugo Chávez, gorila mayor (con perdón de tan incomparablemente nobles cuadrumanos); financiero millonario, luego de robar cerca de 350 millones petrodólares de su pueblo para regalárselos a una guerrilla a la que hace 6 meses exigía darle status de fuerza beligerante.

 

Ha puesto en su lugar también al pobrecito presidente Correa de Ecuador, quien se rasgó el traje luego de que lo encueraron las fuerzas de Uribe al revelar que quien primero violó la soberanía de su patria fue él, al achicar su territorio para dar cobijo a un hatajo de delincuentes, apoyar su narconegocio y ayudarlos a derrocar desde Ecuador al gobierno de la “hermana” Colombia.

 

Antes de tan espectaculares golpes, el presidente Uribe había sido reelecto tras una exitosa gestión que todo latinoamericano bien nacido tendrá motivos para envidiarle, sobre todo en su primera obligación: la seguridad. Por ejemplo, en 2001 hubo 3,800 secuestros, más de diez diarios. En 2008 van 89, en su mayor parte causados por las FARC.

 

El efecto cucaracha ha producido la colombianización de México; la hez de Colombia se ha venido acá. Regresa el secuestro, el narcotráfico desafía diariamente a todo el mundo, la autoridad no da pie con bola, la corrupción es rampante, y las autoridades son omisas o temerosas: el presidente Calderón, con sus incisiones neopopulistas y sus tumbos e indecisiones, se va pareciendo peligrosamente a Vicente Fox. Nos hace falta colombianizarnos, pero al estilo Uribe.

 

Lo esencial: Álvaro Uribe ha sostenido con el poder de la presidencia el estado de derecho, lo cual quiere decir simplemente aplicar la ley sin remilgos ni justificaciones tranquilizadoras. Para hacer algo así hace falta lo que falta a la mayor parte de los presidentes y que a él le sobra: los esos. Como alguna vez dijo López Mateos, un taco de sesos sabe más sabroso si se cocina con huevos.

 

Benemérito de América Álvaro Uribe, ha demostrado usted ser el mejor presidente de este continente. Gracias a usted y a su ejército, hoy el mundo está un poco mejor.

• FARC

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