Jaque Mate
Ago 14, 2008
Sergio Sarmiento

Policías secuestradores

Cuando hay aumentos en la delincuencia en otros países, la reacción natural es elevar el número de policías y de recursos de sus corporaciones. En México, sin embargo, no sabemos si esto es una solución o un simple acto de creación de más secuestradores, con más medios para llevar a cabo su trabajo.

Quizá sólo hay un peor delito que el secuestro: el homicidio de una persona secuestrada. Pero la gravedad del crimen se incrementa cuando la víctima es un niño.

 

El secuestro es uno de los crímenes que más afecta la tranquilidad de la sociedad. Se ejerce en nuestro país contra familias de casi todas las clases sociales, incluso algunas de escasos recursos. Pero incluso cuando afecta a personas prósperas, es un crimen muy injusto porque despoja con una enorme crueldad a una familia del patrimonio conseguido en toda una vida.

 

El secuestro y homicidio de Fernando Martí, de 14 años de edad, hijo del empresario Alejandro Martí, ha enfurecido a la sociedad mexicana por buenas razones. El que los secuestradores se hayan hecho pasar por policías de la AFI en un supuesto retén ha pegado un golpe brutal e inmediato a la confianza de los ciudadanos en los retenes. El que los criminales hayan ejecutado por asfixia al chofer y al escolta del niño ha señalado el poco respeto que le tenían a la vida humana, en este caso de unos simples trabajadores. El que el niño haya sido asesinado a pesar de que la familia hubiese pagado un rescate parece llevar la crueldad a un límite extremo, incluso para unos secuestradores. Pero el que un grupo de policías hayan participado en el crimen ha llevado a la sociedad a la exasperación.

 

Al contrario de lo que ocurre en otros países del mundo, donde de manera natural la gente se acerca a la policía cuando se siente amenazada, los mexicanos solemos alejarnos de los agentes, quizá porque los contactos que la mayoría tenemos con ellos se convierten en actos de extorsión. El tiempo, lejos de desengañarnos, acentúa con frecuencia la visión que tenemos de los policías. El caso de Fernando Martí no ha hecho más que subrayar esta desconfianza.

 

Ahora bien, las autoridades de seguridad pública y de procuración de justicia de México se enfrentan a una situación muy difícil. Cuando hay aumentos en la delincuencia en otros países, la reacción natural es elevar el número de policías y de recursos de sus corporaciones. En México, sin embargo, no sabemos si esto es una solución o un simple acto de creación de más secuestradores, con más medios para llevar a cabo su trabajo.

 

Hay en México, por supuesto, buenos comandantes de policía que hacen su trabajo y que incluso detienen a bandas de secuestradores. Pero en cada banda de secuestradores que se detiene hay cuando menos algunos policías o ex policías.

 

Será muy difícil romper el círculo vicioso de los policías que se convierten en secuestradores. La clave está en el reclutamiento y el adiestramiento. Si los gobiernos contratan policías limpios, será mucho más fácil mantener corporaciones policiales honestas. El problema es que ya muchas veces se ha tratado de lograr esto. Recordemos simplemente que la AFI se creó apenas en 2004 para reemplazar a otras corporaciones que ya existían y que se habían ganado fama de corruptas.



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

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