LUNES, 25 DE AGOSTO DE 2008
Los costos de la mala asignación de recursos

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“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
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“Hay que empezar por asignar de manera óptima los recursos del contribuyente y acabar con todos los derroches populistas. Si esto no empieza a cambiar, de nada servirá que el secuestro se convierta en delito federal, que se creen nuevas policías ó que se construyan nuevas cárceles. Un gasto público austero y eficiente, con leyes claras y transparentes, contribuye mejor que nada a la construcción de un marco institucional que verdaderamente facilite la generación de riqueza de los particulares. Esto último es la mejor medicina contra la pobreza y la inseguridad pública.”


Concluyó la llamada “cumbre” sobre seguridad pública que reunió la semana pasada a políticos de todos los niveles (eso sí, rodeados de impresionantes equipos de seguridad de la que carecemos los ciudadanos comunes y corrientes que les pagamos sus salarios).

 

Como siempre que ocurren estas reuniones, lo sobresaliente son las promesas y el cinismo. Lo único salvable tal vez es la llamada de atención de Alejandro Martí, que de plano les dijo a los políticos que si no pueden brindar la seguridad que requieren los ciudadanos, mejor que renuncien. A este señalamiento nuevamente afloró el cinismo, sí, el cinismo de Marcelo Ebrard que dijo que aceptaba el reto. Este gobernante debería haber renunciado por incompetente hace ya varios meses. El Presidente Calderón por su parte también aportó su granito de arena. Dijo que la seguridad es responsabilidad de todos (what?) ¿Para qué fregados entonces elegimos y les pagamos a los políticos si no cumplen con el mandato constitucional de proteger a los ciudadanos de los delincuentes? Lo peor además es que se quieran “lavar las manos” corresponsabilizando a los ciudadanos de su incompetencia. Luego, más cinismo, la declaración de unos senadores que reconocieron que han descuidado la tarea de seguridad pública por atender otros menesteres (los de siempre, la protección de los grupos de interés a los que sirven).

 

Por su parte la izquierda mexicana también ya salió a decir toda clase de sandeces. Ya vociferan que la culpa de todo es del “modelo económico,” del “neoliberalismo,” de “la desigualdad social,” y en general de todos los fantasmas inexistentes que tanto deleitan a nuestros izquierdistas. ¿Qué quieren nuestros “luchadores sociales”? Sencillo, más y más populismo, sí, más gasto y endeudamiento que son precisamente las causas de la pobreza en México y  sobre todo, la causa de que los gobiernos gasten en cosas que no son prioritarias, que sólo contribuyen al constante deterioro del sistema jurídico y policial. El ejemplo vivo de esto es la Ciudad de México. Diez años de populismo y endeudamiento perredista no han podido vencer a la delincuencia. La realidad hoy para los defeños es mayor pobreza, endeudamiento, mayores impuestos y la tasa de desempleo más alta del país.

 

La inseguridad que prevalece en México además de poner en peligro la vida de los ciudadanos, afecta de manera importante el crecimiento económico. La inseguridad ha provocado que muchas empresas e inversionistas distraigan recursos productivos para contratar seguridad privada. El costo de oportunidad que ocasiona la inseguridad pública en México se traduce en mayores costos para las empresas lo que redunda en una menor generación de riqueza. Si los políticos quieren en verdad crear una atmósfera de seguridad, lo primero que deben cuidar es asignar el gasto de manera austera. Nada de pan y circo. De hecho la solución no es ni siquiera mayor gasto público como ya están pregonando varios políticos. La solución pasa por el retiro de tantos subsidios populistas, por el retiro de los numerosos y onerosos programas paternalistas que los políticos de todos los niveles han construido. Detener el derroche fiscal irresponsable sería un muy buen comienzo para combatir al crimen organizado.

 

Cuando algunos economistas insistimos en que el gasto público debe ser austero, lo primero que hacen los populistas es acusarnos de tecnócratas sin “conciencia social”. No, la inconciencia social la tienen ellos cuando gastan irresponsablemente los recursos escasos que deberían ser asignados para la protección de los ciudadanos. La inconciencia social se refleja cuando se gasta y gasta, se endeuda y luego se endilga a los ciudadanos la irresponsabilidad fiscal.

 

Es cierto, el combate a la delincuencia organizada pasa por cambiar los incentivos perversos con que hoy se siguen moviendo ministerios públicos, jueces y magistrados, así como una total reingeniería de las podridas, impunes y corruptas policías. Pero, insistimos, para ello hay que empezar por asignar de manera óptima los recursos del contribuyente y acabar con todos los derroches populistas. Si esto no empieza a cambiar, de nada servirá que el secuestro se convierta en delito federal, que se creen nuevas policías ó que se construyan nuevas cárceles. Un gasto público austero y eficiente, con leyes claras y transparentes, contribuye mejor que nada a la construcción de un marco institucional que verdaderamente facilite la generación de riqueza de los particulares. Esto último es la mejor medicina contra la pobreza y la inseguridad pública.

 

Fin de las olimpiadas

 

El deporte, como ha apuntado Arturo Damm, provee a los seres humanos de diversos valores que sirven para la vida misma. Lo triste es lo que hay fuera del deporte. Los pobres resultados olímpicos de México en China son resultado de la mala asignación del gasto público. Año con año las burocracias deportivas mexicanas chupan los recursos escasos del contribuyente. Nuevamente, el gobierno invade esferas que deberían ser privadas. Nuevamente gastando y gastando sin justificar resultados. Ahí está otro ejemplo del mal uso del gasto público.

• Inseguridad / Crimen

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